Colágeno para mantenerse joven

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Llegados a cierta edad no hay persona que no empiece a tomar colágeno diariamente. ¿Por qué? Pues porque a partir de los 30 años el organismo empieza a perder esas propiedades que tiene de producir esta proteína que hace que el cuerpo se desarrolle terso, fuerte y resistente, dese que nacemos. De modo que la disminución de colágeno va unida al envejecimiento del cuerpo. De hecho, a los 40 años la producción de esta proteína fundamental para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo se reduce a la mitad respecto a la adolescencia.

Es por eso que, con el paso del tiempo, los músculos se vuelven más flácidos, se pierde la densidad de los huesos produciendo enfermedades como la osteoporosis; también los ligamentos y las articulaciones van perdiendo su elasticidad y su fuerza; incluso el pelo se vuelve más débil y quebradizo; vamos perdiendo visión; empiezan a aparecer molestias en los dientes y en las encías; y, por supuesto, la piel va perdiendo toda su elasticidad y tersura, produciendo las tan temidas arrugas y la flacidez.

Hoy en día tenemos a mano alternativas para poder frenar la disminución de producción de colágeno. Esta proteína ya va incorporada a la mayoría de formulaciones cosméticas, precisamente por eso, por sus propiedades hidratantes y regeneradoras. Pero además de ser un componente importante en cremas faciales y corporales, también podemos ingerir el colágeno a través de una alimentación saludable o a modo de suplemento.

El colágeno hidrolizado aporta todos los aminoácidos necesarios para que el organismo funcione correctamente y para frenar ese proceso de flacidez que se va produciendo con los años.

Tipos de colágeno

Existen más de una veintena de tipos de colágeno diferentes. Los principales tipos son:

Tipo I: Se encuentra sobre todo en los huesos, la córnea, la dermis y los tendones. Lo que hace es aportar a todos los tejidos del organismo elasticidad y resistencia.

Tipo II: Está presente en los cartílagos, en algunas estructuras de los embriones y en el humor vítreo del ojo.

Tipo III: Está en los tejidos de los músculos, las venas y la piel.

Tipo IV: Se encuentra principalmente en la piel. Su función es la de mantenerla tersa.

Tipo V: Presente principalmente en los órganos y en los tejidos situados en el interior del cuerpo. Su función se asocia con la del tipo I, es decir, aportarle resistencia a los tejidos.

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