El bloqueo como enfermedad política

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El Acento / Inmaculada Sánchez.

El Gobierno de España, el Govern de Cataluña y hasta el sacrosanto Parlamento de Westminster llevan meses paralizados por su incapacidad para resolver los problemas por los que fueron elegidos. Los bloqueos institucionales, que antaño, en tiempos de la política apacible –y hablamos de hace no más de una década–, eran ocasionales, solían solucionarse con premura tras el estruendo de las alarmas desatadas.

En los tiempos actuales, sin embargo, lo que antes se trataba como el síntoma de un episodio agudo en la salud de nuestras democracias, fácilmente reversible con una puntual hospitalización, lleva camino de convertirse en enfermedad de larga y tortuosa cura.

La melancolía del bipartidismo, de los referéndums ‘gubernamentales’ o de las sencillas negociaciones de talonario de tiempos pasados no nos llevará a encontrar la solución. Habrá que echarle imaginación y coraje

Que se lo digan, si no, a los diputados británicos, que no han conseguido aprobar salida alguna al Brexit tres años después del referéndum, arrastran desde entonces un gobierno débil y dividido, con un primer ministro que ha suspendido las sesiones del Parlamento después de que éste le bloqueara sus planes, y no saben ni cuándo habrá nuevas elecciones para salir del colapso.

No debe consolarnos el desolador panorama del Reino Unido. En España vamos camino de las cuartas elecciones generales en cuatro años. Esta semana el Pleno del Congreso de los Diputados se reunía por primera vez en seis meses. Ni control al Gobierno, ni acción legislativa. El martes una mayoría de diputados votaba admitir a trámite la nueva Ley de Eutanasia. Era la segunda vez. Ya lo hicieron en la anterior legislatura que ‘murió’ tras no haber mayoría para aprobar los Presupuestos del año. El proyecto legislativo decayó, como decaerá nuevamente en unos días cuando se convoquen otras elecciones si no ocurre un inesperado milagro. Por poner sólo un ejemplo.

Seguimos, pues, con los Presupuestos que elaboró Cristobal Montoro para el gobierno Rajoy, y la situación de ‘en funciones’ del actual, impide traspasar a las autonomías 5.000 millones del Estado en pagos a cuenta de su deuda, con el consiguiente perjuicio de los servicios esenciales que gestionan.

En Cataluña, ‘procés’ aparte, el Govern sigue también con Presupuestos prorrogados desde 2017, y sin mayoría suficiente para aprobar los de 2020. A la espera de la sentencia de los independentistas presos, los dos socios que gobiernan la Generalitat se muestran cada día más divididos sobre la necesidad de convocar, de nuevo, a las urnas a los catalanes para poder tener un gobierno que gobierne.

¿Qué está pasando? ¿Nuestras avanzadas democracias son, ahora, incapaces de desenredar un nudo, coger la cuerda y seguir avanzando? ¿Es el sistema o son los políticos actuales? La melancolía del bipartidismo, de los referéndums ‘gubernamentales’ o de las sencillas negociaciones de talonario de tiempos pasados no nos llevará a encontrar la solución. Habrá que echarle imaginación y coraje, como siempre ha ocurrido en encrucijadas históricas. Lo único cierto es que urge encontrarla. Antes de que la enfermedad avance en metástasis.

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