Tras Franco, la Iglesia católica

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El Acento / Inmaculada Sánchez.

Ya es cuestión de días. Por fin, Francisco Franco dejará de tener una tumba de honor en nuestro país. 45 años, muchas cobardías políticas y un inesperado sinfín de escollos administrativos y jurídicos después, los restos del dictador serán trasladados a una sepultura familiar. El último, la patética resistencia del prior de la Basílica del Valle de los Caídos nos recuerda, sin embargo, que no sólo Franco ha conseguido burlarse durante décadas de nuestro democrático y afable Estado.

La Iglesia católica mantiene un incontable e indigno listado de privilegios nacidos de su connivencia con el franquismo que aún hoy, incluso después de que Franco salga del Valle de los Caídos, va a seguir indemne. No ha de extrañar, por tanto, la ridícula obstinación del prior del Valle, negando legitimidad a los dictámenes de nuestro Tribunal Supremo. Para su visión del mundo actual, la Iglesia en España ha logrado sobrevivir, pese a determinadas vicisitudes históricas, ajena a la Ilustración o a la Revolución Francesa y a la separación Iglesia-Estado que alumbró el fin de la Edad Moderna.

La Iglesia católica mantiene un incontable e indigno listado de privilegios nacidos de su connivencia con el franquismo que aún hoy, incluso después de que Franco salga del Valle de los Caídos, va a seguir indemne

Sólo así puede entenderse su numantina negativa a la ejecución del traslado de los restos del dictador decidido por el poder Ejecutivo (decreto-ley del Gobierno), confirmado por el poder Legislativo (votación mayoritaria del Congreso de los Diputados) y ratificado por el poder Judicial (dictamen del Tribunal Supremo).

Y sólo así, también, bajo la certidumbre de nuestra reciente historia, puede explicarse que la Iglesia católica española no abone el impuesto de la mayor parte de sus bienes inmuebles; que el Estado le pague, año tras año, los sueldos de sus profesores de religión en la escuela pública, asignatura incluida en el currículum y horario escolar; que continúe recibiendo financiación vía IRPF pese a haber acordado hace años que se autofinanciaría, y que el Estado, incluso, le complete los millones que le faltan… Para que no le falte. Franco sale del Valle, por fin. Ahora ya tocaría sacar a la Iglesia de sus nichos de privilegio.

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