Ha muerto Emilio Ybarra, un buen banquero, un banquero bueno

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Emilio Ybarra (en la imagen, junto al director de 'El Nuevo Lunes', José García Abad) fue uno de los grandes banqueros de nuestra historia. Uno de los banqueros buenos a los que se refería Aristóbulo de Juan, perspicaz vigilante del sector, en su libro ‘De buenos banqueros a malos banqueros’. Vaya nuestro sentido homenaje a Emilio, que representó junto a José Ángel Sánchez Asiaín, fallecido no hace mucho, y a Luis Valls Taberner, muerto en 2006, una ruptura con los viejos hábitos de una banca de invernadero: perezosa y protegida.

Destacado Económico / G. N. L.

El pasado miércoles, 18 de julio de 2019, a las 14 horas falleció Emilio Ybarra y Churruca de un derrame cerebral.  Presidente del BBV de 1990 a 1999 y copresidente del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria entre 1999 y 2001.

Fue uno de los grandes banqueros de nuestra historia. Uno de los  banqueros buenos a los que se refería Aristóbulo de Juan, perspicaz vigilante del sector en su libro ‘De buenos banqueros a malos banqueros’.  Vaya nuestro sentido homenaje a Emilio, que representó junto a José Ángel Sánchez Asiaín, fallecido no hace mucho, y a Luis Valls Taberner, muerto en 2006, una ruptura con los viejos hábitos de una banca de invernadero: perezosa y protegida.

Fue un buen banquero pero también un banquero bueno. Una persona excelente. Un hombre honrado a quien le tocó capear, al final de su gestión, el zarpazo de una de las privatizaciones sucias de José María Aznar –también las hizo limpias– que en este caso fue aprovechada por las tropelías de Francisco González, de la mano de Rodrigo Rato, otro personaje de lamentable itinerario.

Ciertamente, en aquel episodio Ybarra y el equipo dirigente del BBVA cometió errores que no vamos a omitir, pero ello no absuelve la hipocresía con que se procedió para eliminar a los vascos que marcaron la historia tanto del Banco de Bilbao como la del de Vizcaya. A la hora de hacer la historia de la banca no hay que olvidar los méritos de los dirigentes de ambas entidades ni los atropellos políticos que sufrieron.

El 4 de mayo de 1996 alcanza José María Aznar la presidencia del Gobierno. Inmediatamente, ese mismo mes, Rodrigo Rato, vicepresidente económico, descabalga a Luzón en Argentaria para poner en su lugar a Francisco González, un agente de Bolsa sin experiencia bancaria.

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Fue Ybarra un buen banquero pero también un banquero bueno. Una persona excelente. Un hombre honrado a quien le tocó capear, al final de su gestión, el zarpazo de una de las privatizaciones sucias de José María Aznar –también las hizo limpias– que en este caso fue aprovechada por las tropelías de Francisco González, de la mano de Rodrigo Rato otro personaje de lamentable itinerario.

La mano visible de Rodrigo Rato

En octubre de 1999, tras consumarse plenamente la privatización del grupo, el presidente de Argentaria, Francisco González, y el del BBV, Emilio Ybarra, anuncian la fusión entre ambas entidades, lo que en realidad es una absorción del primero, el más pequeño, sobre el segundo, mucho mayor. El pez pequeño se comió al grande.  La nueva entidad sería la de mayor capitalización bursátil del sector.

En diciembre de 2001 el copresidente del BBVA, Emilio Ybarra, y el consejero delegado, Pedro Luis Uriarte, se ven obligados a dimitir al descubrirse que los miembros del Consejo procedentes del BBV tenían un fondo de pensiones no declarado de 19.267.721 dólares en Delaware, un paraíso fiscal.

Según justificó Emilio Ybarra, ese fondo se había utilizado para compensar las pérdidas que los consejeros del BBV sufrían con la fusión. Pedro Luis Uriarte, consejero delegado, declara al juez Garzón en junio de 2002 que Francisco González había dado libertad al copresidente Ybarra para “arreglar” la pérdida retributiva de los consejeros procedentes del BBV.

El fondo se había constituido en origen para pagar a Javier de la Rosa el “rescate” del paquete accionarial que había conseguido KIO, el fondo kuwaití que dirigía,  subrepticiamente. Emilio Ybarra decidió que la titulación del fondo, que estaba a nombre de personas físicas, se sustituyera por la titularidad de una sociedad del banco y, por razones nunca explicadas, el fondo una vez conseguido el objetivo de librarse de KIO, no retornó a Bilbao. El fondo se gestionó bien, en términos bancarios, con una ganancia de 3.000 millones de pesetas, pero la brillantez no lavaba el delito de no haberse declarado a Hacienda.

FG amenaza a Ybarra con sacar el asunto a la luz, lo que le llevaría a la cárcel, si no dimite. El bilbaíno había confesado en una reunión privada con gente del BBV, ante quienes justificó que “entregara” el banco al gallego, que “estamos cogidos por los huevos”.  El Tribunal Supremo lo absolvería de la acusación de apropiación indebida.

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Ciertamente, en aquel episodio Ybarra y el equipo dirigente del BBVA cometió errores que no vamos a omitir, pero ello no absuelve la hipocresía con que se procedió para eliminar a los vascos que marcaron la historia tanto del Banco de Bilbao como la del de Vizcaya. A la hora de hacer la historia de la banca no hay que olvidar los méritos de los dirigentes de ambas entidades ni los atropellos políticos que sufrieron.

Carlos Espinosa: “Privatizaron con nepotismo”

Explica Carlos Espinosa de los Monteros, presidente del Círculo de Empresarios entre 1992 y 2000, en charla con Mariano Guindal en el libro que celebraba el 35 aniversario del Círculo que, cuando en 1996 cambia el gobierno, reciben a José María Aznar como “un soplo de aire fresco porque su predecesor estaba quemado”. El nuevo ministro de Economía, Rodrigo Rato –señala Espinosa –“tenía un discurso que nos gustaba, coincidía con lo que nosotros estábamos pidiendo. Pero una cosa era lo que decían y otra lo que hacían. Poco a poco nos fuimos dando cuenta de que si los liberales no gustábamos al gobierno socialista tampoco les gustábamos a los ‘populares’.

Es cierto que hicieron cosas bien, como privatizar las empresas del Estado, pero lo hicieron con nepotismo. Pusieron a sus amigos al frente de las mismas porque se fiaban de ellos y así se produjeron casos como el de Juan Villalonga en Telefónica… y alguno más”. “En esto tenemos que reconocer que nosotros no podemos ponernos ninguna medalla. No fuimos capaces de ver las terribles consecuencias de la cultura del pelotazo ni de denunciarla. Nos faltaron reflejos. Teníamos que haber realizado una crítica más dura y haberla condenado con contundencia. No lo hicimos”.

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En diciembre de 2001, el copresidente del BBVA, Emilio Ybarra, y el consejero delegado, Pedro Luis Uriarte, se ven obligados a dimitir al descubrirse que los miembros del consejo procedentes del BBV tenían un fondo de pensiones no declarado de 19.267.721 dólares en Delaware, un paraíso fiscal.

Según justificó Emilio Ybarra, ese fondo se había utilizado para compensar las pérdidas que los consejeros del BBV sufrían con la fusión. Pedro Luis Uriarte, consejero delegado, declara al juez Garzón en junio de 2002 que Francisco González había dado libertad al copresidente Ybarra para “arreglar” la pérdida retributiva de los consejeros procedentes del BBV.

FG amenaza a Ybarra con sacar el asunto a la luz, lo que le llevaría a la cárcel, si no dimite. El bilbaíno había confesado en una reunión privada con gente del BBV, ante quienes justificó que “entregara” el banco al gallego, que “estamos cogidos por los huevos”. El Tribunal Supremo lo absolvería de la acusación de apropiación indebida.

Al fin vimos la catadura moral de FG

Mientras el comisario jubilado Villarejo sigue filtrando día a día, como en una novela por entregas, los detalles más sórdidos de su actuación al servicio de Francisco González, se hacen notar los silencios o las declaraciones, en general más bien flácidas, de los protagonistas de la guerra por el poder en este banco que tuvo lugar entre diciembre de 2004 y enero de 2005.

Choca estruendosamente el silencio de Francisco González, del que la prensa recoge increíbles manifestaciones pasadas, cuando aseguraba no saber nada del asunto añadiendo que a lo poco que sabía no le daba relevancia alguna.

Las temibles hemerotecas exhiben ahora unas declaraciones suyas de hace tiempo en las que, con su estilo bronco, aseguraba que si en un país desarrollado hubieran actuado –se supone que el gobierno Zapatero– como lo hicieron contra él, los responsables estarían en la cárcel. Las hemerotecas también proporcionan los numerosos comentarios de FG denunciando con acritud la falta de ética de los políticos.

Es más que increíble, ridículo, que Francisco González asegure que no sabía nada del encargo del banco a José Manuel Villarejo ni, en consecuencia, de los resultados presentados por el comisario; de los proyectiles que Villarejo le sirvió para chantajear a altas autoridades del Estado.

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