Las piruetas de Rivera que marcarán el 10-N

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Albert Rivera, líder de Ciudadanos
El líder de Ciudadanos ha de hacer frente a un electorado desmovilizado y a las llamadas del PSOE y el PP al voto útil. / EUROPA PRESS

Virginia Miranda.

El espacio de centro vuelve a ser el más disputado de todo el espectro político después de que Albert Rivera lo dejara desatendido. El líder de Ciudadanos lo sabe y, después de lanzar una oferta a Pedro Sánchez en el tiempo de descuento para el 10-N, ha propuesto a Pablo Casado un pacto postelectoral. La petición de unas generales llega en el peor momento posible para el presidente de Ciudadanos con una sangría de votantes a izquierda y derecha, y sus bandazos amenazan con aumentar la ‘infidelidad’ que ya prevén las encuestas. Mientras PSOE y PP confían en rentabilizar su llamada al voto útil tras el fracaso de la política de bloques, el líder de la formación naranja juega a dos bandas con un nuevo objetivo: ser determinante en la formación de próximo Gobierno para no acabar siendo engullido por un nuevo bipartidismo.

Durante una intensa jornada de anuncios sorpresa y reuniones de última hora, Albert Rivera marcó la agenda del 16 de septiembre, el día en que las miradas debían estar puestas en el PSOE y Unidas Podemos. A poco más de 24 horas para que el jefe del Estado anunciara si algún candidato tenía o no apoyos suficientes para la investidura, el presidente de Ciudadanos apareció en rueda de prensa para anunciar “una solución de Estado a cambio de tres compromisos para que el fracaso de Sánchez no arrastre a España”.

Rivera ofrecía así su abstención al líder socialista a cambio de “la ruptura con Otegi y Bildu en Navarra para que gobierne ‘Navarra Suma’, estudiar la aplicación del 155 en Cataluña” además de “respetar las sentencias judiciales no pidiendo indultos” en caso de condena en el juicio del procés y “revertir sus políticas económicas en favor de la clase media y los autónomos de nuestro país”.

Efecto sorpresa

Después vino su encuentro con Pablo Casado, cordial pero con comunicados separados y sin compromiso de acción conjunta en el tiempo de descuento que restaba hasta que la Casa Real acabara anunciando que la investidura no era posible.

Rivera quería invitar al jefe de las filas conservadoras a abstenerse con él para poder facilitar la formación de un Gobierno socialista. Una jugada que el resto de fuerzas políticas interpretaron como una estrategia para reposicionarse ante la inevitable repetición electoral de quien tiene todas las de perder en las urnas y que pilló desprevenido al presidente del PP.

Aquello acaparó la reunión del comité de dirección de los populares, que reaccionaron enumerando las ocasiones en que, desde la celebración del 28-A, su líder había dado muestras de altura de Estado en distintas ofertas de pacto a Pedro Sánchez, pasando por Navarra, Cataluña y la política fiscal y presupuestaria, los tres puntos enumerados desde Cs.

El PP sólo acepta sumar a Cs a su equipo, no compartir terreno con quien, según las encuestas, está en peor forma física para disputar el 10-N

Rivera acababa de regresar al campo de juego del centro político donde PSOE y PP disputan la partida desde la vuelta de las vacaciones, pero los socialistas les sacan varios cuerpos de ventaja y los conservadores sólo aceptan sumar a Cs a su equipo, no compartir terreno con quien, según las encuestas, está en peor forma física para disputar el 10-N.

La clave vuelve a estar en el centro

La rentrée política ha venido marcada por los ajustes estratégicos de los dos grandes partidos y por los vaticinios demoscópicos que, en una ya anunciada convocatoria electoral, benefician los intereses de un viejo bipartidismo que ha releído los grandes clásicos de la política para ponerlos al día.

Pablo Casado dejó atrás aquellos días apresurados en que llamaba “felón”, “okupa” e “incapaz” a un Pedro Sánchez “sometido a independentistas y batasunos” para ofrecer pactos de Estado al socialista al tiempo que preparaba el camino hacia una campaña más centrada en aquello que su predecesor en el partido denominaba “los problemas que de verdad importan a la gente”. Por cierto que, un día después de la convocatoria del 10-N y según captaron las cámaras de La Sexta, el líder de los conservadores se reunía con Mariano Rajoy en un restaurante cercano a la sede de Génova, 13.

Pablo Casado en la sala de prensa del Congreso.
Pablo Casado, con su idea de España Suma, espera crecer a costa de Ciudadanos. / EP

Así y preparando ya el terreno de la precampaña, un líder del PP más centrado y más maduro arrancaba el curso político anunciando en Ávila la celebración de una convención económica “en la que el PP plantee qué proyecto tiene para el día a día de los españoles, para generar empleo, para bajar impuestos, para eliminar trabas y hacer fácil la vida a aquellos que madrugan”.

Mientras, el PSOE que llegó a ofrecer una vicepresidencia y tres ministerios a Unidas Podemos en julio comenzaba el mes de septiembre en modo precampaña, cerrando cualquier posible entrada de los de Pablo Iglesias y sus confluencias en el Consejo de Ministros e invocando términos como el de la estabilidad o el de la cohesión territorial.

 Albert busca su sitio

Los vaivenes políticos, electorales y demoscópicos han empujado en cuatro años a Albert Rivera desde el centrismo heredero del Adolfo Suárez de la Transición hasta la pugna con el PP para liderar la derecha que ocupó cómodamente en el Parlament de Cataluña, donde los conservadores mantienen una representación anecdótica tras haberse visto arrasados por una partido llamado constitucionalista sin pactos pretéritos con el nacionalismo.

De ser el líder más expuesto a las presiones Rivera pasó a tener el perfil más bajo y ahora es el que más votantes pierde en las encuestas

Así, los discursos de Casado y Rivera discurrieron paralelos camino del 28-A, con un marcado acento “antisanchista”, “antipopulista” y “antibatasuno” que equilibró sus fuerzas en el Congreso a la baja debido a la irrupción de un Vox en discordia.

Después, tras las elecciones con un vencedor sin mayoría absoluta, quien se vio más expuesto fue el líder de Ciudadanos, que contestó la presión de sectores empresariales y mediáticos para facilitar la investidura del líder socialista con una nueva escalada de reproches a Pedro Sánchez y su presumible pacto con Unidas Podemos y el independentismo.

Aquello y la calculada ‘desaparición’ de Albert Rivera en pleno verano permitió desviar el foco, pero la estrategia no le salió todo lo bien que esperaba.

Malos augurios demoscópicos

Hasta que las encuestas analicen el efecto de la repetición electoral que, según los expertos en demoscopia, estará marcado por un aumento de la abstención, lo que no arroja lugar a dudas es que Ciudadanos es el partido que más deserciones de votantes ha estado sufriendo estos últimos meses: es el que más ha caído en intención de voto, la suma de las tres derechas es hoy menor, siempre según los sondeos, que la registrada en las elecciones del 28 de abril, y la suma de la formación naranja y el PSOE ha caído por debajo de la mayoría absoluta que sí alcanzan hasta la inminente disolución de las Cortes.

Quienes sí crecen son el PSOE y el PP. A costa de Unidas Podemos los socialistas y de Vox los populares. Y, en ambos casos, a costa de Ciudadanos, el partido con menos voto fiel de las cuatro principales formaciones del arco parlamentario. Concretamente y según Gravitas para elconfidencial.com, un 45 por ciento frente a más del 70 por ciento del resto.

Camino a la moderación

Así, el reto que se han planteado desde la formación naranja es convencer a la “gente moderada”, dijo el presidente de Cs a su grupo parlamentario en la reunión de este pasado jueves, donde también se dirigió a los que pretenden “cazar votos” para decirles que los electores ni son “tontos” ni son “números”.

Pedro Sánchez tras la rueda de prensa en Moncloa.
Pedro Sánchez, el candidato con más opciones según las encuestas, no tiene ya un veto explícito de Rivera. / EP

Mientras y para que a él le salgan las cuentas, Rivera ha rebajado sensiblemente el tono contra Pedro Sánchez eliminando de su vocabulario palabras como ‘banda’ con el compromiso, en palabras de Rivera, de “hacer una buena campaña, sin insultar ni abroncar a los españoles”.

Y aunque su relato sobre la culpabilidad de esta nueva convocatoria electoral lo ha focalizado en el líder socialista, no ha querido ponerse límites a sí mismo cuando, según las encuestas, lo mejor que le podría pasar tras el 10-N es ser determinante en la conformación de un nuevo Gobierno, ya sea del PSOE o del PP. De este modo y sin querer aclarar si volverá a llevar a su Ejecutiva un veto a Sánchez, se ha declarado dispuesto a “trabajar para reconstruir puentes, sean de derechas o de izquierdas” porque “los españoles ya no quieren que cavemos trincheras”.

Su primera opción, en cualquier caso, es llegar a un acuerdo con el PP. Aunque sea por un escaño más, ha dicho, si suma mayoría con Casado “formaré Gobierno en un mes”, una ecuación que no contempla a Vox y que, aunque los sondeos sitúan a la baja, habría de resultar clave en una operación de estas características.

Los inconvenientes

Este juego a dos bandas de Rivera ha de superar dos barreras fundamentales para tener ciertas garantías de éxito. Por un lado está España Suma, una plataforma registrada por el PP de carácter controvertido e impreciso –genera divisiones internas a nivel territorial y no ha habido una reunión formal entre partidos para concretar sus posibles términos– que, más instar a Ciudadanos a concurrir juntos a las elecciones, apela a la unidad del voto de centro derecha. Lo que se conoce como el voto útil, el mismo que hizo perder ocho escaños a la formación naranja en las generales de 2016: pasó de los 40 del 20-D a los 32 del 26-J.

De Ciudadanos han desaparecido voces moderadas como la de Toni Roldán, que participó en el acuerdo de la investidura fallida de Sánchez de 2016

Por otro lado está la desaparición de las voces más moderadas de Cs, como la del fundador Francesc de Carreras o del exportavoz económico, Toni Roldán, que abandonaron el partido después del veto de la Ejecutiva a Pedro Sánchez provocando una profunda crisis en la formación. El relevo lo tomaron personas como Marcos de Quinto o Edmundo Bal, que desde su llegada como fichajes estrella de Rivera para el 28-A han pronunciado palabras gruesas contra el líder socialista y sus políticas en materia económica o territorial. Un líder que, tal y como aventuran a día de hoy los pronósticos electorales, es el mejor posicionado para ganar de nuevo las generales.

De ser Sánchez el candidato más votado y de existir la posibilidad de sumar con Cs, lo de reconstruir puentes no va a ser tarea fácil. Pero no podrá decir el presidente en funciones que el líder de Cs no ha puesto ya la primera piedra. Lo hizo el lunes con su oferta de pacto. Que no iba tanto dirigida a evitar unas elecciones indeseables para Rivera como para, al menos, poner entre ambos el contador a cero.