Cayetano Martínez de Irujo pone la Casa de Alba patas arriba

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Cayetano Martínez de Irujo y Bárbara Mirjan
Cayetano Martínez de Irujo, acompañado por su pareja Bárbara Mirjan en la puesta de largo de sus hijos, ha enfadado a sus hermanos con su libro de memorias. / EUROPA PRESS

¡Vaya Gente! / Mara del Prado.

No hay nada como la rutina. Si no que se lo digan al rey Juan Carlos, que tras permanecer ingresado nueve días en la Clínica Quirón de Madrid para someterse a un triple ‘bypass’ salió presumiendo de que “tengo cañerías y tuberías nuevas”.

También a Albert Rivera, que ha vuelto al trabajo tras un mes de vacaciones y mudanzas. La de su pareja Malú, que después de acometer algunas reformas ya se ha instalado en la casa que compró a finales del pasado año, y la suya, porque se ha instalado en el chalé de la cantante en la lujosa urbanización de La Florida en Pozuelo (Madrid). Según la revista Semana, “el catalán lleva un tiempo viviendo” con su novia y, para demostrarlo, publica la fotografía del coche oficial que recogió al líder de Ciudadanos en casa de la artista el pasado 2 de septiembre, día en que regresó al trabajo tras un mes desaparecido.

Que Cayetano Martínez de Irujo ajuste cuentas con su familia podría enmarcarse dentro de la rutina. Pero lo de hacerlo en un libro incluyendo a personajes tan variopintos como Mar Flores o la infanta Elena tiene algo de excepcional.

De Cayetana a Cayetano (La Esfera de los Libros) es el título de la autobiografía del duque de Arjona y conde de Salvatierra, que ya hizo una suerte de anticipo en el programa de TVE Lazos de sangre el pasado mes de julio y que ahora pormenoriza y sin ahorrarse ningún detalle polémico que pueda permitirle vender unos cuántos libros a costa de la paz familiar: la puesta de largo de sus mellizos Luis y Amina celebrada el 7 de septiembre en el Palacio Arbaizenea de San Sebastián ha sido noticia por la ausencia de todos los hermanos de su padre.

Como dijo y demostró hace dos meses en la televisión pública, “cuando murió mi padre [Luis Martínez de Irujo, primer marido de la duquesa de Alba] me engañaron durante una semana sin decirme que había muerto. Todavía lloro al recordarlo”. En medio de aquella experiencia traumática para un niño de nueve años, lo que encontró a su alrededor fue incomprensión: según recuerda, fue “a dar un beso a mi hermano Carlos, pero quitó la cara y se rió. Supe lo que era el rechazo”.

Rechazo es un concepto muy repetido en sus memorias; el de las ‘nannies’, que según dice le pegaban, el de su madre, que no ejerció como tal hasta que de adulto le confesó sus traumas, o el de sus tres hermanos mayores que “no me quieren, me lo han demostrado con creces”.

Pero también asume sus errores. Como su infidelidad a Genoveva Casanova, madre de sus hijos, porque “vivía obsesionado con ligar con cualquier mujer joven y guapa”, su relación con las drogas –“me perturbó por completo la coca”, asegura– o su vínculo durante dos años con la cienciología –aquello me costó dos millones de pesetas”–.

En cuanto a los nombres propios ajenos a la Casa de Alba, llamativo es que considere a Mar Flores la “horma de mi zapato. Yo, que pensaba que todas las mujeres estaban a mi disposición, saboreé mi propia medicina”. Pero sin duda el scoop de su autobiografía es que mantuvo una relación de tres meses con la infanta Elena, “una mujer entrañable” a la que se acercó, dice, porque su familia le presionó alegando razones patrióticas. Esto, si acaso, se lo podía haber ahorrado.

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