Voz en las calles ante el silencio político

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A lo largo de este verano, leía varios artículos acerca de la fuerza demostrada por la organización obrera y popular en conflictos donde las mujeres nos situamos al frente. Las ya históricas ‘Huelga de las escobas’ de Argentina o la ‘Huelga de las inquilinas’ de Glasgow fueron movimientos reivindicativos encabezados por mujeres que tomaron las calles a principios del siglo pasado, como protesta contra el pago abusivo de los alquileres y los desahucios.

Por aquel entonces miles de mujeres dejaron “sus labores domésticas” y ocuparon las vías principales de diferentes ciudades bajo lemas reivindicativos que finalmente consiguieron limitar el aumento de los alquileres. Los distintos distritos de las ciudades terminaron creando comités de huelga, en donde la lucha de la clase obrera y la demanda social convirtieron los patios y los paseos en verdaderos espacios de organización sindical y ciudadana.

Si uno de los axiomas del neoliberalismo es que la intervención pública debe ser mínima, marginal, subsidiaria, para que sean los individuos los que en base a sus propios intereses desarrollen la libertad, el feminismo deja patente que la lucha por la igualdad requiere de acción colectiva, política y pública

Con el paso del tiempo, el pulso de lucha no se aplacó y estas movilizaciones callejeras terminaron produciéndose también en nuestro país. Hoy muchas de nosotras recogemos el testigo de varias generaciones de mujeres que, como entonces, seguimos creyendo que los derechos hay que lucharlos, ganarlos y defenderlos.

En los últimos tiempos ha sido muy patente que las mujeres hemos tomado la calle, visibilizando vínculos mutuos en los que el feminismo, en toda su complejidad y diversidad, tiene un común denominador y un elemento que le hace referencial: es un potente germen aglutinador de conciencia colectiva. Demostración de ello es la participación de las mujeres en los últimos comicios electorales o los datos de afiliación a un sindicato como CC OO –donde el ritmo de incorporación de mujeres a la organización triplica al de hombres y somos ya más de 432.000 afiliadas– son muestras de que la efervescencia del feminismo se extiende en todos los ámbitos.

Para quienes creemos en este tipo de proyectos colectivos, las relaciones económicas o laborales, incluso sociales que actualmente padecemos, son producto de la hegemonía neoliberal que ha calado como lluvia fina durante décadas, y que va más allá de esa esfera material, influyendo de manera directa en el propio concepto de ser social. No es lo mismo entender la sociedad como una suma de individualidades que como seres humanos con intereses, afectos y vínculos compartidos.

Si uno de los axiomas del neoliberalismo es que la intervención pública debe ser mínima, marginal, subsidiaria, para que sean los individuos los que en base a sus propios intereses desarrollen la libertad, el feminismo deja patente que la lucha por la igualdad requiere de acción colectiva, política y pública.

Nuestro país vive sumido en la incertidumbre política de la falta de acuerdos de gobierno, en un contexto global marcado por la indeseable propagación de la ultraderecha en países muy significativos del mundo y sin haber superado la crisis de legitimación de los procesos democráticos y los espacios representativos; la inacción política no es deseable en un momento de rearme reaccionario, y la movilización social aparece como un contrapeso inevitable, a veces una válvula de escape ante la oleada de puritanismo, machismo, fascismo y falta de responsabilidad política a la hora de enfrentarse a problemas reales.

Así a la revuelta argentina de los ‘Pañuelos verdes’ o las manifestaciones contra el régimen misógino de Bolsonaro en Brasil, se unirán este otoño las convocadas en la jornada de movilización mundial por el clima o la ‘Emergencia Feminista’. Muestra palpable de que hay una ciudadanía que no se resigna a las secuelas de un largo proceso de retroceso, decadencia de derechos colectivos y penalización de la reivindicación social, ni asume la agenda reaccionaria que se abre paso en buena parte del mundo.

Dentro de esas demandas sociales, las mujeres volveremos a estar en primera línea. Todas ellas engloban la lucha feminista y sindical; de la igualdad efectiva entre sexos, el fortalecimiento de una sociedad más inclusiva, un empleo digno y con derechos, la erradicación de las violencias contra las mujeres, la creación y fortalecimiento de instituciones de protección social y de cuidados y, algo que cada día es más necesario para nuestra sociedad: la transición hacia un sistema de producción más sostenible.


Secretaria Confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras. Licenciada en Historia y Técnica Superior de Prevención de Riesgos Laborales además de Máster en Gestión Medioambiental y en Energética de la Edificación, ha sido secretaria de Formación, de Derechos Fundamentales y de Salud Laboral de la Federación de Construcción de CC OO y vocal de la Comisión Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo. También es actual responsable de las revistas ‘Centro 8 de Marzo’ y ‘Trabajadora’, en las que colabora asiduamente.

 

 

 

 

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