Iglesias, contra sí mismo

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Pablo Iglesias compite contra sí mismo y el tirón electoral que demostró en abril. / EP
Pablo Iglesias compite contra sí mismo y el tirón electoral que demostró en abril. / EUROPA PRESS

Manuel Capilla.

El líder de Podemos afronta el 10-N con el reto de mantener el tirón político que demostró en abril, cuando sus intervenciones en los debates consiguieron elevar la expectativa de voto de Unidas Podemos. De no mantener el número de escaños actual y, por tanto, su poder de negociación con el PSOE, su liderazgo puede quedar seriamente tocado. Y más si el Más Madrid de Iñigo Errejón concurre a los comicios y consigue crecer a costa de los morados, como ya sucedió en las municipales y autonómicas.

¿Mereció la pena no apoyar la investidura por una secretaría general? ¿Fue una buena decisión rechazar el acuerdo con los socialistas por unas políticas activas de empleo que, por cierto, se comparten con las comunidades? Eso se preguntan algunos y algunas en el seno de Unidas Podemos, que consideran un riesgo innecesario volver a las urnas y querían un acuerdo a toda costa, incluso sin necesidad de entrar en el Gobierno. En esas horas críticas previas a la investidura de julio, entre los máximos responsables de Unidas Podemos cundió el temor de verse en el Ejecutivo atados de manos, con carteras vacías de competencias y, en cierto modo, rehenes de Sánchez. Sanidad, Vivienda e Igualdad, los ministerios que en ese momento ofrecía Pedro Sánchez, no están entre los ministerios más potentes, ni por presupuesto ni por competencias, que comparten con las comunidades. Tampoco era una propuesta proporcional en función de los votos y escaño que aportaba Unidas Podemos al acuerdo. Y los morados pensaron que podían tensar más la cuerda de la negociación. En el vértigo del último momento, Iglesias lanzó la oferta de las políticas activas de empleo desde la tribuna del Congreso. Su gran objetivo era Trabajo o, al menos, competencias importantes en esa cartera. “En último extremo, si no tenemos éxito, podremos volver a esta oferta”, valoraron en la cúpula morada.

Pero no contaban con que Sánchez se escaparía de esa oferta de gobierno de coalición en cuanto pudiera. Y con su negativa en julio, Unidas Podemos le dio esa oportunidad al presidente del Gobierno en funciones. Así las cosas, si para Pablo Iglesias mereció la pena elevar la apuesta en julio sólo lo sabremos la noche del 10 de noviembre. En Unidas Podemos confían mucho en su capacidad para hacer buenas campañas electorales invertir los pronósticos, pero también entienden que para llegar a un acuerdo –de gobierno coalición, porque en eso de momento hay unanimidad en Unidas Podemos, veremos después del 10-N- la otra parte tiene que querer. Y según la cúpula morada, Sánchez nunca ha querido. Por lo menos, desde las elecciones de mayo.

 

Mayo lo cambió todo

En casos de bloqueo político como el actual, volver a las urnas favorece al partido más votado. Esto fue lo que le sucedió a Mariano Rajoy en 2016. / EP
En casos de bloqueo político como el actual, volver a las urnas favorece al partido más votado. Esto fue lo que le sucedió a Mariano Rajoy en 2016. / EP

Siempre según la versión que Unidas Podemos ha transmitido en estos últimos meses, en su primera reunión tras las elecciones, el 7 de mayo, Sánchez le ofreció a Iglesias la presidencia del Congreso y tres ministerios de perfil bajo, cuyas denominaciones varían según las fuentes pero entre los que no estaba Igualdad, patrimonio de Carmen Calvo. Pero llegaron las elecciones autonómicas y municipales y, salvo la debacle de la izquierda madrileña, los socialistas han conservado y ampliado su poder territorial. Y algunos en Moncloa –quién sabe si el jefe de gabinete monclovita que más miradas ha concentrado en mucho tiempo, Iván Redondo- pensaron que, si Unidas Podemos no aceptaba un acuerdo pírrico, volver a las urnas no era una mala opción. Ejemplos de adelantos electorales fallidos hay varios en la historia reciente. Le pasó a Artur Mas, a Susana Díaz, a Matteo Renzi o a David Cameron. Todos aceleraron las convocatorias electorales inspirados por encuestas que les auguraban un aumento de los apoyos y el tiro les salió por la culata. Pero en condiciones normales y en casos de bloqueo político como el actual, volver a las urnas favorece al partido más votado. Esto fue exactamente lo que le sucedió a Mariano Rajoy en 2016.

En su intervención en Moncloa tras entrevistarse con el Rey esta semana, a Sánchez quizá le traicionó el subconsciente –o no- cuando afirmó que “los españoles ya hablaron claro en abril, y aún más claro en mayo”. Según el presidente, “los españoles eligieron avanzar, sin aventuras, con seguridad, con moderación”. “Moderación”, cinco veces repitió esa palabra Sánchez ante la prensa, colocándola como clave de bóveda de su campaña.

 

Una larga lista de agravios

Sólo desde este punto de vista –y según la versión de Unidas Podemos- se entiende el giro de Sánchez en la segunda reunión que mantuvo con Iglesias, cuando el presidente insiste en utilizar el término “gobierno de cooperación”, borrando la coalición de la ecuación. A partir de ahí arrancan los equilibrios dialécticos de los socialistas, tratando de aguar el acuerdo a toda costa. Primero, que si lo que aceptarían eran sólo independientes, propuestos por Podemos, sí, pero independientes. Luego que militantes de Podemos sí, pero no dirigentes de primer nivel. Después, que si no era posible un gobierno conjunto por las diferencias que mantenían sobre la cuestión catalana –en lo que Iglesias se comprometió a respetar y acatar la posición de Sánchez, incluso por escrito-. Un proceso que culminó cuando Sánchez le confesó a Antonio García Ferreras que el único problema era Iglesias. Que si él renunciaba a estar en el Ejecutivo, el acuerdo saldría adelante. E Iglesias, ante el estupor de más de uno en las filas socialistas, renunció, obligando a los socialistas a una negociación atropellada, en pocos días, que ya sabemos cómo terminó.

Desde entonces, lo sucedido en agosto y septiembre se resume en un intento por parte de Unidas Podemos de retomar las negociaciones donde se quedaron en julio, que ha chocado una y otra vez con la negativa de los socialistas, que sólo han querido negociar un acuerdo de legislatura en base al documento de 370 medidas que Sánchez presentó hace algunas semanas. Nadie en el PSOE es capaz de explicar de forma convincente por qué la oferta que se presentó en julio ya no está vigente. Como nadie en Podemos acierta a justificar por qué Iglesias la aceptaría ahora, cuando en julio Iglesias la despreció afirmando que esa oferta sólo abarcaba “un ministerio, el de Sanidad, una vicepresidencia sin competencias y dos secretarías generales convertidas en ministerios, Vivienda e Igualdad”.

 

¿Prietas las filas moradas?

Alberto Garzón ha optado por cerrar filas públicamente con la defensa del gobierno de coalición. / EP
Alberto Garzón ha optado por cerrar filas públicamente con la defensa del gobierno de coalición. / EP

Lo único bueno para Iglesias es que las grietas que aparecieron en Unidas Podemos en julio se han cerrado a lo largo del verano. Y no será porque desde las filas socialistas no se han intentado agrandarlas, afirman desde Podemos. En julio, fue a Alberto Garzón quien le hicieron saber que les cedían la cartera de Igualdad, algo que le habrían negado a los negociadores, Pablo Echenique y Ione Belarra. Así, comenzó a correr la especie de que Iglesias y su núcleo duro no habían sido completamente transparentes en las conversaciones con la delegación socialista, que integraban entonces y han integrado en septiembre, la vicepresidenta Carmen Calvo, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra.

Iglesias frenó en seco esas críticas internas abriendo el grupo negociador a sus socios: Enrique Santiago por parte del PCE e IU, Jaume Asens en representación de los Comuns, Juan López de Uralde, de Equo, y Yolanda Díaz como portavoz de Galicia En Común. Además, mientras crecían las voces que apostaban por cerrar un acuerdo de legislatura, sin entrar en el gobierno –especialmente desde IU-, Alberto Garzón ha cerrado filas públicamente con la defensa del gobierno de coalición.

Eso sí habrá que seguir muy de cerca qué sucede en Andalucía y, sobre todo, en Madrid. En el sur, la líder de Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez, ya apostó abiertamente por el apoyo externo al gobierno de Sánchez. Y no faltan voces que reclaman que la coalición –que también incluye a IU y alguna fuerza andalucista- se presente con sus propias siglas el 10-N. Mientras, en Más Madrid, salvo sorpresa de última hora, tienen decidido concurrir a las elecciones sólo en la Comunidad de Madrid, lo que amenaza con abrir una vía de agua importante en la representación de Unidas Podemos.

Iglesias, que se arrepiente de no haber llevado el mismo las negociaciones y haber delegado en Pablo Echenique. Habrá que ver si vuelve a tener una oportunidad como la que tuvo en julio.