Hablan los ministros: un Gobierno europeísta

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Los ministros del Gobierno se muestran preocupados ante los retos a los que se enfrente la Unión como el Brexit, las crisis migratoria y medioambiental. Comparten con los lectores de ‘El Siglo’ su apuesta firme por la unión de los gobiernos europeos para solucionar los problemas comunes.

 

Seguridad y defensa, al servicio de la ciudadanía

Margarita Robles
Ministra de Defensa en funciones

La Unión Europea vive un momento crucial de su historia en el que se mezclan considerables incertidumbres con evidentes oportunidades de progreso. Toda crisis es también una oportunidad, y si el Bréxit es una durísima prueba para la integridad de la Unión, también puede verse como un ejemplo de lo peligroso que resulta hoy en día sucumbir a los particularismos.

Algo similar puede decirse de problemas globales como el cambio climático, la concentración urbana de la población o la inmigración, retos en los que las dificultades en la formulación de políticas comunes no hacen sino dejar en evidencia la absoluta necesidad de alcanzarlas y consolidarlas.

La seguridad y la defensa son campos en los que actualmente la Unión Europea avanza con paso firme. No se trata de un fenómeno ocasional o caprichoso, sino de la evidencia de que sin seguridad no se pueden consolidar otros avances, pues cualquier otro logro político, social o económico estaría a merced de la incertidumbre que provocan la inestabilidad y los conflictos.

La seguridad y la defensa unen a la ciudadanía europea y no lo hacen como reacción defensiva ante un mundo que considerásemos hostil y del que nos quisiéramos aislar, sino como medio para lograr, precisamente, un mundo mejor para todos.Un mundo más justo y más igualitario.

Tenemos que ser capaces de incrementar el papel activo de la Unión Europea en la resolución pacífica y dialogada de los conflictos más importantes del mundo actual, incluyendo el apoyo político, social y financiero a procesos de paz y de resolución pacífica y democrática de conflictos. Este es precisamente el compromiso de las Misiones y Operaciones de la Unión Europea que defienden nuestras Fuerzas Armadas.

Es necesario apoyar a otros pueblos en la reforma y consolidación de sus instituciones para que sean más inclusivas y gocen de legitimidad a los ojos de sus ciudadanos, y que, adaptándose a la idiosincrasia y valores propios, puedan proporcionarles al menos los servicios básicos. En este sentido, es muy importante seguir apostando por las mujeres como agentes de los procesos de paz y seguridad en el mundo, tal y como establece la Resolución 1325 de Naciones Unidas,  sobre “mujer, paz y seguridad”, en la que España está plenamente comprometida.

La seguridad y la defensa también son grandes motores de progreso y contribuyen a situar a la industria europea en el tren de cabeza de la innovación tecnológica, un claro ejemplo de ello es la reciente suscripción por parte de Alemania, Francia y España del proyecto común del Futuro Sistema Aéreo de Combate. Un programa de cooperación europeo fundamental para garantizar las capacidades futuras de nuestras Fuerzas Armadas y de nuestra industria aeronáutica, con la consiguiente creación de puestos de trabajo.

Estos son, desde mi punto de vista, algunos de los pilares principales que hacen del proyecto europeo y de su dimensión de seguridad y defensa, un modelo esperanzador para nuestros ciudadanos y para nuestros socios en otros continentes. Un proyecto al que España contribuye decisivamente.

 

Una Europa más unida y solidaria

Magdalena Valerio
Ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social en funciones

Me sumo con especial ilusión a este 28 aniversario de una revista como ‘El Siglo de Europa’, porque, en los tiempos que corren, fugaces y cambiantes, tiene un mérito enorme alcanzar una edad, 28 años, que para una revista son franca madurez.  Mis felicitaciones más sinceras.

Se me pide una contribución señalando lo que espero de esta nueva etapa en la Unión Europea, y lo voy a hacer distinguiendo los tres ámbitos de competencia de mi Ministerio: empleo, protección social e inmigración.

En materia de empleo, nos encontramos inmersos en un debate clave. El debate acerca de lo que se denomina “el futuro del trabajo”. Se trata de poner los mimbres, a nivel comunitario, para no permitir que nadie quede atrás, para que las personas trabajadoras no pierdan derechos laborales por el camino, para que la formación a  lo largo de la vida constituya un auténtico derecho. En definitiva, para convertir la transformación digital en un factor de progreso económico y social, porque sin empleos de calidad no habrá futuro del trabajo económica y socialmente sostenible.

En materia de protección social, es el momento de apostar decididamente por el Pilar Europeo de Derechos Sociales, que debe reenganchar a la ciudadanía con el proyecto europeo, superando el desencanto generado en la etapa de la crisis económica. Dicho pilar debe traducirse en derechos tangibles para los ciudadanos y ciudadanas de Europa, así como en instrumentos de impulso de una convergencia ascendente.

Por último, en materia migratoria, el futuro solo puede pasar por una Europa más unida y más solidaria y, en consecuencia, por una política migratoria y de asilo común. Frente a visiones exclusivamente securitarias, debemos apostar por fomentar las vías legales de acceso y por reforzar la inclusión y la cohesión social. No podemos renunciar a los valores y el espíritu con los que nació el proyecto común europeo: los valores del humanismo y de la defensa de los derechos humanos y la convivencia.

En definitiva, espero de esta nueva etapa una Europa fuerte. Capaz de pensar un futuro del trabajo inclusivo y sostenible. Capaz de sostener un pilar social firme, en el que todos los ciudadanos europeos se sientan protegidos. Capaz de recibir e integrar a quienes llegan entre nosotros en busca de un futuro mejor

Más compromiso y mayor protección

Luis Planas
Ministro de Política Territorial y Función Pública y de Agricultura, Pesca y Alimentación en funciones

Las seis directrices políticas que la presidenta electa de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, enunció en su discurso de investidura son cruciales para que Europa continúe siendo un actor de primera fila a nivel global.

Necesitamos fortalecer la Unión para poder competir en el futuro, manteniendo los valores que nos caracterizan: la democracia, la defensa de los derechos humanos, la sostenibilidad o el Estado de Bienestar.

La UE debe seguir siendo una unión a la que estemos orgullosos de pertenecer, lo que implica más compromiso pero también mayor protección para sus ciudadanos.

Para ello, los presupuestos comunitarios para el próximo período 2021-2027 deben tener una dotación suficiente. Especialmente para las políticas fundamentales para avanzar en sostenibilidad, empleo, igualdad y cohesión social y territorial, y también para una mejora de nuestra competitividad mediante la innovación y la digitalización.

Apoyamos una mayor ambición medioambiental de la futura Política Agrícola Común (PAC), que debe reforzar la lucha contra el cambio climático. Pero por esa razón debe conservar su presupuesto. La PAC es un contrato social que debemos mantener, con el apoyo a los agricultores ante las nuevas exigencias.

Por otro lado, aunque la PAC post 2020 se adapte a las distintas realidades de los países europeos, debemos reforzar su carácter común. También es fundamental la incorporación del enfoque de género, tal y como hemos promovido desde España, y seguir impulsando el relevo generacional.

La PAC y la Política Pesquera Común (PPC) -que establece un aprovechamiento sostenible de los recursos pesqueros y acuícolas- deben seguir siendo prioritarias, ya que contribuyen de forma decisiva a conseguir los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030,

En relación al comercio internacional, la UE desarrolla una gran labor de estabilización en un contexto actualmente muy complejo de auge del proteccionismo y tensiones entre las potencias mundiales. Por ello, la UE debe promover acuerdos progresistas y equilibrados, que tengan en consideración la lucha contra el cambio climático, los estándares sociales y laborales y compensaciones a aquellos sectores que se vean más perjudicados. Todo en aras del beneficio colectivo que el comercio internacional regulado ha demostrado históricamente.

Sin duda, son muchos los retos que tenemos por delante y sólo a través del esfuerzo, la cooperación y la solidaridad, verdaderos pilares de la UE, podremos abordarlos con éxito.

El momento de la acción climática

Teresa Ribera
Ministra para la Transición Ecológica en funciones

En su discurso ante el Parlamento Europeo, la candidata a presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, quiso dejar claro que la acción climática será uno de los motores de su mandato. “Queremos que Europa se convierta en el primer continente neutro desde el punto de vista climático del mundo en 2050”, señaló. Toda una declaración de intenciones que viene a responder a la creciente y cada vez más consensuada necesidad de acción climática que se respira en las calles de toda Europa, donde jóvenes, y no tan jóvenes, reclaman a sus cancilleres verdad y determinación frente a la crisis ecológica que experimentamos. La frase tendrá varias pruebas de concreción en los próximos meses. Por ejemplo, poniendo en marcha un test de sostenibilidad en frontera que garantice la competitividad de los productos de la UE, que internalizan el coste de producir CO2, haciendo realidad el Fondo Europeo de Transición Justa y, ya en 2020, revisando al alza la contribución comunitaria al Acuerdo de París (NDC, por sus siglas en inglés). Es imprescindible subir el listón, pasando –como ya han propuesto diversos gobiernos, entre ellos Francia y España– de un compromiso de reducción de las emisiones del 40% en 2030, respecto a 1990, a un compromiso del 55% para ese año. De esta manera se allanará el camino hacia la necesaria neutralidad en carbono de la UE a mediados de siglo.  Es viable y, sin duda, es positivo para el conjunto de los europeos.

La transición hacia un sistema descarbonatado representa una oportunidad única para construir una UE cohesionada en torno a un modelo de prosperidad basado en dos principios: la justicia social y el respeto a los límites del planeta. Tanto en el seno de la Unión como en cada Estado miembro, este proceso de transición ecológica puede articularse a través de nuevos contratos sociales que orienten los flujos financieros, que generen trabajos “verdes” decentes en todos los sectores y que pongan freno a la pérdida de biodiversidad. Para ello, es necesario un esquema claro de financiación que facilite la transformación de infraestructuras y de los modelos de producción y consumo. Y, por supuesto, estos “Green New Deals” han de compatibilizarse con instrumentos de acompañamiento para no dejar a nadie atrás y para cercenar la exclusión social.

Estos pactos tienen que ser, en suma, un instrumento para alcanzar la Justicia Climática. Justicia entre generaciones pero también entre países y dentro de la sociedad. Un instrumento que requerirá de seguimiento y, por tanto, habrá que determinar quiénes vigilan.

El tiempo de las declaraciones pasó. Y el mundo cuenta con un marco de gobernanza claro, el Acuerdo de París. Es el momento de la acción climática y el papel de la Comisión Europea, junto a los del Banco Central Europeo y Banco Central Europeo de Inversiones, serán determinantes. Los primeros pasos, que incluyen la candidatura de Frans Timmermans como vicepresidente primero de la Comisión y encargado de elaborar el Pacto Verde Europeo, constituyen una señal poderosa. Pero esta acción debe impregnar todos los espacios de decisión.

La acción por el clima es posible, y es buena para todas y todos. Estamos a tiempo.

Completar la Unión Bancaria 

Nadia Calviño
Ministra de Economía y Empresa en funciones

ÁLEX PUYOL

La Unión Europea inicia en noviembre una nueva etapa con la toma de posesión de la Comisión presidida por Ursula von der Leyen, en la que Josep Borrell jugará un papel relevante al frente de la diplomacia comunitaria. La legislatura comienza su andadura en un momento crucial, de profundas transformaciones, de retos que está en nuestra mano convertir en oportunidades: el cambio climático, la revolución digital, la cohesión o la igualdad. Desde las instituciones comunitarias y a nivel nacional hemos de trabajar para hacerles frente y también sentar las bases de una Europa más fuerte, la que mayoritariamente apoyaron los ciudadanos en las pasadas elecciones.

España tiene que jugar un papel importante en este proceso; el que le corresponde como uno de los grandes Estados miembros, con una sociedad profundamente pro-europea y un gobierno comprometido con el refuerzo de nuestro modelo de economía social de mercado, de crecimiento inclusivo y sostenible económica, social y medioambientalmente.

En el ámbito económico, hemos de avanzar en la Unión Económica y Monetaria, aprovechando la actual fase de crecimiento para solventar las carencias puestas de manifiesto durante la crisis y reforzar el euro como un factor de estabilidad y prosperidad para todos los ciudadanos.

Por eso urge completar la Unión Bancaria, crear un mercado de capitales integrado y establecer mecanismos de estabilización a nivel central que sirvan de refuerzo a la política fiscal nacional.

Contamos con una supervisión y un sistema de resolución únicos para los grandes bancos de la zona euro. Pero para culminar la Unión Bancaria falta un fondo único de garantía de depósitos. Hay que avanzar también en la creación de un mercado de capitales integrado y eficiente en la financiación de nuestras empresas, sobre todo de las PYMES; de una verdadera Unión para la Inversión y el Ahorro.

Más allá de los mecanismos de estabilización y crecimiento a través de los mercados financieros privados, es necesario profundizar la integración del sector público, con un instrumento presupuestario que ayude a mantener los niveles de inversión a través del ciclo y mecanismos adicionales de estabilización, por ejemplo, a través de un sistema común de seguro de desempleo. Después de años construyendo salvaguardias para el sector financiero, es el momento de poner la prioridad en los mecanismos dirigidos a las personas, que quieren, que merecen una Europa que proteja su seguridad y bienestar.

Para reforzar los presupuestos nacionales, evitar la pérdida de ingresos derivada de la competencia fiscal y en aras de la equidad, tenemos que avanzar hacia un sistema fiscal europeo más armonizado, justo y que responda a la realidad económica del siglo XXI, empezando por un tratamiento adecuado de la nueva economía digital..

El contexto internacional actual es muy exigente. La prolongación de las incertidumbres globales supone en sí misma la materialización de unriesgo que tenemos que afrontar. Pero ello no debe hacernos perder de vista que, aunque de forma más moderada, Europa continúa creciendo sobre unos fundamentos reforzados. Y que España crece con previsiones que duplican las de la media de la zona, capeando mejor que otros la actual situación.

Estamos pues en el momento propicio para reforzar nuestros instrumentos de integración económica y tomar decisiones que permitan acompañar el tono expansivo de la política monetaria, cada vez con menor margen de actuación, en aras de un crecimiento más sólido e inclusivo para el futuro.

España afrontará estos retos con una vocación marcadamente europeísta, contribuyendo constructivamente a los debates, aportando su experiencia y su compromiso con la estabilidad fiscal, la cohesión social y las reformas estructurales, pero también con una Europa que reduzca las desigualdades y ponga a los ciudadanos en el centro de su actuación como mejor camino hacia un crecimiento equilibrado y que no deje a nadie atrás.

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