Carmen Calvo desvela una verdad ocultada por los gobiernos: que los órganos independientes no lo son

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Sin Maldad / José García Abad.

Las malas lenguas aseguran que la mejor prueba de que Pedro Sánchez no quiere, en realidad, un pacto con Pablo Iglesias, es que ha enviado a negociar con Unidas Podemos a la vicepresidenta Carmen Calvo.

Las malas lenguas parece que se quedaron cortas, de forma que los ciudadanos tienen razones para seguir el consejo popular producto de amargas experiencias: “Piensa mal y te quedarás corto”.

Carmen Calvo es toda pasión y a veces la pasión se anticipa a la prudencia calentando su boca, que en este caso se ha plasmado en indiscreción al insinuar el pasado miércoles en la SER que el PSOE podría ofrecer a Unidas Podemos la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el Defensor del Pueblo o el CIS. Se percibían suspendidos en las ondas, al ser invocados por su entrevistador, otros órganos reguladores o fiscalizadores como la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), o entidades diversas como RTVE y hasta la Agencia Tributaria, que la vicepresidenta no se permitió desmentir, pues, aseguraba, todo ello estaba para ser negociado.

Carmen Calvo es toda pasión y a veces la pasión se anticipa a la prudencia calentando su boca que, en este caso, se ha plasmado en indiscreción al insinuar el pasado miércoles en la SER que el PSOE podría ofrecer a Unidas Podemos la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el Defensor del Pueblo o el CIS.

Calvo cometió la torpeza de revelar la verdad rompiendo una ficción política

Yo comprendo que, a veces, la Vicepresidencia es un cargo difuso, un tanto flácido, sin menesteres concretos que algunos o algunas de sus titulares compensan con declaraciones a los medios. A veces, ocurre lo contrario, como fue el caso de Soraya Sáenz de Santamaría, la ‘vicetodo’, que metía sus poderosas manos y su afilada nariz en todos los ministerios, en Cataluña, y, desde luego, en el control de los medios de información, al tiempo que se lucía con verbo implacable en el Parlamento, fustigando con certero látigo a la oposición.

Parece que a Carmen Calvo le cuesta encontrar un ámbito de actuación poderoso o al menos claro. En la aludida entrevista radiofónica cometió la torpeza de revelar la verdad rompiendo una ficción política mantenida por todos los Gobiernos: que, en realidad, los órganos de control independientes son fuertemente dependientes del poder político. Que entidades a las que se las supone la máxima independencia como la CNMV, la CNMC, el Banco de España o el CIS siempre han estado presididas por personas fuertemente ligadas al partido en el poder. Y desde luego RTVE o la Agencia Efe.

Siempre políticamente positivo, sostengo cordialmente que la independencia de los órganos “independientes” nunca se ha producido. No por maldad ni por interés partidario, sino porque es resultado de un sistema que, a veces contra el imperativo de la división de poderes, proporciona a los partidos el nombramiento de los miembros de dichos organismos y hasta el de los integrantes del Consejo General del Poder Judicial, del Tribunal Supremo, del Constitucional; del de Cuentas y otros órganos más o menos judiciales.

No lo hacen por maldad

En definitiva, siendo positivo hasta el final, me permito suponer que todos los políticos de bien desean la independencia de esos órganos que, al margen del Ejecutivo, forman el entramado de una democracia de calidad; pero nadie quiere ser el más tonto del pueblo renunciando en favor del adversario a herramientas tan atractivas. Digamos que la convención establecida, sin base real pero asumida por la clase política de todos los colores, de que estos órganos autodefinidos independientes lo son de verdad, no se asume como una perversión del sistema, sino como una tarea aplazable para un futuro indeterminado. Una especie de programa máximo de la Democracia con mayúsculas.

La vicepresidenta Calvo sirvió en bandeja de plata a la gente de Unidas Podemos, la oportunidad de vestirse virtuosas y virtuosos, proclamando enfáticamente su indignación de que los socialistas les ofrezcan puestos en dichos órganos que debieran estar regidos por técnicos y no por políticos.

José Luis Ábalos mostró su categoría de vicepresidente de hecho

A la misma hora en la que Calvo se expresaba con su natural incontinencia, su compañero José Luis Ábalos, ministro, secretario de Organización del PSOE y, en mi opinión, vicepresidente de hecho, contestaba en Onda Cero, con la máxima cautela, a las preguntas de su entrevistador. No sólo eludió los ejemplos trampa que le esbozaba éste, sino que en el único ejemplo concreto al que se refirió, la supuesta entrega a Podemos de la Agencia Tributaria, remachó que esta entidad forma parte del Gobierno de la Nación y no es, por tanto, negociable. También negó que en el lote de la oferta entraran las empresas públicas, que en teoría no dependen del Gobierno, sino de sus respectivos Consejos de Administración. Otra mentira piadosa.


Lleva ejerciendo la profesión de periodista desde hace más de medio siglo. Ha trabajado en prensa, radio y televisión y ha sido presidente de la Asociación de Periodistas Económicos por tres periodos. Es fundador y presidente del Grupo Nuevo Lunes, que edita los semanarios El Nuevo Lunes, de economía y negocios y El Siglo, de información general. 

 

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