En un torreón junto al río Tajo, Toledo recuerda una de las más famosas leyendas de la historia de España, la de Florinda ‘La Cava’. Allí cuentan que don Rodrigo, último rey de los godos, vio bañarse a la bella hija del conde Don Julián y se dice que en lo alto de esta puerta de un antiguo puente de barcas se veía en noches de luna llena el espectro de la desdichada joven.

La gran mayoría de los historiadores mantienen la leyenda de Florinda ‘la Cava’ como un mito

‘La Cava’, llamada así por los árabes y cuyo nombre significa «mala mujer», había salido con sus doncellas por los jardines de su residencia y decidió darse un baño sin percatarse de que don Rodrigo la contemplaba. La visión de la bella joven «abrasóle» al monarca que, obsesionado con la muchacha, acabaría por forzarla. «Florinda perdió su flor, el rey padeció castigo», señala el Romancero Español que achaca a este ultraje el posterior desastre en la batalla de Guadalete y el fin del reino visigodo: «De la pérdida de España / fue aquí funesto principio».

Don Rodrigo, Rey de los Visigodos. Museo del Prado
Don Rodrigo, Rey de los Visigodos. (Museo del Prado)

Este conde, al que la leyenda bautizó como Don Julián, envió a su hija a la Corte de Toledo para ser educada, según unas versiones (otras señalan que fue Don Rodrigo quien alejó al padre a territorio fronterizo para consumar con más libertad sus deseos). Cuentan que el rey godo padecía de sarna y que era la bella Florinda la encargada de limpiarle con un alfiler de oro. El caso es que la joven se convirtió en una obsesión para el monarca. En vano trató que Florinda le correspondiera y ante sus continuas negativas, acabó por violarla. ‘La Cava’ como la llama por primera vez Pedro del Corral en la ‘Crónica Sarracina’ (1430), acabó contándole a su padre por carta su agravio o este se enteró por boca de otros, según quién lo cuente. Furioso, Don Julián, facilitó la entrada en la península de las tropas de Táriq ibn Ziyad, el general musulmán de Muza que en el verano de 711 venció a las huestes de Don Rodrigo en la batalla del río Guadalete.«Ya desde el siglo X circula entre los escritores critianos asentados en zona mozárabe un relato de origen incierto que recoge como desencadenante de la invasión musulmana la violación de la hija del Conde Olián, gobernador de Tánger y Ceuta», señala Helena Establier Pérez en un estudio sobre la Leyenda de La Cava, recogido por la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

De Don Rodrigo se ignora su suerte tras la contienda. Unos dicen que murió a manos de Táriq, otros que se ahogó en el Guadalete, pero nunca se encontró su cuerpo, lo que dio pie a más leyendas. Hay quien asegura que huyó a la actual Portugal, donde se convirtió en ermitaño, y que yace en Viseo. Una lápida supuestamente hallada en el lugar nombra a «Rudericus ultimus rex gothorum», según se recogió en la Primera Crónica de Alfonso X. El final más legendario lo recogen el romancero que cuenta que acabó sus días sepultado vivo con una culebra que le torturaba y le devoró el corazón. «Ya me come, ya me come, por do más pecado había, en derecho al corazón, fuente de mi gran desdicha».

A Don Julián la mayoría de los relatos lo citan muerto a manos de los musulmanes, que desconfiaban de un traidor, De Florinda, una leyenda dice que murió «loca de dolor y de vergüenza» en el torreón de Toledo, o ahogada junto a él en el Tajo, en el mismo paraje donde Don Rodrigo la viera desnuda.

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