Si sumamos, gana España

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Belén Hoyo.

La acepción tercera de la Real Academia Española define la palabra “suma” como “lo más sustancial e importante de algo”. En pocos días se cumplirá el límite constitucional para que el candidato designado por Su Majestad el Rey se someta a la investidura como presidente del Gobierno –si es que finalmente hay algún candidato–  y, frente a la descomposición política de la izquierda, el resto de formaciones debemos aunar esfuerzos en defender nuestros principios compartidos y las bases fundamentales del centro político liberal-conservador.

En el momento de escribir este artículo –tal vez usted lo lea cuando Sánchez vuelva a ser presidente en plenas funciones o tal vez lo haga cuando ya se haya firmado el Decreto de convocatoria de elecciones para noviembre– la incertidumbre es total: los supuestos socios de investidura siguen peleando por repartirse cargos –sin cargas–, sillas, sillones, despachos y hasta organismos que, en teoría, son independientes del Gobierno. Incluso han sido capaces de plantear la creación de una oficina pública –es decir, pagada por todos– para vigilar el cumplimiento de un posible pacto de gobierno entre PSOE y Podemos.

Las elecciones consiguieron que el Partido Socialista perdiera el rumbo como partido de Estado: prefiere estar en funciones que hacer cualquier propuesta que permita la gobernabilidad de nuestro país. El PSOE de Sánchez es más sectario, si cabe, que el de Zapatero. Las elecciones lo han retratado

Tony Judt, un renombrado historiador inglés, decía que “a veces, en la vida haces elecciones y a veces las elecciones te hacen a ti”. En el caso actual, el PSOE ya sabía que tenía que convocar elecciones desde el momento en el que firmó la moción de censura. Las elecciones de abril convirtieron al Partido Socialista como la formación política con más escaños en el Congreso y situaron al Partido Popular como principal y, visto lo visto, único partido que puede hacer una oposición firme y leal con las instituciones. Sin embargo, las elecciones no hicieron a Pedro Sánchez presidente del Gobierno, al menos hasta ahora. Las elecciones consiguieron que el Partido Socialista perdiera el rumbo como partido de Estado: prefiere estar en funciones que hacer cualquier propuesta que permita la gobernabilidad de nuestro país. El PSOE de Sánchez es más sectario, si cabe, que el de Zapatero. Las elecciones lo han retratado.

¿Ante qué situación nos podemos encontrar? Todo indica que ante unos nuevos comicios que tendrán como principal y único responsable a Pedro Sánchez y al Partido Socialista. Según dicen los analistas, Sánchez prefiere elecciones para intentar rascar algunos escaños más y hundir en la miseria a Podemos. Podemos se encuentra en una vorágine de debates y asambleas de amiguetes que no saben muy bien por qué apostar, ni tampoco por quién: si por elecciones o por llevar gratuitamente –apreciemos aquí el ‘capitalismo gubernamental’ de Pablo Iglesias– a Sánchez a La Moncloa y, si por Iglesias o por su compañera ‘galapagueña’ Irene Montero.

Desde el Partido Popular no apostamos por una repetición electoral. Pensamos que no sería una situación buena para España en el contexto de incipiente desaceleración económica que nos encontramos –a los datos me remito–, pero estamos preparados para cualquier situación.

En este contexto es importante que, ante la división que promueven ciertos partidos del centro-derecha como Ciudadanos o Vox, la ciudadanía española que comparte los valores de la libertad y la igualdad, que se preocupa por la unidad de nuestro país, que quiere menos impuestos, que cree en la economía de mercado y el Estado del Bienestar y que se siente cómodo en nuestro modelo constitucional se una alrededor de la suma que representa el Partido Popular. No se trata de criticar a nadie, sino de reunificar aquello que nunca se debió romper por luchas de liderazgos y por bandazos ideológicos. Unamos lo sustancial, lo importante. Si sumamos, gana España y el resultado de la suma será el gobierno que queremos. No hay más alternativa.