No te imaginas lo que puede pasar si no cambias el líquido de frenos de tu moto

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El líquido de frenos de una moto es uno de los componentes que los conductores generalmente pasan por alto.

Por esta razón, los expertos insisten en la atención y conservación global del automóvil,  y sugieren llevar a cabo la purga o la sustitución total de este líquido, una sustitución cuyo precio varía entre los 40 y los 80 euros y que puede prevenir un incidente y problemas serios y costosos de hasta 900 euros.

Por consiguiente, si se lleva a cabo de manera adecuada el cuidado del líquido de frenos se extiende la duración de otros componentes fundamentales del sistema de frenado de una moto, como las bombas de freno (manilla y pedal), los tubos flexibles y las mordazas. 

Si, por el contrario, estos componentes se encontraran en mal estado debido a un mantenimiento inapropiado, el precio del fallo completo podría implicar un «contratiempo» financiero de entre 150 y 900 euros o, aún peor, que la moto no frene adecuadamente causando un accidente.

Además, descuidar el mantenimiento del líquido de frenos puede causar filtraciones, llegando incluso a que la moto pierda por completo su capacidad de detenerse, teniendo en cuenta que el frenado del vehículo se realiza en un 85-90% con los frenos delanteros. Incluso, después de un mantenimiento adecuado, el motociclista notará de inmediato una mejora en la sensación y calidad al frenar.

También pueden ocurrir otras averías debido a un mantenimiento insuficiente. En particular, si se encuentran fugas en cualquiera de los puntos donde fluye este líquido, esas pérdidas pueden llegar a contaminar tanto las pastillas de freno como los discos de freno, lo que conlleva la necesidad de reemplazar ambos componentes junto con otro problema importante que puede variar entre 80 y 500 euros, dependiendo del modelo.

Finalmente, cabe considerar que el líquido de frenos es un componente que experimenta un considerable desgaste en situaciones de elevada demanda al sistema de frenado, como por ejemplo, en las descensos de una sierra, donde es muy común que el sistema alcance temperaturas superiores al punto de ebullición, reduciendo de manera significativa la eficacia de frenado y, por consiguiente, incrementando el peligro de siniestro.