Diálogo artístico con Goya sobre los refugiados

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Disparate de los entalegados o ensacados. No 8, de Francisco de Goya (1816-1823). Colección Carlos Areán. CGAC, Santiago de Compostela
Disparate de los entalegados o ensacados. No 8, de Francisco de Goya (1816-1823). Colección Carlos Areán. CGAC, Santiago de Compostela

El Museo de Arte Contemporáneo (CGAC), de Santiago de Compostela, acaba de inaugurar la exposición titulada We refugees (Nosotros refugiados), en la que obras de Francisco de Goya se alían con las de 18 artistas contemporáneos, nacionales e internacionales, para contarnos qué significa el exilio y cómo se siente un refugiado. La muestra se complementa con los textos de las filósofas María Zambrano y Hannah Arendt, quienes sufrieron el exilio. We refugees estará abierta al público hasta el próximo 13 de octubre.

“Fui alguien que se quedó para siempre fuera y en vilo. Alguien que se quedó en un lugar donde nadie le pide ni la llama. Ser exiliado es ser devorado por la historia, y su lugar es el desierto”, escribe la filósofa María Zambrano en su obra Los bienaventurados. En el mismo texto añade: “El exiliado, ese ser devorado por la historia… una historia cruenta. Ese desconocido. Ese ser que no tiene lugar en el mundo, ni geográfico, ni político, ni social, ni ontológico. Creo que el exilio es una dimensión de la vida humana, pero al decirlo me quemo los labios porque yo querría que no volviese a haber nunca más exiliados”. María Zambrano se convirtió en exiliada tras la Guerra Civil Española y se refugió en Chile. Este fragmento de Los bienaventurados se halla escrito en uno de los muros que albergan la exposición titulada We refugees (Nosotros refugiados), recientemente inaugurada en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Compostela (CGAC).

“Ser exiliado es ser devorado por la historia, y su lugar es el desierto”: María Zambrano

La exposición es un largo camino que nos invita a la reflexión acerca de lo que significa el exilio y  convertirse en refugiado. Su título hace referencia al artículo We refugees, publicado por la filósofa Hannah Arendt en el año 1943 en el Memorah Journal, una revista judía de Nueva York, con el objetivo de señalar la universalidad del exilio. El texto de Hannah Arendt es el fruto de su estancia en el campo de internamiento de Gurs (Francia), y de su exilio en los Estados Unidos (EE UU), tras escapar de la violencia totalitaria del Tercer Reich y de la persecución de la Gestapo por su condición de judía.

He aquí un pequeño fragmento del artículo We refugees, que ha dado nombre a esta exposición: “En primer lugar, no nos gusta que nos llamen refugiados. Nosotros, a nosotros mismos, nos llamamos recién llegados o inmigrantes. Nuestros periódicos son periódicos para americanos de habla alemana; y hasta lo que he podido saber no hay ningún club fundado por perseguidos de Hitler, personas cuyo nombre indicaría que sus miembros son refugiados. Un refugiado acostumbra a ser una persona que busca refugio porque ha cometido algún acto o por sus opiniones políticas. Bien, es verdad que nosotros hemos solicitado refugio pero no hemos cometido ningún acto político y la mayoría de nosotros nunca ha soñado con tener una opinión radical”.

 “La ley está muda en los oceános, donde la gente desaparece y nuestro silencio no nos protegerá”: Marian Ghani, creadora neoyorquina.

Hannah Arendt publicó este texto en el año 1943. 128 años antes Francisco de Goya comenzaba a realizar su serie Los disparates. El visitante puede contemplar, al inicio de la exposición, el disparate titulado Los ensacados, aguafuerte en el que el pintor representó a personas metidas en sacos. Esta serie fue creada en el contexto posterior a la Guerra de la Independencia, que propició el regreso del absolutismo de Fernando VII y el derrumbamiento del mundo progresista, ilustrado y liberal, con el que se indentificaba el pintor. “En esos años se produjo, por un lado, el exilio hacia Francia de los que habían colaborado con la monarquía napoleónica de José I, los afrancesados, que sufrieron un doble rechazo por reformistas ilustrados y por antipatriotas, y por otro, el exilio de los liberales hacia Inglaterra. La escena que Francisco de Goya pintó tiene una carga metafórica que puede leerse en clave contemporánea. Los ensacados, que sólo asoman la cabeza fuera del saco, se mueven torpemente por una playa, en lo que parece el momento previo a un embarque secreto y nocturno, camino del exilio. El saco, que habitualmente contiene productos o mercancía, degrada a la persona, le impide el movimiento y es, así mismo, reflejo de la privacidad de la libertad”, se lee en el catálogo de la exposición.

El sueño de la razón produce monstruos y No te escaparás, son las otras dos obras de Francisco de Goya, que el visitante puede contemplar en la exposición. En este caso, ambas forman parte de la serie Los caprichos y fueron creadas entre los años 1797 y 1799. El acecho del mal, de la locura y del dolor a aquellos que aman el conocimiento se reflejan en estos dos aguafuertes. Amor al conocimiento y amor a la libertad van casi siempre unidos. De ahí la presencia de estos aguafuertes en la exposición We refugees del Centro Gallego de Arte Contemporáneo (CGAC).

Flur, de Alexandra Ranner (2016). Collection Wemhöner
Flur, de Alexandra Ranner (2016). Collection Wemhöner

Junto a las obras de Francisco de Goya, el visitante halla el vídeo del artista Adrian Paci titulado Centro de Permanencia Temporal. El artista, que hoy reside y trabaja en Londres, creó este vídeo en San Francisco, en el año 2007. En él se contempla como extranjeros ilegales, de acuerdo con la Ley de Inmigración de los Estados Unidos, esperan a ser devueltos a su país. Mientras el visitante contempla como estas personas, en su mayor parte de origen latino, suben a una escalera que los conduce al interior del avión, escucha el siguiente relato del autor: “Cuando llegan a los Estados Unidos se les encierra en los Centros de Permanencia Temporal hasta que sean devueltos a sus países. Esto es difícil, de modo que permanecen en los centros hasta que logran escapar y regresar a la zona gris –sin papeles– de la sociedad. Hoy Google llama a estos centros Centros de Detención y el gobierno italiano los denomina Centros de Identificación o de Expulsión, acrónimo que refleja la evolución de la política migratoria”.

La ironía unida a la esperanza se halla cerca de la obra de Adrian Paci, en unas vitrinas en las que el visitante descubre tres carteras ministeriales, la del Ministerio de Desarrollo Social, la del Ministerio de Derechos Humanos y Justicia, y la del Ministerio de Investigación e Innovación. Un sueño. No muy lejos, cinco grandes carteles le invitan a reflexionar acerca de lo que es y ha sido emigrar. En la misma sala podrá leer el poema de la autora Mariam Ghani (Brooklyn, Nueva York, 1978), en cuyos dos primeros versos escritos en inglés se lee: “Your silence will not protect you (Tu silencio no te protegerá)”. Este poema, escrito en torno al proyecto The Index of Desappeared (Indice de desaparecidos), que la autora ha realizado con la artista Chitra Ganesh, entre los años 2004-2010, evoca una advertencia atribuída a Bertolt Brecht, exiliado de la Alemania nazi y refugiado en Suecia. “La ley está muda en los oceános donde la gente desaparece. Y nuestro silencio no nos protegerá”, advierte Mariam Ghani, que en su poema pregunta a los medios de comunicación: ¿Qué noticias hay del mar? Y responde: “Te lo diré, pero mi boca está llena de agua”, haciendo referencia a los emigrantes ahogados. Por último, nos dice: “Ningún ser humano es ilegal”.

En la misma sala, la norteamericana Peggy Attwesh (Canonsburg, Pensilvania, 1954), presenta al visitante su vídeo de animación titulado The Blakest Sea (El mar más negro), en el que narra la muerte de miles de personas en el mar situándola en los contextos de cambio climático y de viabilidad de los océanos. Peggy Attwesh, quien ha usado imágenes de las redes sociales y de animación para hacer este trabajo, une en él  la tragedia y el sentido del absurdo. Junto a su trabajo el visitante puede leer estos versos de la guatemalteca Regina José Galindo (Guatemala-Ciudad,1954): “Salí buscando nuevos caminos/nuevas rutas/nueva vida. /Dejé atrás mi mitad/para dejar también el hambre/la muerte, el miedo/pero el miedo no me abandonó./Me sigue/me persigue/me controla/no me deja nunca/sigue mis pasos/sigue mis huellas/es mi sombra/. Regina nos narra cómo el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos ha creado el Proyecto RGV 250 para la colocación de tobilleras con dispositivos GPS a los inmigrantes sorprendidos tratando de cruzar ilegalmente la frontera. El próposito de las tobilleras es aumentar el número de capturas y es, según se narra en el texto que presenta a Regina en la exposición, “una práctica totalitaria que se perpetúa en las sociedades democráticas del siglo XXI”.

Hay una imagen sobrecogedora en la siguente sala de We refugees. El visitante la halla en la videoinstalación de Eugenio Ampudia (Melgar, Valladolid, 1958). En ella contempla cómo dejan nuestro país, para cruzar la frontera francesa, los exiliados españoles en el año 1939, tras la Guerra Civil Española. Eugenio Ampudia ha manipulado el movimiento de las imágenes y hace retroceder a los inmigrantes al llegar a la frontera. Ninguno puede cruzarla. Todos tienen que volver sobre sus pasos. Regresar al lugar donde les espera, con gran probabilidad, la muerte. En esta sala, el visitante también hallará la obra Cayuco, de Marian Avila Forero (París, 1983), vídeo en el que se contempla el yeso blanco con el que se construyen los cayucos que parten de Oujda, en la frontera de Marruecos con Argelia, hacia Melilla. Cayuco comparte espacio, en esta sala, con las obras de Suso Fandiño (Santiago de Compostela, 1971), Jesús Palomino (Sevilla, 1969) y El Peiro. Suso Fandiño, en la obra Vous etes ici, muestra siete mapas de localización; Jesús Palomino regala en su instalación Estado de sitio el poema del mismo título de Mahmud Darwish y El Peiro ha creado Travelbox (Caja de viaje), un habitáculo realizado con poliéster para transportar un ser humano de modo oculto y en condiciones dignas. Respecto a Travelbox el artista señala: “No podemos cambiar su destino, el de los emigrantes, pero le acercamos a él”.

 “Las víctimas de la trata son personas muertas de terror y de angustia encerradas en un espacio hermético y oscuro, donde son transportadas por las mafias sin saber que ocurre fuera, escuchando sonidos y pasos en el exterior como una amenaza”: Elnaz Javani, artista iraní.

Desde esta caja-habitáculo el visitante desciende al infierno. En la sala del sótano, Elnaz Javani (Tabriz, Irán) nos presenta su instalación escultórica-sonora titulada Dealing with people (Trata de personas) 2013-2019, a través de la que denuncia la trata ilegal de personas de Irán, Irak, Afganistán para su explotación y prostitución en Europa y Estados Unidos. “Personas muertas de terror y de angustia encerradas en un espacio hermético y oscuro, donde son transportadas por las mafias, sin saber qué ocurre fuera, escuchando sonidos y pasos del exterior como una amenaza”, escribe el artista en el texto que el visitante puede leer en la exposición. Elnaz Javani nos invita a tomar conciencia de lo que significan la nacionalidad, el silencio y la indefensión de personas exiliadas sin identificación, y sin conocer el idioma en un país extranjero.

En esta sala el visitante también puede contemplar los rostros de cientos de refugiados que el creador Roland Fisher (Saarbrücke, Alemania, 1958), ha reunido en su obra titulada Refugee. Frente a la obra de Roland Fisher se halla On traslation stand by inmigation (Traduciendo esperando ante inmigración), de Antoni Muntadas (Barcelona, 1942), una fotografía en la que los inmigrantes hacen cola ante la puerta de una oficina de inmigración de los Estados Unidos, mientras alguien les ayuda con el idioma. Junto a la obra de Antoni Muntadas, el visitante puede ver tres cortometrajes que  Carole Alfarah (Damasco, Siria, 1981) ha realizado, en el año 2012, bajo el título Rebuilding. Life. Love. Memories. Syria. Dennmark. Germany. Sweden (Reconstruyendo. Vida. Amor. Siria. Dinamarca. Alemania. Suecia).

En la primera película, una periodista siria, madre de dos hijos, deja su país a causa de la guerra y se exilia en Dinamarca. “Comienzo mi día con una taza de café. Miro las páginas de internet para saber algo de mi país. La guerra continúa. Lo destruye todo. Las lágrimas caen en mi café. Luego cojo el metro. Sonrío a la gente con la que me cruzo. Llego al trabajo y sonrío con mis compañeras y compañeros. No es fácil vivir con este desgarro interior”, cuenta la periodista en el cortometraje y añade respecto a todo lo que ha perdido: “No es humano acostumbrarse a la pérdida. Estoy cansada de perder. Ya no me quedan fuerzas” .

“He perdido también los recuerdos y algo que me empujaba hacia adelante”, explica la joven madre, protagonista, junto con su pareja y su hijo de apenas tres años, de la segunda cinta de Carole Alfarah.  Esta familia fue acogida en Görtliz (Alemania), en donde necesitaban dos farmeceúticos, profesión de ambos cónyuges. “Somos personas que sufrimos a diario”, cuenta la madre mientras espera que su hijo salga de la guardería. “Estábamos de luna de miel cuando comenzaron los bombardeos. Cuando salimos de Siria jamás pensamos que era para no regresar”, relata su pareja, quien al final del filme expone: “Alemania es el país que me acogió sin conocerme, cuando otros países más cercanos no lo hicieron”. En este sentido ella subraya: “Alemania es seguridad”. Esta pareja puede quedarse, de momento, tres años en el país pero no sabe si tendrá que regresar a Siria aunque la guerra allí no haya terminado. “Los medios de comunicación transmiten una mala imagen de los inmigrantes”, comenta él con preocupación.

Larvae Channel 2, de Wael Shawky (2007-2010). Cortesía del artista y de Sfeir-Semler Gallery Beirut / Hamburg.
Larvae Channel 2, de Wael Shawky (2007-2010). Cortesía del artista y de Sfeir-Semler Gallery Beirut / Hamburg.

La tercera película de Carola Alfarah cuenta la historia de Jihad, un joven sirio que dejó su país en un barco. Tenía 23 años y fue rescatado, junto a 76 personas, por un buque de la OTAN. Hoy vive en Gotemburgo, Suecia, donde trabaja para la Cruz Roja. “Cuando dejé de recibir ayuda para pasar a prestarla, dejé de sentirme un refugiado”, cuenta en el filme, en el que seguidamente hace esta reflexión: “Cuando una sociedad desarrollada va en contra de uno de sus ciudadanos, se destruye a sí misma”. El mayor temor de Jihad es no poder regresar a Siria y que el joven de 23 años, él, que se fue un día de allí, haya muerto.

La exposición finaliza con las obras de Wael Shawky (Alejandría, Egipto, 1971) y de Larissa Sansour (Jerusalén, 1973), en las que se ahonda en la realidad de los exiliados palestinos, considerados Refugiados de la  UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para la Población Palestina en Oriente Próximo). Personas que, como narra Wael Shawky viven, en muchos casos, en campos de refugiados egipcios y que como cuenta Larissa Sansour difícilmente podrán volver a entrar en lo que un día fue su país.

We refugees acaba para invitarnos a la reflexión. Para que nos preguntemos por qué no se aplica la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (Ginebra, 1951), la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2000), el Convenio Europeo de los Derechos Humanos (1950), el Tratado de Lisboa (2007) y el Artículo 14 de la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), que establece que “en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él en cualquier país”.

 

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