El próximo 12 de agosto tendrá lugar un eclipse total de Sol, un fenómeno astronómico en el que la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol durante unos minutos, y que podrá contemplarse en determinadas zonas del planeta. El último que se produjo, de estas características, y que se pudo ver en España fue en 2005, y habrá que esperar hasta 2027 para volver a contemplar otro de forma total desde la península ibérica.
Aunque el oscurecimiento del ambiente puede invitar a mirar directamente al cielo, los especialistas insisten en que se trata de uno de los momentos de mayor riesgo para la salud ocular si no se dispone de una protección adecuada.
La falsa percepción de seguridad —provocada por la disminución de la luz ambiental— es uno de los principales peligros. El sol sigue emitiendo radiación ultravioleta e infrarroja de alta intensidad incluso cuando está parcialmente oculto, y esta puede producir lesiones oculares severas y permanentes.
Desde el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega recuerdan que la única forma segura de observación directa es el uso de gafas de eclipse homologadas que cumplan la norma ISO 12312-2:2015, un estándar que garantiza la filtración adecuada de la radiación dañina.
Una lesión silenciosa pero irreversible
“La radiación que existe durante un eclipse puede provocar una lesión fotoquímica o térmica, algo que puede causar daños permanentes
en nuestra visión. Este riesgo existe tanto si se mira al sol sin protección a simple vista como si se utilizan métodos inadecuados”, explica el doctor Jesús Merayo, director del Instituto Universitario Fernández-Vega.
El problema añadido es que el daño ocular no siempre es inmediato ni doloroso. La retina carece de receptores del dolor, por lo que la exposición puede pasar desapercibida en el momento. Las consecuencias pueden aparecer horas o incluso días después, cuando ya se ha producido la lesión, señala.
La radiación ultravioleta puede dañar directamente las células retinianas, mientras que la infrarroja afecta a los tejidos oculares por efecto térmico. En conjunto, pueden desencadenar lo que se conoce como retinopatía solar, una lesión que en algunos casos puede dejar secuelas permanentes.
Síntomas de alerta
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran la visión borrosa, la aparición de una mancha central en el campo visual —como un punto oscuro o desenfocado—, la distorsión de líneas rectas que pasan a verse onduladas y la dificultad para leer o enfocar detalles.
También puede presentarse queratitis actínica, una afectación de la superficie ocular que provoca dolor, lagrimeo e irritación. Ante cualquiera de estos síntomas tras la observación del eclipse, los especialistas recomiendan acudir de forma inmediata a un oftalmólogo.
No obstante, los expertos subrayan que el tratamiento más eficaz es la prevención, ya que algunas de estas lesiones pueden ser irreversibles.
Errores frecuentes
Uno de los errores más comunes es pensar que unas gafas de sol oscuras ofrecen protección suficiente. No es así. Este tipo de lentes reduce la luminosidad, pero no filtra la radiación ultravioleta e infrarroja de forma segura.
Tampoco son válidos los métodos caseros como radiografías, cristales ahumados, filtros improvisados o cualquier material opaco no certificado. Aunque puedan disminuir el deslumbramiento, no garantizan la protección de la retina frente a la radiación solar.
“Las gafas de sol convencionales, por oscuras que sean, no ofrecen la protección necesaria. Y los métodos caseros pueden ser aún más peligrosos porque generan una falsa sensación de seguridad”, advierte el doctor Merayo.
Asimismo, se desaconseja observar el eclipse a través de cámaras, prismáticos o telescopios sin filtros solares específicos. Estos dispositivos concentran la luz y aumentan el riesgo de daño ocular. Incluso con gafas de eclipse, no es seguro mirar directamente a través de instrumentos ópticos no preparados para este fin.
Cómo observar el eclipse de forma segura
La recomendación principal es utilizar siempre gafas certificadas y en buen estado, sin arañazos, perforaciones o deterioros. En caso de llevar gafas graduadas, el filtro solar debe colocarse por encima, nunca sustituirlas.
Incluso con protección homologada, los especialistas aconsejan realizar observaciones breves, de unos 30 segundos, alternadas con descansos, para reducir cualquier riesgo acumulativo.
En el caso de un eclipse total, existe un breve intervalo de seguridad durante la fase de totalidad, cuando el sol queda completamente oculto. Solo en ese momento puede retirarse la protección, volviéndola a colocar inmediatamente en cuanto reaparece el primer borde luminoso.
Los más vulnerables: niños y jóvenes
Los expertos insisten especialmente en la supervisión de los menores, ya que un gesto de curiosidad puede bastar para mirar al sol sin protección durante unos segundos y provocar un daño irreversible.
Por ello, recomiendan la vigilancia constante de un adulto y la planificación previa de la observación, asegurándose de que todo el material utilizado cumple con los estándares de seguridad.