Política / Manuel Capilla

El presidente marca agenda en España y se erige en protagonista en Europa

Con el lunar –negrísimo– de Madrid, Pedro Sánchez cierra el ciclo electoral en una posición hegemónica. Los resultados del 26-M enfrían las expectativas de Pablo Iglesias de articular un gobierno de coalición y, además, le permiten señalar las contradicciones de Albert Rivera por su apoyo a Vox, con la esperanza de que los naranjas apoyen a los candidatos socialistas en varias comunidades y ayuntamientos. Eso en casa, porque recién estrenado su papel como líder ‘in péctore’ de la socialdemocracia europea, Emmanuel Macron le corteja para articular una alianza que ejerza de contrapeso a Angela Merkel y al PP europeo. Eso sí, todavía tiene por delante dejar atada y bien atada su investidura.

Desde los tiempos en los que Felipe González se codeaba con Helmut Kohl y François Mitterand en el directorio europeo, no se había visto un papel tan protagonista de un presidente español en el escenario europeo como el que ha desarrollado Pedro Sánchez en estos últimos días. Y es que con 20 eurodiputados, Sánchez se confirma como el líder ‘de facto’ de la menguada socialdemocracia europea, un papel que está otorgándole el presidente francés, Emmanuel Macron, que le recibía en el Elíseo menos de 24 horas después de conocer los resultados de las elecciones europeas. La foto de Sánchez con Macron redondea un ciclo electoral que se abría el pasado 28 de abril y que se cierra de una forma difícilmente mejorable. Salvo el lunar de Madrid, en el que ha vuelto a quedar manifiesta la impotencia de las fuerzas progresistas en la capital del Estado, el presidente del Gobierno tiene por delante cuatro años sin elecciones en una posición hegemónica dentro de España y siendo protagonista fuera.

De entrada, tiene mejores cartas que sus rivales políticos directos, Pablo Iglesias y Albert Rivera. El primero está en una posición más débil para exigir un gobierno de coalición, una posibilidad que ya antes del 26-M agradaba bien poco en Moncloa y Ferraz, donde siempre han apostado por gobernar en solitario con apoyos externos. Ante la insistencia de Iglesias y del resto de portavoces de Podemos en esta cuestión, el propio Sánchez señalaba esta semana que, tras el 26-M, “todos tenemos que reconsiderar nuestras estrategias, todos”. Y por si dejaba alguna duda a Iglesias añadió: “Lo importante es la estabilidad, y el PSOE dijo que quería un gobierno liderado por el PSOE, abierto, progresista, que es lo que hicimos después de la moción de censura, con independientes de reconocido prestigio. Y esa es la línea que vamos a seguir trabajando, con más convicción, porque los ciudadanos han valido esa perspectiva”.

Y esto hacia su izquierda, porque Sánchez también mandó recado a su derecha, a Rivera. “Los ciudadanos ya han hablado cuatro veces”, señaló el presidente del Gobierno, “y han dicho que el PSOE quiere que lidere sus gobiernos”. Por eso: “hay que quitar el cordón sanitario al PSOE, porque los votos de los españoles han dicho que el PSOE es el que tiene que liderar las instituciones. Yo creo que, más allá de lo que pueda ser una dialéctica electoral, todas las formaciones políticas tienen que reconsiderar sus estrategias, para garantizar la estabilidad de las instituciones y que no podemos descansar en formaciones antieuropeístas y de ultraderecha ayuntamientos y comunidades”.

Rivera, cual inquisidor, ha exigido a los líderes socialistas en autonomías y ayuntamientos que para llegar a cualquier acuerdo tendrán que abjurar de Satanás, esto es: de lo que él llama “sanchismo”. Y por escrito. Un guante con nulas posibilidades de ser recogido por unos líderes regionales que deben sus buenos resultados, en buena medida, a la ‘ola Sánchez’ de las generales. El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, que se ha posicionado en más de una ocasión en contra de la línea marcada por el presidente, ha señalado que lo propuesto por Rivera “no tiene encaje moral”, que “una cosa es discutir, discrepar y otra cosa es renegar”.

A vueltas con el gobierno de coalición

Desde la dirección de Podemos ya se desliza que no tienen miedo a una repetición electoral, que si no hay gobierno de coalición no tienen ningún problema en volver a ir a las urnas. Es cierto que aún queda mucha tela que cortar en la investidura de Sánchez, sobre todo con los votos de ERC, que siguen siendo imprescindibles. Pero al presidente se le puede torcer antes si ya Podemos se enroca. Habrá que ver hasta donde están dispuestos a llegar Iglesias y los suyos, aunque quizá deberían echar la vista atrás, a la primavera de 2016, cuando IU y Podemos perdieron un millón de votos entre las elecciones de diciembre y junio, después de que los morados se negaran a investir a Sánchez. Iglesias ha ligado la negociación para el gobierno del Estado con las de las autonomías para forjar un “bloque de gobernabilidad progresista”.

El líder de Podemos insiste en articular un Ejecutivo de coalición.
El líder de Podemos insiste en articular un Ejecutivo de coalición. / EP

A pesar de todo, Iglesias tiene razones para el optimismo. Tras las palabras de Sánchez, José Luis Ábalos reculaba para señalar en Antena 3 que: “el término coalición no nos gusta. Podríamos en un momento dado plantearnos la incorporación de miembros de otras formaciones, en este caso de Podemos, pero no bajo la fórmula de la coalición”. Poco después, el ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE matizaba que: “no cabe hablar de modelo de coalición porque esto entraña unas significaciones que no compartimos. Pero es atribución del presidente conformar el Gobierno. Nosotros apostamos por un Gobierno socialista abierto a personas independientes”.

Sin embargo, a los españoles sí que parece gustarles la posibilidad de un gobierno de coalición. Las palabras de Ábalos se conocían el mismo día, el pasado jueves, en las que el CIS desvelaba que el 45% de los españoles desean un gobierno de coalición. Y de ellos, la mitad apuesta por incluir en su seno a Unidas Podemos. Sólo un 38% considera que el PSOE debería gobernar en solitario por ser el partido más votado. Pero ojo, también sólo el 5,5% cree que se deberían repetir las elecciones en caso de no alcanzar acuerdo.

Las consecuencias del ‘no es no’

A la espera que se despeje el sudoku de los pactos, lo cierto es que el PSOE vuelve a disfrutar de una posición hegemónica de la que estaba lejos cuando Sánchez llegó por primera vez a la secretaría general del partido. Y en las filas socialistas tienen claro cuándo se puso la primera piedra de este camino: cuando se llevó hasta las “últimas consecuencias”, el ‘no es no’ a la investidura de Rajoy. Así lo explica la presidenta del partido, Cristina Narbona, en el artículo que firma esta semana en El Siglo, señalando que a esa primera piedra Sánchez ha añadido “la reafirmación de los valores que identifican el socialismo, y en particular el de la igualdad y la justicia social”. Una agenda en la que también son pilares “el avance decidido hacia la igualdad efectiva de género”; “la consideración de la sostenibilidad ecológica como garante de un progreso seguro, justo y duradero”; o “la urgencia de redefinir la relación entre democracia y mercado, de forma que la prosperidad económica favorezca el interés general”.

Cabe la duda de si Sánchez y el PSOE hubieran transitado por este camino sin la irrupción de Podemos. Así lo interpreta, por ejemplo, Enric Juliana, en una entrevista concedida a este medio: “Podemos ha actuado de despertador del PSOE. Sin Podemos, Sánchez no estaría en la Moncloa, seguro que no. No por el apoyo aritmético, estoy hablando en términos políticos. Sin Podemos, Sánchez no habría ganado las primarias del PSOE. El electroshock Podemos llegó hasta las bases del Partido Socialista”.

Sánchez, de Erasmus

Sea como fuere, el presidente del Gobierno ha cortado la cinta de la nueva legislatura siendo protagonista en las negociaciones para forjar la mayoría que sostendrá Europa en los próximos años, de la que saldrán los nuevos responsables de la Comisión Europea, del Parlamento, del BCE y de la Política Exterior de la UE. Sánchez va a ser clave en lo que el socialista holandés Franz Timmersman, ha denominado como una alianza “de Macron a Tsipras”. Una alianza que incluya a los liberales, a los socialdemócratas, a los verdes, y a la izquierda alternativa pragmática para gobernar Europa. Macron ya se ha puesto manos a la obra para ello y quiere a Sánchez a su lado, como líder del Partido Socialista más relevante de Europa, el que más escaños aporta a la eurocámara.

De momento, Macron –que ha salvado los muebles en las europeas tras las protestas de los chalecos amarillos, que le pusieron contra las cuerdas- está consiguiendo atraerse en torno a sí, además de Sánchez, a la otra gran esperanza del socialismo europeo António Costa, al liberal holandés Mark Rutte y al también liberal Charles Michel, belga. El principal objetivo es evitar que el popular Manfred Weber se haga con la presidencia de la Comisión Europea, y ya empieza a cobrar fuerza el nombre de la liberal danesa Margrethe Vestager, actual comisaria de Competencia, aunque el del socialdemócrata Timmermans sigue en las quinielas. De fondo, las posibilidades de Josep Borrell de hacerse con la jefatura de la diplomacia europea.

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