Brexit: ¿qué impacto tendrá en España?

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Boris Johnson se dirige hacia un Brexit sin acuerdo el 31 de octubre. / EP
Boris Johnson se dirige hacia un Brexit sin acuerdo el 31 de octubre. / EUROPA PRESS

Con Boris Johnson pisando el acelerador hacia un Brexit sin acuerdo el próximo 31 de octubre, no hay que perder de vista el impacto que tendrá lo que suceda con el Reino Unido, tanto en la Unión Europea como en España. El Banco de España ha publicado el informe ‘Brexit: balance de situación y perspectivas’, en el que repasa el estado de la cuestión, los escenarios que se abren y las medidas de contingencia que la Comisión Europea y el Gobierno de España han adoptado en relación con la prestación de servicios financieros ante la eventualidad de que la salida del Reino Unido se produzca sin acuerdo y de forma abrupta. ‘El Siglo’ reproduce a continuación dos epígrafes de este documento.

 

E. S. 

Impacto macroeconómico de la salida del Reino Unido de la Unión Europea

Desde el momento en que el Gobierno británico anunció la celebración del referéndum, numerosas instituciones internacionales y analistas privados han venido haciendo estimaciones de los efectos macroeconómicos que la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) tendrían para el país, sus socios europeos y la economía global. Además de diferencias metodológicas, las incertidumbres que han rodeado el proceso de negociación en relación con aspectos fundamentales para la determinación de dichos efectos explican la gran diversidad de análisis y una cierta falta de homogeneidad en los resultados. Este recuadro resume las conclusiones más firmes que se derivan de las principales estimaciones disponibles. El estudio realizado a finales de 2018 por el Banco de Inglaterra (BoE, por sus siglas en inglés), a petición del Parlamento británico, en el que se analizan varios escenarios de futuro, constituye un referente clave.

Los partidarios de seguir en la UE protestan contra el cierre del Parlamento hasta mediados de octubre. / EUROPA PRESS

Es importante notar que, en todos los casos que se describen a continuación, los efectos se calculan en relación con un escenario base vigente en noviembre de 2018 que ya incluye el ajuste que se ha producido en las perspectivas económicas del país desde la celebración del referéndum. En primer lugar, el BoE plantea la posibilidad de que las partes consensuen una transición ordenada (incluido un período transitorio relativamente prolongado) hacia un nuevo modelo de relaciones comerciales tras la separación. En este caso, se estima que el impacto en el PIB podría ser incluso positivo a medio plazo (+1,75%), si se pactara una relación comercial de cercanía que no incrementara de forma significativa las trabas al comercio entre ambas áreas. En el caso de una relación comercial menos cercana, los efectos incluirían una ligera caída del PIB a medio plazo (–0,75%). En ambos casos, la inflación y el desempleo permanecerían en tasas relativamente moderadas (en torno al 2% y al 4%, respectivamente). Además, el estudio del BoE analiza también la posibilidad de que las partes no alcancen un acuerdo. En ese contexto, el comercio entre ambas economías se regiría en el futuro por las normas establecidas por la Organización Mundial del Comercio, con el consiguiente establecimiento de aranceles. Este escenario, en el que previsiblemente se produciría la ruptura de algunas de las cadenas productivas actualmente en funcionamiento y donde no son descartables ciertos episodios de inestabilidad financiera, generaría efectos a medio y a largo plazo que serían manifiestamente negativos tanto para el Reino Unido como para la UE. Dependiendo del grado de disrupción, las caídas en el nivel del PIB podrán oscilar entre el –4,75% estimado en el escenario menos disruptivo y el –7,75% en un escenario altamente disruptivo (desordenado). En esta tesitura, las tasas de inflación y de desempleo podrían elevarse hasta un 6,5% y un 7,5%, respectivamente.

Diferencias en los canales de transmisión que tienen en cuenta los modelos utilizados en la estimación de los efectos del Brexit, así como la capacidad que estos tengan para considerar no solo los efectos directos, sino también los indirectos que surgen por retroalimentación, constituyen una fuente significativa de divergencia en los análisis disponibles. En general, los resultados tienden a ser más pesimistas cuando, además de los impactos que transcurren a través del canal comercial, se tienen en cuenta las consecuencias para la inversión y las implicaciones de menores entradas migratorias, que tienen efectos duraderos sobre la productividad. Para el escenario en el que el Brexit se produce sin acuerdo entre las partes, los resultados del BoE están alineados con los de otros trabajos recientes, como los del Fondo Monetario Internacional (FMI)3 o los del Instituto Nacional de Investigación Económica y Social, si bien resultan algo menos pesimistas que los anticipados por el Tesoro británico5 (véase cuadro 2). Algunos de los trabajos disponibles extienden el análisis para calibrar el impacto que el Brexit tendría sobre otras economías, con especial énfasis en la UE. Así, el FMI estimaba recientemente que las consecuencias, en términos de pérdidas del PIB, serían para la UE bastante más moderadas que para el Reino Unido, entre un 0,5% en el escenario más optimista en el que se estableciera en un futuro un acuerdo de libre comercio entre ambas zonas y un 1,5% si no se produjera tal acuerdo.

Las manifestaciones de ‘remainers’ contrarias a Johnson se han multiplicado en el Reino Unido. / EP

Por su parte, el impacto sobre la economía mundial sería aún menor, entre un –0,15% y un–0,3%, en función de la adversidad del escenario, según calculaba el mismo organismo en 2016. En general, los estudios que han analizado de forma más desagregada los efectos del Brexit en la UE coinciden en señalar la elevada heterogeneidad por países8 y por regiones. Así, las regiones de Irlanda sufrirían un impacto similar al de las regiones del Reino Unido, mientras que las siguientes regiones más afectadas se encontrarían en Alemania, Holanda, Bélgica y Francia. España e Italia, por su parte, se encontrarían entre los países menos afectados (véanse gráficos 1 y 2). En resumen, los análisis disponibles sugieren, sin ambigüedades, que la salida del Reino Unido de la UE tendría un impacto negativo, en términos de renta y de empleo, para ambas economías.

No obstante, un acuerdo entre las partes que minimice la incertidumbre y garantice una transición ordenada hacia un nuevo modelo de relaciones comerciales sin barreras innecesarias conseguiría mitigar en buena parte dicho impacto. Esta es la hipótesis sobre la que descansan la mayoría de las predicciones de crecimiento disponibles hoy en día, incluidas las del BoE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, la Comisión Europea o el FMI. Por el contrario, un proceso sin acuerdo y desordenado podría dar lugar a efectos negativos significativos tanto para el Reino Unido —como ilustra la estimación del BoE— como para la UE, si bien cabe señalar la elevada incertidumbre y la dificultad de calibrar con alguna precisión los posibles canales de transmisión. En este sentido, los planes de contingencia resultan fundamentales para limitar posibles disrupciones con consecuencias potencialmente muy dañinas. En el sector financiero, los preparativos han sido intensos tanto en la UE como en el Reino Unido, por lo que la Comisión Europea considera que los riesgos en este sector vinculados a un escenario de salida sin acuerdo han disminuido significativamente. Por la parte británica, el BoE estima que el sistema financiero está suficientemente preparado como para absorber el impacto de una salida sin acuerdo.

 

Estimación de los efectos en la economía española de la salida del Reino Unido de la Unión Europea

Aquí se estiman, a partir del modelo trimestral del Banco de España (MTBE), los posibles efectos de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) en la economía española. El MTBE es un modelo macroeconométrico de gran escala que se utiliza regularmente en el Banco de España tanto en el proceso de elaboración de las previsiones de medio plazo de la economía española como para generar diversos escenarios macroeconómicos (simulaciones de medidas de política económica, escenarios hipotéticos de riesgo, etc.). El ejercicio realizado parte de un conjunto de supuestos sobre el comportamiento de la demanda mundial, el tipo de cambio y los precios exteriores, en cada uno de los tres escenarios de Brexit que se contemplaban en el estudio realizado en 2018 por el Banco de Inglaterra en respuesta al Comité del Tesoro de la Cámara de los Comunes del Parlamento británico: Un primer escenario de salida ordenada, incluido el período transitorio previsto en el actual acuerdo (aún no ratificado), en el que la relación comercial futura entre el Reino Unido y la UE se basa en un tratado comercial al modo del que mantiene esta última con Canadá desde la firma del Acuerdo Económico y Comercial Global (CETA, por sus siglas en inglés) en 2016; un segundo escenario también de salida ordenada, pero en el que no se alcanza un acuerdo comercial específico, de modo que las relaciones comerciales entre la UE y el Reino Unido pasan a gobernarse por las reglas generales de la Organización Mundial del Comercio, con el consiguiente establecimiento de barreras arancelarias y no arancelarias; un último escenario en el que, además de no alcanzarse un acuerdo, la salida se produce de forma desordenada, lo que da lugar a disrupciones de las cadenas productivas e inestabilidad financiera.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Van Der Leyen, se ha declarado dispuesta a una nueva prórroga. / EP

En los tres escenarios considerados, el PIB británico se contraería, respectivamente, un 0,75%, un 4,75% y un 7,75% en términos acumulados, siguiendo las estimaciones del propio Banco de Inglaterra. En dichos cálculos, el primer escenario implicaría una apreciación de la libra esterlina del 2% respecto a su valoración actual, mientras que el segundo y el tercero conllevarían depreciaciones del 15% y el 25%, respectivamente. Por último, se añade en las simulaciones un shock al crecimiento del resto del área del euro, apropiadamente calibrado para cada uno de los casos, con el objetivo de tener en cuenta no solo las repercusiones directas que surgen de la relación comercial bilateral entre España y el Reino Unido, sino también el impacto indirecto sobre nuestra economía a través de los efectos contractivos que el Brexit tendría sobre el resto de las economías del área del euro.

Un Brexit con acuerdo comercial reduciría el nivel del PIB español en tan solo 0,02 puntos porcentuales al cabo de cinco años, un efecto muy reducido porque la apreciación de la libra mitigaría, en parte, los efectos de la reducción de la demanda británica, en términos reales. Por su parte, un Brexit sin acuerdo reduciría el nivel del PIB español en 0,5 pp, también en cinco años, si sucede de forma ordenada, y algo más de 0,8 pp si lo hace de forma desordenada. De acuerdo con las simulaciones, en el peor de los casos considerados, el crecimiento medio anual del PIB se reduciría entre una y dos décimas. Como se observa en el gráfico 1, en los escenarios de Brexit sin acuerdo, aproximadamente un 70% del efecto total sobre nuestro PIB correspondería a las consecuencias directas que el Brexit tendría en el comercio bilateral con el Reino Unido, mientras que el resto vendría explicado por su efecto en el resto de nuestros socios comerciales de la UE.

Conviene señalar también, finalmente, que los casos en los que no se alcanza un acuerdo comercial dan lugar a caídas de la actividad no solo mayores, sino también más rápidas, de modo que en el tercer año se habría producido ya más del 80% del efecto total, frente a aproximadamente el 60% en el caso de que la salida viniera acompañada de un acuerdo comercial entre ambas áreas. En términos de los componentes del PIB, el mayor efecto se encontraría, como es de esperar, en las exportaciones, con un impacto acumulado que podría alcanzar alrededor de –2,6 pp. El efecto sobre las importaciones sería también de una reducción significativa de las mismas, ya que el abaratamiento relativo de los bienes importados por la apreciación del euro frente a la libra se vería más que compensado por el impacto que tendría sobre las importaciones la reducción de la demanda, en términos reales, por parte del Reino Unido.

De igual forma, en el caso de la inflación, pese a que la apreciación del euro (y la imposición de aranceles, en los casos en los que no se produce acuerdo comercial) encarece las importaciones, los efectos desinflacionarios por la reducción de la demanda terminan dominando a escala agregada. En términos de las distintas partidas de demanda nacional, el efecto sobre la inversión podría resultar sustancial, mientras que sería más moderado en el caso del consumo. La reducción del nivel de empleo sería similar a la observada en el PIB, con pérdidas acumuladas de hasta 0,8 pp. Los resultados de este ejercicio han de tomarse necesariamente con cautela por varios motivos. En primer lugar, los supuestos de partida de las simulaciones descansan de forma crucial en los efectos estimados para el propio Reino Unido. Aunque se ha optado por utilizar a este respecto las estimaciones del Banco de Inglaterra, es importante notar el elevado grado de incertidumbre que rodea la calibración de algunos elementos básicos del ejercicio, como, por ejemplo, la reacción del tipo de cambio de la libra en los tres escenarios considerados. Además, el modelo utilizado en las simulaciones —en el que dominan los canales de demanda, sobre todo, a corto plazo— presenta algunas carencias que pueden resultar particularmente relevantes en el contexto específico analizado. Así, por ejemplo, los canales financieros y de confianza —que constituyen potenciales amplificadores de los efectos— no están desarrollados con el suficiente detalle.

Por el lado de potenciales elementos mitigantes, las simulaciones no tienen en cuenta tampoco la probable acción compensatoria de las políticas monetaria, fiscal y macroprudencial —que el modelo considera exógenas—, ni incorpora las medidas de contingencia que los Gobiernos han adoptado para aminorar los costes de escenarios muy adversos de salida sin acuerdo. Finalmente, el modelo obvia también algunas consideraciones relevantes a la hora de evaluar los efectos a más largo plazo, como son las consecuencias de una menor apertura comercial sobre la productividad y el crecimiento potencial del Reino Unido y la propia UE. Con todo, los efectos reportados resultan ser algo superiores a los calculados en 2018 por el Fondo Monetario Internacional, principalmente porque —siguiendo las estimaciones más recientes del Banco de Inglaterra— el ejercicio presentado aquí incorpora supuestos más negativos sobre el comportamiento de la economía británica. En su conjunto, los resultados sugieren que los costes para la economía española de una eventual salida del Reino Unido de la UE podrían ser significativos, dependiendo del escenario que finalmente se materialice, pero, probablemente, no desmesurados.

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