Porqué Pozuelo se llama de Alarcón

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Este año se cumple el 390 aniversario de la venta del lugar de Pozuelo de Aravaca a don Luis de Ocaña y Alarcón, Caballero de la Orden del Hábito de Santiago del Consejo de su Majestad, secretario de las tres Órdenes Militares de Calatrava, Santiago y Alcántara y Regidor perpetuo de la Villa de Madrid. El cual estableció un mayorazgo para su hijo D. Gabriel de Ocaña y Alarcón.

El lugar dejó de pertenecer al rey y pasó a denominarse Pozuelo de Alarcón.

Justificación de la venta de lugares realengos.

En1621 heredó la corona Felipe IV, y al subir al trono se encontró con que las arcas reales estaban vacías por haber sido superiores los gastos que las rentas. Sus antecesores gastaron el dinero en defensa de los Estados de la Corona y defendiendo la Fe Católica. Debido a esto, no sólo gastaron las rentas y frutos de cada año, sino que también se vieron forzados a vender muchos lugares realengos. Carlos I y Felipe II, de acuerdo con los pontífices, ya habían vendido propiedades eclesiásticas como monasterios y posesiones de Órdenes Militares. También en el reinado de Felipe III se vendieron lugares realengos, en ocasiones, con gran oposición de sus moradores.

Felipe IV justificó que él también tenía muchos gastos, entre ellos la toma de Breda, la provisión de ejércitos de mar y tierra, la lucha contra los rebeldes de Flandes defendiendo la fe católica y en los reinos y estados, que la corona tenía en Italia, para conservar la reputación y autoridad de la Monarquía. Todo esto, motivó que el rey se encontrase en un gran aprieto con su Real Hacienda, por lo que tuvo que recurrir a todos los medios posibles para salir adelante. Consultó a las Cortes y a su Consejo de Hacienda y vista la gravedad de la situación, el Rey pidió autorización para vender 20.000 vasallos de cualquier villa y lugar realengo que tuviera jurisdicción propia de aldeas y ciudades, desmembrándolas de ellas y haciéndolas villas con jurisdicción civil y  criminal alta y baja, mero mixto e imperio, o vendiéndolas a personas particulares y universidades eclesiásticas o seglares “… a cuya causa me ha sido necesario usar de diversos medios y arbitrios de mucho daño para excusar otros mayores que se hubieran padecido…”. El 6 de mayo de 1625 se autorizó la venta de esos veinte mil vasallos.

Condiciones de la venta.

En 1626 mediante Reales Cédulas de 15 de enero, 31 de marzo y 20 de agosto, salieron a la venta lugares realengos que tenían jurisdicción propia y aldeas de cualquier ciudad separándolas de ellas y haciéndolas “villas de por sí y sobre sí”, con jurisdicción civil y criminal alta y baja mero mixto e imperio. Podían comprarlas personas particulares o universidades, tal y como se había solicitado. Si las villas y lugares que se vendiesen no llegaran a tener 100 vecinos, se tenían que medir los términos. Una vez hechas las averiguaciones, siempre se cogería la fórmula más beneficiosa para la Real Hacienda. Las ventas se tenían que hacer en nombre del Rey y justificarse en el Consejo de Hacienda, sin que los compradores obtuviesen ningún tipo de privilegio de los diputados, los cuales tenían que obrar con justicia de acuerdo con las normas establecidas. El Tesorero General, mediante carta de pago, certificaría haberlo recibido en el Consejo de Hacienda. Los compradores tenían que pagar con dinero de plata doble, pagándoselo a Bartolomé Spínola, que era el Factor General. Todo se debía de hacer mediante escritura de venta, para que el Rey diera poderes y comisiones a los consejeros, audiencias, tribunales, jueces y justicias. Otra de las condiciones que se estableció fue que tenían que notificar a los habitantes de las aldeas, que se fueran a vender, la intención de esa venta con el fin de que, si ellos quisieran comprarla y podían hacer frente al pago, fueran los primeros en optar a la compra.

De la primera fase de la venta, que ascendía a 17.500 vasallos, se encargaron Octavio Centurión, Carlos Trato y Vicencio Squarcatigo, pero poco después el rey los cesó de su cargo y por Real Cédula de 22 de septiembre de 1627, encargó a Bartolomé Spínola que prosiguiera con la venta hasta completar los 20.000 vasallos.

La venta de Pozuelo de Aravaca

El 21 de enero de 1629, el propio Bartolomé Spínola decidió comprar el lugar de Perales    –hoy  Perales del Río-, de la Jurisdicción de la Villa de Madrid, con los vasallos que tuviera y todo lo contenido en sus términos, con su jurisdicción civil y criminal y baja, mero mixto e imperio, señorío y vasallaje, penas de cámara y sangre, calumnias, mostrencos y escribanías si fuesen anejas de la dicha jurisdicción, y con todas las demás rentas jurisdiccionales del señorío y vasallaje y jurisdicción del dicho  lugar, anejas y pertenecientes a él, “…desde la hoja del monte hasta la piedra del río y desde la piedra del río hasta la hoja del monte…”, pagando por cada vasallo de los que tuviese el lugar 17.000 maravedíes o a razón de 6.350 ducados por legua, lo uno o lo otro a elección del rey. Pero poco después,  Spínola renunció a dicha compra y fue cuando Luis de Ocaña y Alarcón, perteneciente al Consejo de Contaduría Mayor de Hacienda de su Majestad, se presentó junto con su hijo, Gabriel de Ocaña y Alarcón, en este  organismo pidiendo subrogarse a la deuda que tenía Spínola por la compra de Perales, pero cambiando el lugar de Perales por la aldea de Pozuelo de Aravaca, justificándolo por tener, desde hace mucho tiempo, casa y hacienda en este lugar y haber  prestado servicios al Rey desde hacía 32 años, alegando que estos eran motivos justificados para que se le concediera la subrogación de la venta de Perales por la de Pozuelo de Aravaca. Así mismo, presentó el permiso y consentimiento del Ayuntamiento de la Villa de Madrid reunido el 3 de diciembre de 1631. Pidió que se vendiera en las mismas condiciones que se vendió Perales a Spínola y si Pozuelo fuera más grande y tuviera más vecinos, la diferencia habría que abonarlo a la Real Hacienda.

Oído por la Villa y dando fe los porteros (oficiales subalternos de la Corte encargados de hacer cumplir las órdenes reales), fueron llamando a todos los caballeros y regidores que estuvieran en ella para ver la propuesta de Luis de Ocaña y Alarcón y tomar soluciones a lo que el dicho señor pedía. Visto el informe, se acordó la subrogación que Luis de Ocaña y Alarcón solicitaba, cambiando el lugar de Perales por el de Pozuelo de Aravaca, debido a la vinculación que don Luis tenía con Pozuelo (era propietario de una finca y casa solariega ubicada en la actual Plaza del Padre Vallet). Tenía que pagar a Spínola lo que él había pagado por Perales y pasar este lugar a depender nuevamente de la Villa de Madrid, y la demasía que pudiera valer Pozuelo, puesto que era más grande y tenía más vecinos, se pagaría a la Real Hacienda de su Majestad. Pidió que no se cambiara ninguna condición en las que se vendió Perales y de esta forma, se ejecutaría el contrato con toda firmeza y seguridad para lo que se mandaría medir y amojonar los términos de Perales y de Pozuelo de Aravaca.

Dra. María Esperanza Morón García
Cronista Oficial de la Villa de Pozuelo de Alarcón