El juicio. La Inquisición contra Goya (Ed. Harper Collins, 2026) es el último libro de Luis Zueco, uno de los autores patrios con más tirón entre los lectores de novela histórica.
Tras su exitosa bilogía formada por El tablero de la reina y El mapa de un mundo nuevo, donde narró importantes acontecimientos e intrigas sucedidas durante el reinado de Isabel la Católica, el autor aragonés avanza en el tiempo hasta finales del siglo XVIII y primeros del siglo XIX. Lo hace para contarnos algo poco conocido sobre Francisco de Goya, uno de nuestros pintores más universales, una historia envuelta en ciertos misterios que actúan como engranajes perfectos de la maquinaria de toda la novela.
La serie de grabados “Los Caprichos” publicados en 1799 y el propio artista de Fuendetodos son los ejes de una novela que no quiero desvelarles en demasía, pero sí apuntar que, si les gusta el arte, la historia y las historias en las que está envuelta la Inquisición, además de la intriga y los secretos aún no desvelados del todo, seguro que les gustará la última propuesta de Luis Zueco. La trama es muy ágil y fresca, de capítulos breves y personajes muy bien trazados que se mueven por callejas, plazas y paseos del Madrid de entonces, una villa y corte que no para de crecer, una capital de España repleta de marcados contrastes, donde confluyen entornos cortesanos y palaciegos deslumbrantes con una muy abundante población que vive con lo justo y otra que linda claramente con la miseria más descarnada.
“Los Caprichos” fue una obra revolucionaria y muy personal, ya que el genial pintor aragonés la acometió por iniciativa propia, sin el encargo de ninguna iglesia, cabildo, noble o rey, a diferencia de la mayor parte de su extensa producción pictórica. Dichas estampas destilaban una clara denuncia social y política y sacudieron pronto a la sociedad de entonces, un mundo que se movía entre los ambientes más ilustrados, abiertos a nuevas ideas, reformas y visiones, frente a las resistencias más tradicionalistas y rígidas encarnadas por una Inquisición ya en horas bajas, pero que tenía aún su peso y despertaba temor entre los ciudadanos solo con oír mentar a “la Santa”, como era conocida.
Termino ya, no sin señalar otro aspecto muy atractivo de El Juicio: una misteriosa mujer que Goya osó retratar desnuda y que se asoma en la portada…
Periodista y escritor