Los vecinos de Cerceda felicitan a su vecina Teresa Calleja por su 100 cumpleaños

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El Ayuntamiento de El Boalo, Cerceda, Mataelpino ha querido felicitar en su nombre y en el de todos los vecinos de los pueblos que conforman el municipio a Teresa Calleja, vecina de Cerceda, por su 100 cumpleaños, celebración que ha tenido lugar este pasado 11 de diciembre.

Según explican desde el Consistorio, “Teresa nació el 11 de diciembre de 1920, en el pueblo manchego de Villaescusa de Haro, Cuenca, a 200 kilómetros de Cerceda, y sus 100 años de vida se resumen entre dos pandemias. Su vida comenzó cuando todavía el mundo entero se sacudía del azote de la última gran pandemia conocida hasta la fecha, la gripe española de 1918”.

Desde muy temprano, han contado, “con tan solo 10 años Teresa y sus hermanas Julia, Servanda y Nieves, salieron de su casa con su tío taxista, hacia Madrid, para instalarse en el barrio de Cuatro Caminos. Su tío compró un taxi nuevo y pronto prosperó en la ciudad. Recuerda con ilusión como preparaban la tortilla para ir a ver al Atleti en el Metropolitano con su hermana Servanda. La Guerra Civil la pasaron en Madrid y también los primeros años duros de la postguerra. En Madrid conoció el trabajo de los serenos, y como se recogían los residuos de las casas “puerta a puerta”, sacando los restos de las casas en un cubo que luego vaciaban en los carros que pasaban haciendo la ruta de cada barrio”.

A su marido Isidoro, vecino de Cerceda, continúan, “lo vio por primera vez en una lechería que su tía regentaba en Madrid, y por la que él se pasaba todas las semanas. Fueron 8 años de ir y venir de noviazgo, de Cerceda a Madrid y de Madrid a Cerceda, hasta que se casaron en 1949.Y años complicados también por el trajín que Isidoro se traía con el Ayuntamiento puesto que fue nuestro Alcalde desde 1946 hasta 1952, ya que a pesar de que su amigo Roque le cubría el puesto en muchas reuniones, desde que que se casaron, Teresa le reclamó siempre más atención para el negocio que los dos tenían en la avenida principal de Cerceda, un bar-tienda en el que cada vez daban más comidas junto a la Plaza”.

Por eso, recuerdan, “un día Teresa se lo dejó muy claro a Isidoro: “tienes que elegir entre el Ayuntamiento, y el negocio y la familia”, e Isidoro eligió y muy bien. De lo que no pudo convencerlo nunca fue de trasladar su negocio a Madrid, Isidoro tenía pasión por su pueblo, y aunque la acompañaba a ver locales por barrios de la capital para abrir futuros negocios, pronto se dio cuenta Teresa de que esa era una tarea imposible. Pronto tendrían a su segunda hija Mari Carmen. La mayor María Teresa, nos cuenta hoy algunos de los recuerdos que todavía tiene de aquella tienda bar, de la cocina de carbón, del pozo con el que llenaban el depósito a cubos para poder fregar en la cocina”.

En el bar, señalan, “la especialidad eran los pollitos tomateros, que ellos mismos criaban. Eran el plato preferido de los cazadores que subían a la Sierra y de las cuadrillas de camineros y obreros que paraban por la zona. También tenían muchos clientes de Moralzarzal, y nos recuerda el paso por su casa del famoso torero Domingo Ortega, que tenía su finca en Navalcaide. Pasaban mucho por la tienda tanto él como el personal de la finca, a la que acudió en un par de ocasiones para ver las fiestas de los tentaderos que hacían en la pequeña plaza. Durante las fiestas de Cerceda el bar se desbordaba. Tenían que improvisar una barra junto al patio de los vecinos para atender la terraza que se colocaba entre el bar y el cuartel de la Guardia Civil, en la fachada de la Escuela y Tenencia de Alcaldía, que luego hiciera las veces de Consultorio Médico durante tantos años”.

Teresa relata cómo se amontonaban las cajas de los botellines por todas partes, puesto que no había cerveza en barril para grifo, y también como Bernardo, que hoy regenta el bar avenida junto a su hermana Puri, les ayudaba desde muy pequeño con las tareas de la barra como extra durante las Fiestas. Y también la unión entre las familias de los pueblos vecinos durante esos días de fiestas, para los que su casa siempre estaba abierta.

Otro de los recuerdos que no consigue olvidar es de la cacera Del Río Samburiel, que recorría la calle principal del pueblo desde su entrada por la Dehesa y hasta el cuartel, y después volvía por la Morera para regar los prados. Las familias cogían de ella el agua para lavar y fregar, y hasta pescaban los lucios que bajaban desde el embalse de Navacerrada. Toda una vida de recuerdos rodea a Teresa en su pueblo, Cerceda, que también acabó siéndolo para sus otras dos hermanas, Servanda y Nieves. Igual que ella, asegura, “se enamoraron y casaron con mozos del pueblo, y de las ahora tiene a sus sobrinos Chano, Conchi y Pablo, y José Manuel y Alfonso. También nos habla de sus nietos Miguel Ángel y Ángel Luis, y de sus cuatro biznietos: Paula, Miguel, Marcos y Angelito, que la llenan el corazón de alegrías. Ellos la llaman bis y el más pequeño dice que su bis cumple hoy un 1 un 0 y otro 0…Por su noventa cumpleaños toda la familia le regaló una fiesta sorpresa con su hermana Nieves y muchas amigas. Lo pasaron muy bien ese día. Hoy no van a poder repetirlo, pero todos cuentan los días con ilusión en que la vacuna nos permita vencer al Coronavirus, o a “el gusano” como le dice su biznieto. Todos menos Teresa, porque ella lo tiene claro y no tiene miedo: “Si me tienen que vacunar que se la pongan a otro que le haga más falta que a mi.”

Desde el Consistorio han destacado que “Teresa tiene tanta vitalidad que es imposible terminar la conversación. Primero porque el teléfono no deja de sonar y son muchas las llamadas que le llegan para felicitarla, y ella las despacha con toda normalidad y agradecimiento. Y en segundo lugar porque son muchas las historias que recuerda perfectamente y que quiere compartir con nosotros, como son dos de sus aficiones: el cine y la paella. El cine de las películas que se proyectaban en el Salón, hoy el Frank Tavern, y en la Plaza por el Tío Domingo con su pantalla gigante y donde su hermana Nieves ponía las pipas y helados desde el kiosco que atendía junto a la plaza. Y la paella porque siempre le gustó mucho y se le dio muy bien cocinar arroces en el bar. Así que no nos podemos marchar sin encargarle un arroz a domicilio de uno de nuestros restaurantes para que lo disfrute en un día tan especial, porque desde luego Teresa que te lo mereces”.