Quién hubiera imaginado que el último resistente al desalojo de Franco fuera un fraile trabucaire

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Sin Maldad / José García Abad.

En política es muy difícil ser profeta, o sea, analista. Algunos, creo que muchos, no imaginamos que Franco muriera en una cama de la Seguridad Social. Tampoco imaginábamos una transición como la que se produjo, tripulada por Adolfo Suárez, el jefe de la Falange, del “Movimiento, Organización”,  y de aquel al que Franco había designado para sucederle a título de Rey. Una Transición pacífica, que se mereció la mayúscula, que de la ley a la ley legalizaría al Partido Comunista y llevaría a Josep Tarradellas, el último ‘president’, del exilio al palacio de la Generalitat.

Podríamos discrepar los analistas de entonces sobre la fuerza del posfranquismo, del franquismo sin Franco, y sobre la permanencia del dictador en el Valle de los Caídos, pero dudo que alguien, que no fuera un novelista de extrema fantasía, hubiera podido prever, ni siquiera imaginar, el espectáculo, al que asisto atónito, del traslado de los huesos de Franco a lo que supongo será su último destino.

EUROPA PRESS

Sin embargo, lo que estamos viendo se parece un tanto a un esperpento valleinclanesco. Resulta chocante  que después de tantos avales sólo resistieran al desalojo, además de la familia del dictador, un fraile y el hijo de un ministro de la Falange: Santiago Cantera, prior de la basílica, y Felipe Utrera Molina

Con la debida normalidad

La verdad es que, a pesar de las pequeñas peripecias que observamos, la decisión a la que no se había atrevido ningún presidente de Gobierno de la democracia está transcurriendo con la debida normalidad, lo que no debería sorprendernos tras 44 años de la muerte del dictador, algo más que los que ejerció de jefe del Estado.

Lo sorprendente es que se haya esperado tanto. Finalmente un gobierno se atrevió a desalojar al Caudillo de su egregia tumba, y hasta el Tribunal Supremo, la última institución que se ‘desfranquistizó’, incluso después del Ejército, lo avaló con unanimidad y sin salvedades, sin enredadora letra pequeña y, lo que históricamente resulta más significativo, con la bendición de la jerarquía eclesiástica con el Papa a la cabeza.

 

Como en un esperpento valleinclanesco

Sin embargo, lo que estamos viendo se parece un tanto a un esperpento valleinclanesco. Resulta chocante que después de tantos avales sólo resistieran al desalojo, además de la familia del dictador, un fraile y el hijo de un ministro de la Falange: Santiago Cantera, prior de la basílica, y Felipe Utrera Molina.

En realidad, el hijo de José Utrera Molina critica pero acata la sentencia del Tribunal Supremo y no ha llevado su fidelidad filial hasta la estridencia. Lo que se ha constituido en pieza de inspiración para otro esperpento de Valle-Inclán es la resistencia contra viento y marea, con vibrante “No Pasarán”, patético grito a la vista de cómo pasó Franco, en plan fraile trabucaire, espécimen de larga tradición nacional, de Santiago Cantera. Ni siquiera lo despidió brazo en alto una guardia de falangistas de la guardia de Franco.

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