Se buscan culpables

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Pablo Iglesias y Pedro Sánchez

Política / M. C.

El Ministerio de Pablo Iglesias, las encuestas de Iván Redondo, la presión de Felipe González, el Ibex, Cataluña… ¿Quién impide el pacto PSOE-Podemos?

Con la investidura de la próxima semana cada vez más cerca de fracasar, PSOE y Unidas Podemos ya perfilan sus respectivos relatos acerca de quién tiene la culpa de una decepción histórica para el electorado progresista. Para los socialistas, el problema fundamental está claro: la supuesta ambición de Pablo Iglesias de estar en el Ejecutivo. Aunque hay más razones, claro, como la posición ante la crisis catalana. Mientras, en Unidas Podemos señalan directamente a Iván Redondo como el autor de una estrategia que busca marginarlos, yendo a elecciones si hace falta. Un Redondo alineado con las supuestas presiones del Ibex y con el ‘establishment’ socialista encabezado por Felipe González.

Pablo Iglesias y Pedro Sánchez. Se buscan Culpables

El Ministerio de Pablo Iglesias

“Si el Partido Socialista cree que Pablo Iglesias no debe formar parte del Consejo de Ministros, que lo diga”. Así se expresa la diputada de Unidas Podemos Yolanda Díaz, y ése es el sentir general en la cúpula de los morados. Si el problema es Pablo Iglesias, que Pedro Sánchez lo diga y “se estudiará”. La dirección del partido morado sostenía que el presidente no se lo ha explicitado a Iglesias en ninguna de las entrevistas que han mantenido y que la cuestión sólo se había deslizado, aquí y allá, en algunas informaciones periodísticas. Pues el jueves, lo dijeron.

Lo expresaba primero la vicepresidenta Carmen Calvo en una entrevista en eldiario.es: “Resultaría poco entendible tener dentro del Gobierno al líder de otra formación política al que Sánchez le tuviera que dar instrucciones”. Después, el propio presidente en la Sexta: “el principal escollo para el acuerdo es la participación de Pablo Iglesias en el Gobierno”.

Iglesias ha jurado que será leal, pero sus palabras no han disipado el temor monclovita, que desde hace días tiene nombre en el Madrid político y periodístico: ‘efecto Salvini’. Y es que a lo que no está dispuesto Sánchez y su núcleo duro es a que le suceda lo que en el Ejecutivo italiano, en el que el primer ministro es Giuseppe Conte, pero quien se lleva todos los titulares, quien provoca todos los comentarios es Matteo Salvini, ministro del Interior. No falta quien comenta que en poca estima se tiene Sánchez si se compara con Conte, un jurista sin ninguna experiencia política previa y que llegó al cargo de rebote, como hombre de consenso entre sus dos viceprimerministros y jefes de gobierno ‘de facto’, Salvini y el líder del Movimiento Cinco Estrellas, Luigi di Maio.

No tiene sentido “vetar a los números uno”, dicen en Podemos. Algunos observadores de las negociaciones esperaban que ésta fuera la posición maximalista de Iglesias, la que asumía de partida en las negociaciones, y que renunciaría a ella cuando consiguiera la entrada de miembros de la formación morada en el gabinete. Sin embargo, la fecha de la investidura está cada vez más cerca y se renuncia que algunos esperaban no aparece por ningún lado. Eso sí, en Podemos se comprometían a estudiar la retirada de Iglesias si se explicitaba por parte de Sánchez y los suyos. Ahora, ya no cabe duda.

Las encuestas de Iván Redondo

Iván RedondoHubo un tiempo en que el jefe de gabinete de Sánchez, Iván Redondo, hacía buenas migas con Pablo Iglesias. Fue en la primera mitad de 2016, tras quedarse fuera de la órbita de Génova y antes de acercarse al núcleo duro de Sánchez. No llegó a formar parte del organigrama del partido ni siquiera a trabajar oficialmente para Podemos, pero esa cercanía a Iglesias le sirvió para aparecer en un par de programas de ‘Fort Apache’ –el programa de debates que conducía el líder de Podemos en Hispan TV- y ser entrevistado por el propio Iglesias en ‘Otra vuelta de tuerka’ –el espacio de entrevistas que tiene en Público.es-. Fue en este espacio cuando Redondo señaló –¿quizá haciéndole la pelota a su anfitrión?- que él detectaba dos hitos en la política moderna: la campaña de Barack Obama en 2008, con el ‘Yes we can’, y la irrupción de Podemos en el verano de 2014. De este buen rollo, Redondo ha pasado a convertirse en el personaje más vilipendiado desde las filas moradas.

Y es que en Podemos no son ajenos a los comentarios que circulan hace tiempo por los mentideros políticos madrileños, que señalan que la influencia de Redondo sobre el presidente crece cada día y que es él, para bien o para mal, quien traza la estrategia del Gobierno. Quienes conocen los entresijos de Ferraz y Moncloa señalan que Redondo ya está por encima de la figura de “un jefe de gabinete clásico” y que se ha convertido en la persona con la que “nadie quiere llevarse mal”. Según la versión de Unidas Podemos, él es el responsable del intento de acercamiento a PP y Ciudadanos y quien, en última instancia, no le preocupa tener que ir a elecciones a la vista de lo que prevén las encuestas.

De lo primero, dejó muestra en la entrevista con Iglesias. Él viene de donde viene, de colaborar con el PP durante muchos años, y al líder de Podemos le confesó que “creo firmemente en el entendimiento entre la izquierda y la derecha”. Sobre lo segundo, quienes le conocen aseguran que no pierde de vista lo que dicen las encuestas. Y hoy por hoy la mayoría coincide en que el único partido al alza es el PSOE –a costa de Ciudadanos y Unidas Podemos- y que las derechas seguirían teniendo muy difícil sumar, aún con una coalición PP-Ciudadanos, al estilo de Navarra Suma, en las circunscripciones más pequeñas. Un extremo ante el que se tientan la ropa en Ferraz, porque las elecciones son una moneda al aire con la que los socialistas se arriesgan, quizá en exceso.

Se debe “definir bien tu estrategia y hacer un plan de acción, que es siempre un calendario”, porque, según le explicaba Redondo a Iglesias, “el tiempo en política es lo más importante”. En Unidas Podemos creen que el tándem Sánchez-Redondo está jugando con los tiempos porque son ellos, los morados, quienes más tendrían que perder con una repetición electoral. Hay quienes sostienen que hasta septiembre hay tiempo. Pero de eso los socialistas no quieren saber nada. Según ellos es ahora o nunca.

Las presiones de Felipe González

Felipe gonzález. Se buscan CulpablesTirando de clásicos, Adriana Lastra desempolvaba esta semana el argumentario de mediados de los noventa y recuperaba el concepto de “la pinza”, esa supuesta connivencia entre José María Aznar y Julio Anguita para dar la puntilla al felipismo. Pero hete aquí que 25 años después González y Aznar están a partir un piñón. Buenas risas han compartido esta semana en un foro de tecnología, bromeando sobre “lo mucho” que se pelearon en sus buenos tiempos y la “preocupación” que ahora les une. Y es que desde que ya no están la política, la cosa no ha hecho más que ir a peor, claro. Por eso es fundamental, según ellos, que los partidos recuperen la “centralidad”.

Quizá por eso, porque entiende que Sánchez ha recuperado esa “centralidad”, hace mucho tiempo que no le manda ningún recado al presidente. No hay que olvidar que González fue uno de los principales instigadores del ‘golpe de Estado’ de infausto Comité Federal de octubre de 2016, alaba ahora a su sucesor al frente del PSOE y de la Moncloa. Aunque no hace falta irse tan lejos. En febrero, no tuvo reparo en dejar seriamente tocado al Ejecutivo socialista afirmando, en relación al asunto del relator y la mesa de partidos negociada con la Generalitat, que estaban “degradando” las instituciones.

Eso sí, a Sánchez no se le olvidan las cosas. Y ahora que está en posición de mandar facturas, el jueves le mandó un recado a González, explicando que le “gustaría” que el expresidente se pronunciase igual que hizo en 2016 cuando llamó a la “responsabilidad” de su partido para que, con su abstención, lo socialistas hicieran posible la investidura de Mariano Rajoy. “Respetando, sin duda alguna, su criterio y su opinión -no puedo decir otra cosa-, me gustaría que dijese lo mismo que dijo en 2016, que se abstuviera al Partido Popular y Ciudadanos y que facilitara la formación de Gobierno”, explicaba Sánchez en La Sexta.

Con el Ibex en contra

GaramendiPocas frases pronunciadas por Pedro Sánchez han dejado tanta huella en Unidas Podemos como cuando el ahora presidente del Gobierno en funciones le dijo a Jordi Évole que presidentes del Ibex como César Alierta “han intentado influir a través de los medios de comunicación en las decisiones de las organizaciones políticas”.

Así, mientras los morados se han quejado amargamente de que los medios construyen un relato de un Iglesias tremendamente ambicioso y ególatra, en Unidas Podemos también han construido un relato en el otro sentido, el de un Iglesias peligroso para el poder, sospechoso en los principales despachos del país. E Iglesias lo recordaba en la Ser en estos días de tiras y aflojas con Sánchez: “algunos saben que a nosotros no se nos puede comprar, por eso hay tantas presiones para que no gobierne con nosotros”.

Los morados han rescatado este argumento agarrándose a las declaraciones públicas del presidente de CEOE, Antonio Garamendi, que señalaba hace unos días que “igual es mejor esperar a noviembre y tener un país más tranquilo”. “Se pueden dar otros resultados que consoliden más escaños a algunos partidos y posiblemente se gane más estabilidad”, apuntó, pocos días después de que el sondeo del CIS estimara para los socialistas una intención de voto directa del 40% de los votos, frente al 15,8% de Ciudadanos. Al PP y a Unidas Podemos les atribuían un 13,7% y un 12% respectivamente.

La réplica la ha dado la ministra de Economía, Nadia Calviño, que negado la mayor, pero que, sin embargo, ha asegurado que “le han comentado anecdóticamente” que algunos grupos sociales, “ONG incluso”, decían “que no sea nuestro ministerio”, en referencia a que miembros que de la formación morada se hicieran cargo de sus respectivas carteras.

¿Un nuevo 155?

Quim Torrra¿Qué pasaría si hay que aplicar un nuevo 155? Esa es la pregunta que llevan semanas lanzando desde las filas socialistas, con la vista puesta en la sentencia del procés después de las vacaciones veraniegas. Se espera una sentencia dura, que haga reaccionar al independentismo con unas consecuencias imprevisibles. Si Quim Torra decide reiniciar la vía unilateral y, quizá, convocar un nuevo referéndum –como ha venido amenazando en las últimas semanas, con lo que ya se ha convertido en un lema independentista: “Ho tornarem a fer”-, ¿cómo reaccionarán los ministros de una fuerza política que ya se manifestó en contra del anterior 155, que defiende un referéndum y que considera que los líderes catalanes procesados son presos políticos? Lo expresaba de nuevo el pasado jueves el presidente, en su entrevista Antonio García Ferreras: “Iglesias habla de presos políticos y yo necesito un vicepresidente del Gobierno que confíe en la democracia española”.

Eso inquieta, y mucho, en Moncloa y en Ferraz, pero desde las filas de Unidas Podemos se califica, simplemente, como “una excusa” para no articular un ejecutivo de coalición. Concretamente, la segunda, después de que se afirmara desde el PSOE que no dan los números y que un hipotético acuerdo con Unidas Podemos no asegura la estabilidad del Gobierno. Pero desde el PSOE se refieren a un ejemplo reciente: la votación, en la Mesa del Congreso, sobre la suspensión de los diputados procesados: Oriol Junqueras, de ERC, y Jordi Turull, Josep Rull y Jordi Sànchez, de JxCat. Los representantes de PSOE, PP y Ciudadanos votaron a favor de esa suspensión, pero los dos miembros de Unidas Podemos votaron en contra.

Desde Unidas Podemos señalan que esas discrepancias son idénticas a las que existen entre los Comuns y el PSC, y eso no ha impedido articular –por segunda vez- un Ejecutivo municipal de coalición en Barcelona. “Toda la lealtad al PSOE en Catalunya”, ha llegado a afirmar Iglesias.

 

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