Durante décadas, el término «taller de chapa y pintura» definió perfectamente la actividad de los talleres de carrocería. Sin embargo, la evolución tecnológica del automóvil está transformando esa realidad a gran velocidad. Los vehículos actuales incorporan cada vez menos chapa convencional y apuestan por materiales más avanzados como el aluminio, el acero de alta resistencia y el acero de ultra alta resistencia, diseñados para mejorar la seguridad, reducir el peso y aumentar la eficiencia energética.
Así lo refleja el informe «La nostalgia y la posventa» elaborado por Solera y presentado durante el congreso Posventa Iberia, organizado por Cesvimap en Ávila. El análisis, realizado sobre una muestra de 200 modelos, concluye que la composición de las carrocerías ha cambiado de forma notable en las dos últimas décadas. Mientras que en 2005 la chapa tradicional dominaba prácticamente toda la estructura exterior de los vehículos, en la actualidad pierde protagonismo frente a materiales más sofisticados.
La tendencia resulta especialmente visible en los fabricantes asiáticos. Según el estudio, en los modelos coreanos la chapa representa actualmente el 69% de los materiales de la carrocería, mientras que el acero de alta resistencia alcanza ya el 26%. En los fabricantes europeos la evolución ha sido más moderada, aunque la chapa también reduce su peso específico y todavía supone el 83% de los materiales utilizados en la carrocería.
El caso más llamativo es el de Tesla, donde la utilización de materiales ligeros alcanza cifras inéditas. Según los datos de Solera, el aluminio representa el 39% de la estructura, frente a apenas un 16% de chapa convencional. Además, el acero de alta resistencia y el acero de ultra alta resistencia alcanzan el 22% y el 23%, respectivamente, superando ambos el peso de la chapa tradicional en la composición del vehículo.
Este cambio responde a una estrategia común de la industria. Organismos como la Euro NCAP destacan que el empleo de aceros de alta resistencia permite mejorar la capacidad de absorción de energía en caso de accidente y aumentar la protección de los ocupantes. A ello se suma la necesidad de reducir peso para disminuir consumos y aumentar la autonomía en los vehículos electrificados.
Sin embargo, esta evolución también tiene consecuencias para la posventa. Muchos de estos materiales requieren procedimientos específicos de reparación e incluso, en determinadas zonas estructurales, obligan a sustituir piezas completas en lugar de repararlas. Según explicó José Luis Gata, responsable de desarrollo de negocio de Solera, el tradicional «bollo de chapa» está dando paso a intervenciones más complejas que repercuten en toda la cadena de valor, desde los talleres hasta las aseguradoras.
El automóvil del futuro será más seguro, eficiente y ligero, pero también exigirá talleres cada vez más especializados y equipados con nuevas tecnologías. Quizá por ello, la denominación de «taller de chapa y pintura» empiece a quedarse pequeña para describir una realidad en la que la chapa ya no es la gran protagonista.