Anticorrupción eleva las penas a los gestores de Bankia, pero salva piadosamente a la CNMV y al Banco de España

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La fiscal anticorrupción, Carmen Launa, ha diferenciado entre los que metieron la mano y los que miraron para otro lado omitiendo sus responsabilidades de vigilancia. Algo peor que meter la pata. / EUROPA PRESS

Destacado Económico / N. L.

La instrucción judicial de la salida de Bankia a Bolsa, tras ocho años de la salida al mercado y siete de su nacionalización por el gobierno Rajoy, está a punto de sentencia. La fiscal anticorrupción Carmen Launa, en su informe final, cuya lectura el pasado lunes le llevó cinco horas, ha calificado el caso de acontecimiento que marca una de las épocas más duras de nuestra historia reciente, “donde se volatilizaran los ahorros de miles de españoles en una época en la que se produjo el mayor rescate financiero de nuestra historia de España en el que uno de sus grandes protagonistas fue precisamente Bankia”.

La fiscal Launa pide en su informe final la elevación de las penas impuestas a los gestores al incluir un nuevo delito, el de falsedad contable, de cinco años a ocho y medio para Rodrigo Rato, pero no solicita pena alguna para los reguladores: los responsables de vigilar la legalidad de la salida a Bolsa: la CNMV y el Banco de España. Carmen Launa se limita a ponerles ligeramente a caldo.

 

Eleva las penas a quienes metieron la mano y salva a los que miraron
para otro lado

En definitiva, distingue entre la comisión de errores por parte de dichos organismos y la comisión de delitos atribuidos a los gestores de Bankia. Ha diferenciado entre los que metieron la mano y los que miraron para otro lado omitiendo sus responsabilidades de vigilancia. A los que sólo piadosamente se puede decir que metieron la pata. Fue una metedura de pata próxima a la complicidad o, al menos, a una negligencia culposa.

En nuestra humilde opinión, pensando no sólo en Bankia, sino también en otros escándalos bancarios como el del Popular, no se puede salvar a los malos gestores, pero tampoco al supervisor de la banca y cajas, al Banco de España ni a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

La gran culpa es del ladrón pero también se puede juzgar, más allá de un varapalo verbal, como ha hecho Launa, la gestión de la policía financiera. Y de la otra, como en el caso de FG/Villarejo. No nos parece que se deba limitar la responsabilidad de algunos directivos en los casos Bankia y Popular a la mera mala gestión, a errores en los que cualquier ser humano puede incurrir.

Cuando en una organización los directivos ven que el jefe hace cosas raras, que se lleva el dinero de una u otra forma, que se cobran comisiones sin que importe engañar al cliente, ellos lo hacen también. Los presidentes de los bancos, que tienen un poder omnímodo, no pueden eludir su culpa.

El Banco de España tiene buenos inspectores e instrumentos suficientes para vigilar y actuar en el día a día de las entidades. Y, siempre en nuestra humilde opinión, el Banco de España tiene una gran responsabilidad, el gobernado por Jaime Caruana, nombrado por el gobierno Aznar y el que dirigió Miguel Ángel Fernández Ordóñez, colocado por el de Zapatero. Ambos sabían lo que estaba pasando. En el caso de Bankia ha quedado claro que la cúpula del Banco de España exigió a sus inspectores que miraran a otro lado cuando Rato decide sacar Bankia a Bolsa.

La fiscal Launa pide en su informe final la elevación de las penas impuestas a los gestores al incluir un nuevo delito, el de falsedad contable, de cinco años a ocho y medio para Rodrigo Rato. / EP

“Una de las mayores estafas”

La fiscal anticorrupción Carmen Launa sostiene que “lo que aquí se ha juzgado es una de las mayores estafas que hemos conocido tanto por su cuantía como por el número de afectados y el impacto que tuvo en la economía en general”.

Opina Launa que valorar el grupo BFA en 6.000 millones de euros por encima de su precio real “no fue un error empresarial, como tampoco lo fue crear con estos activos sobrevalorados una filial, Bankia, y sacarla a Bolsa sobre la base de un folleto que ocultaba esta sobrevaloración ficticia y el deterioro real, todo ello aderezado con una imponente campaña de publicidad fingida sobre la realidad”.

Tampoco considera simplemente un error “mantener la ficción de unas cuentas saneadas a 31 de diciembre de 2011, ocultando las abultadas pérdidas del grupo inmobiliario y la inviabilidad de la matriz, cuyo principal activo sufría un deterioro de más de 5.000 millones de euros que no habían sido registrado, ofreciendo al mercado, mediante hechos relevantes, una imagen de fortaleza inexistente”.

En definitiva, entiende la fiscal que tales actuaciones no fueron errores, fueron falseamientos conscientes de la realidad económica del grupo BFA-Bankia transmitidos al mercado y a terceros por los acusados para mantenerse en sus puestos de poder y privilegios”.

 

Suma suavidad con los supervisores

“Quizás –asegura Launa– el supervisor hubiera tenido que requerir mayores comprobaciones y estudios” de los informes y datos que recibía de la entidad financiera, pero la elaboración y responsabilidad de dichos datos recae sobre los administradores. No obstante, la información de la que disponía el Banco de España, “de forma indirecta y semioculta”, no implicaba que fueran avales por parte del organismo al hecho de que Bankia saliera a Bolsa con cuentas falsas, de ahí que únicamente proceda el reproche penal a los acusados.

 

Delgado y Casasús fueron demoledores

No tuvo en cuenta la magistrada las declaraciones de los inspectores Delgado y Casasús, que aunque trataron de dejar bien a la institución, tiraron por los suelos a los directivos de la misma que primero les pidieron que vieran las cuentas de Bankia de color rosado y luego, cuando no había forma de ocultar el desastre, los directivos, que temieron por su pellejo, les ordenaron que extremaran el rigor.

Ambos funcionarios coincidieron, con expresiones contundentes, en pintar el cuadro tenebroso de unos errores y falsedades que nos ha costado a los españoles 22.000 millones de euros. Ellos habían diagnosticado y comunicado al gobernador que BFA/ Bankia no tenía arreglo; que la salida a Bolsa era un despropósito y que los dirigentes de la entidad se repartían abultados bonus mientras Bankia estaba en caída libre.

 

Los inspectores Delgado y Casasús tiraron por los suelos a la cúpula del Banco de España que primero les pidió que vieran las cuentas de Bankia de color rosado y luego, cuando no había forma de ocultar el desastre, les ordenó que extremaran el rigor. / EP

Fue como maquillar a un muerto

Delgado explicó que antes de la Oferta Pública de Suscripción (OPS) ya se apreciaba un volumen de activos contabilizados de forma normal, cifrando en unos 20.000 millones, la morosidad encubierta en las cuentas de 2011. Calificó el inspector la fusión de las siete cajas de Bankia y la salida a Bolsa de “maquillaje de un muerto».

En la misma línea, Casasús remachó que había alertado del estado real de BFA-Bankia en abril de 2011, tres meses antes de su salida a Bolsa. «Vimos –explicó– lo que vimos con la primera foto trimestral de 2011. Antes sólo conocíamos la mitad del grupo [Caja Madrid]. En diciembre de 2010 el problema era la rentabilidad, en el primer trimestre nos dimos cuenta de que el grupo no tenía viabilidad, que era un banco en caída libre». Y sentenció: “Eso fue una imprudencia. Fue un proceso acelerado, forzado y con riesgo operacional».

Casasús relató que el jefe de grupo, Pedro González, les pidió a los inspectores «optimismo» en sus informes a mediados de 2011 hasta que hubo un cambio «curioso» a finales de ese año: «Se mueven las cosas por arriba y nos dicen que hay que pintar la situación, cargar más las tintas, para que la crisis no nos cogiera con el pie cambiado».

El testigo expresó su indignación contra Rato y otros directivos de Bankia que intentaron repartir entre la plantilla 150 millones de euros. “Fue la primera vez –confesó– que vi un indicio de delito”.

 

Si hay que fiarse de los gestores sobran los reguladores

Tampoco atribuye la magistrada responsabilidad alguna a la CNMV, que “en principio no podía conocer ni corroborar los estados financieros incorporados al folleto”, y que, según la fiscal, “exigió más allá de lo exigible, de hecho, porque pidió que figuraran las cuentas de las siete cajas”. Por ello, la Fiscalía Anticorrupción considera acreditado que el supervisor bursátil “cumplió con sus funciones de transparencia, pues no era su labor comprobar la exactitud contable”.

Hombre, Launa, con ese argumento, si hay que fiarse de los que dicen los gestores, no se justifica la existencia del Banco de España ni de la Comisión Nacional del Mercado de Valores.

 

El mayor desastre de nuestra historia financiera

Bankia fue el mayor desastre de nuestra historia financiera y el mayor error de la política económica del presidente Rajoy. Como recordaba el presidente de la Asociación Española de la Banca, José María Roldán, en conversaciones con José Garcia Abad para su libro ‘El malvado Ibex’, “yo en aquellos momentos estaba de ‘roadshow’, dando la cara con los inversores extranjeros. Había una gran preocupación en el FMI porque Bankia era muy grande y su futuro muy relevante para el sistema financiero”

En efecto, el ‘caso Bankia’ y su nacionalización el 9 de mayo de 2012 se ha convertido en uno de esos fenómenos que dibujan un antes y un después; en el mayor escándalo que vieron los tiempos, que ha reducido a la dimensión de pecadillos, de anécdotas sin importancia, a las ‘rumasas’ y demás catástrofes financieras del pasado.

Bankia se ha constituido en referencia universal. Los periódicos y televisiones de todo el mundo abrieron sus primeras páginas y sus telediarios con Bankia, una palabra que se leyó como sinónimo de la falsedad española que hacía temer que este país no fuera fiable.