Los retos pendientes

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En un año marcado por las elecciones del 26-M al Europarlamento, que a su vez han dado paso a una nueva legislatura fragmentada, los presidentes de las Comunidades Autónomas y los alcaldes de nuestras ciudades, que escriben para este Especial de nuestro 28 Aniversario, creen que es necesario trabajar en una mayor unión para superar los problemas a los que se enfrentan.

 

Retos para un curso decisivo

Juanma Moreno Bonilla-Presidente de la Junta de Andalucía

Europa no es un lugar al que uno va a pedir, ni un hermano mayor que nos resuelve los problemas, ni un refugio confortable para los momentos de apuro, ni el cementerio de elefantes de la clase política. Europa es el nombre de aquello que nos une y explica lo que somos; es una parte esencial e íntima de nuestra naturaleza y el punto de encuentro de quienes, en la cuna de la civilización, compartimos valores, principios, afanes, cultura e inquietudes similares o, al menos, compatibles. Por eso, espero de esta incipiente legislatura europea lo mismo que me exijo a mí y procuro estimular en los demás, desde mi responsabilidad al frente de la Junta de Andalucía: espíritu de entendimiento y colaboración, eficiencia, honradez y responsabilidad para afrontar los desafíos y atender las necesidades acuciantes que constituyen el día a día de las sociedades desarrolladas, modernas, abiertas, vivas y complejas.

Ser europeístas, como lo somos nosotros, implica este compromiso activo y colectivo. Es absurdo, y hasta inviable, querer ser un lobo solitario en un mundo donde tanto los problemas como sus soluciones tienen magnitud global. Solo de este modo se puede responder con opciones de éxito al fenómeno de la inmigración, que tiene en Andalucía una de sus grandes puertas de entrada; y al descalabro del Bréxit, un acontecimiento nefasto y una mala noticia incluso en el mejor de sus desenlaces posibles, para la que también nos hemos preparado en una comunidad donde viven 70.000 británicos y que mantiene con aquel país fecundas relaciones comerciales. Junto a lo anterior, el medio ambiente y el desarrollo sostenible, el empleo, la igualdad y las medidas ante la recesión son otras de las asignaturas troncales del actual curso político europeo, que está siendo especialmente duro y decisivo, pero también ilusionante y aleccionador.

Reconquistar el sentimiento europeísta

Miguel Ángel Revilla-Presidente de Cantabria

El proceso de construcción europea ha estado marcado desde su origen por retos apasionantes. Desde la reconstrucción de un continente asolado por dos guerras mundiales a la actual incertidumbre sobre el futuro de la Unión y las consecuencias del Brexit, han transcurrido más de siete décadas en las que la evolución de los países europeos ha estado estrechamente ligada al proyecto de cooperación y convivencia que hoy representa la UE. En mi opinión, debe seguir estándolo en el futuro.

Sin embargo, hay que reconocer que la crisis económica global desatada a partir de 2007 y, sobre todo, la gestión realizada por las instituciones comunitarias, su alineamiento permanente con los estrictos postulados mercantilistas liderados por Alemania y su rigidez frente a las penurias y el sufrimiento social de los países del sur han provocado una desafección bastante generalizada de los sentimientos europeístas que es preciso afrontar y reconducir para recuperar la confianza y la ilusión de la ciudadanía.
Esos sentimientos que se han visto tan debilitados en los años de crisis son la base y la razón de ser de la unión y deben ser reconquistados por las instituciones europeas a base de implicación con las preocupaciones reales de los europeos, aportando soluciones comunes a los problemas compartidos por los diferentes países, comoel envejecimiento, la despoblación del campo, la crisis permanente del sector agrario, la lucha contra el cambio climático, la necesidad de un nuevo modelo económico más sostenible y duradero…
La Unión Europea se encuentra en un momento decisivo para su futuro y no sólo por causa del Brexit. Es evidente que lo que ocurra con Inglaterra va a condicionar el proyecto de manera decisiva, pero no lo es menos que la Unión solo perdurará si logra mantener vivo el espíritu de la Europa social y ciudadana con el que se fundó.

Ya lo manifestó Robert Schuman en la histórica declaración de 1950 reconocida como el nacimiento de la Unión: “Europa no se hará de una vez, ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”.

“Europtimista” a pesar de todo

Emiliano García-Page-Presidente de Castilla-La Mancha

Que Europa como proyecto común de una gran mayoría de los ciudadanos europeos parece no pasar por sus mejores momentos es una realidad. Si uno enumera las condiciones que podían darse para la tormenta perfecta que amenazara la estabilidad del barco de la Unión, creo que serían escasas las que nos costaría identificar en las noticias que llevan sucediéndose en el ámbito internacional, y en el interior de Europa. Y sus síntomas empiezan a ser más que visibles, empezando por el Bréxit: Ascenso electoral de partidos nacionalistas de derecha que ponen en duda la autoridad común de la Comisión y el Parlamento Europeo, causalmente a partir de las dificultades que impone la crisis y la disciplina presupuestaria; al mismo tiempo, el aumento progresivo de la inmigración y la necesidad de acogida de refugiados procedentes de conflictos en los que, no se olvide, algo tenemos que ver.

Los euroescépticos ganan peso en el Parlamento Europeo, y también en algunos Gobiernos poco dispuestos a aceptar aquellas directrices cuyo respeto y seguimiento forma parte del contrato que suscribieron para sumarse a este gran proyecto que nace para buscar garantías de paz y de prosperidad en un contienen arrasado por siglos de guerras de todo tipo. Pero yo prefiero ser “europtimista”, porque también apuntan datos para el optimismo en el horizonte: las dificultades británicas generadas por su decisión de abandonar el barco, la caída de Salvini en Italia, la supervivencia de la PAC a pesar de la que está cayendo, la manera en que países como Grecia y Portugal han aguantado tensiones insoportables gracias, y no a causa, de la Unión.

Pero no basta con ser optimista. Hay que empujar, hay que remar, hay que exigir reformas y decisiones que permitan a los ciudadanos sentirse cómodos y protegidos en el seno de una Europa unida. Es necesario que se articule de verdad una auténtica política común y solidaria para afrontar desde los principios que nos hicieron fuertes la llegada de inmigrantes y refugiados, y que los Presupuestos vuelvan a liderar el reequilibrio territorial. España debe defender la PAC sin concesiones, porque también formó parte del contrato cuando ingresamos como país, y trabajar para que los fondos de cohesión permitan una aplicación más ágil, vertebradora y eficaz del esfuerzo de solidaridad europea.

España necesita ver en la unión a un socio no solo legal, sino leal, que no solo imponga condiciones financieras, sino que aporte soluciones conjuntas a problemas cuya localización geográfica limitada no exime de responsabilidad general. Una Europa de los ciudadanos y de las regiones, no solo de los Estados, que agilice la comunicación, la colaboración y el intercambio. Y creo que entre todos vamos a ser capaces de dar respuesta, aunque hay que trabajar en Bruselas y en Madrid, en Estrasburgo y en Toledo….

Cercanía y utilidad

Alfonso Fernández Mañueco-Presidente de Castilla y León

Ante todo me gustaría que, pese a sus fallos o defectos, no se olvidase lo que la UE significa hoy para sus habitantes: su mayor garantía de convivencia y bienestar. Ha sabido contrarrestar los impulsos nacionalistas que llevaron a Europa a dos espantosos conflictos el pasado siglo. Representa una tradición cultural milenaria en la que nacieron conceptos como la democracia, el parlamentarismo o los derechos humanos. Es una de las áreas económicas más prósperas del mundo, con el 20% del comercio global y una riqueza comparable a la de los EEUU y nos permite, en suma, ocupar un lugar propio dentro de los poderosos bloques mundiales hoy existentes. Europa debe seguir siendo, pues, nuestro marco de convivencia básico y es imprescindible que sepamos preservarla de las amenazas que hoy la acechan, entre otros, el resurgir nacionalista, los populismos inconscientes o las amenazas de ruptura, como el insensato Brexit.Conseguir esto implica trabajo y esfuerzo para acercar sus instituciones y sus políticas a todos los europeos y que estos perciban y asuman que sigue siendo un instrumento eficaz para ellos. Para asegurar su libertad, pero también para impulsar su desarrollo económico ymejorar su bienestar. Tiene medios sobrados para conseguirlo.En Castilla y León lo comprobamos, por ejemplo, a través la Política Agraria Común. Clave para alcanzar el mercado único y, sin duda, uno de los pilares de las construcción europea, ha asegurado alimentos a precios razonables, ha consolidado a la Unión como potencia agraria y alimentaria mundial y ha garantizado un parte importante de la renta agraria, casi un 40% en mi Comunidad, algo especialmente importante ante el protagonismo que tiene nuestro mundo rural, donde residen unas 900.000 personas. Por eso consideramos imprescindible que sus recursos queden blindados en el nuevo marco de financiación, conscientes también del importante peso que lo agrario y lo rural ocupa en otro de nuestros más importantes objetivos, como son los desafíos demográficos. A este respecto, Castilla y León ha impulsado desde el Comité de las Regiones, con un dictamen aprobado por unanimidad en 2016, la consideración del carácter estratégico de los mismos para toda la UE y que, por tanto, todas las políticas y fondos territoriales y de cohesión de la misma deban contar con esta necesaria perspectiva poblacional. En suma, cercanía y utilidad. Dos caminos esenciales para que esta nueva etapa de la UE que comienza se vea acompañada por el éxito.

Conscientes de nuestra pertenencia a Europa

Guillermo Fernández Vara-Presidente de la Junta de Extremadura

El pasado 26 de mayo se celebraron elecciones al Parlamento Europeo. Poco a poco co, al ritmo acompasado de la construcción europea, las instituciones comunitarias van tomando forma, vamos sabiendo qué proyectos se llevarán a cabo, qué personas asumirán responsabilidades y a quiénes tenemos que dirigir nuestras propuestas y reivindicaciones.

En Extremadura votó en las europeas más del 70% del censo electoral. Somos, por tanto, un pueblo plenamente consciente de nuestra pertenencia a Europa, de nuestros derechos y nuestras obligaciones como extremeños y europeos, y de la necesidad de una verdadera corresponsabilidad en este ilusionante empeño compartido que está plenamente alineado y comprometido con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Queremos contribuir, con el respaldo de la Unión Europea, a conseguir una Política Agraria Comunitaria justa, que garantice la renta de nuestros agricultores, unos alimentos de calidad y el desarrollo de nuestras zonas rurales. Queremos participar en el desarrollo de una economía verde y circular, impulsada por energías limpias, que contribuya a conseguir una Europa neutra en emisiones en 2050.

Queremos buscar soluciones, con nuestros socios europeos, a la falta de convergencia regional, a los desafíos demográficos y a la despoblación, lo que implica a su vez una nueva manera de entender y de gestionar las migraciones, para evitar nuevas muertes en el Mediterráneo.

Queremos que las distancias entre nosotros y el resto de europeos sean cada vez más cortas: distancias físicas, con mejores infraestructuras de transporte que garanticen nuestra movilidad y la de nuestras mercancías; distancias mentales, con sociedades más justas y derechos compartidos y un pleno desarrollo del Pilar Social; y distancias digitales y tecnológicas, eliminado las brechas existentes y desarrollando una política de innovación inclusiva. Solo de esta forma seremos todos partícipes de esta nueva revolución y lograremos que nadie se quede atrás.

Queremos un comercio justo. Como ciudadanos comprometidos con la sostenibilidad y el bienestar mundiales, desde Extremadura reivindicamos una Europa donde los acuerdos comerciales no estén nunca por encima del medio ambiente ni los derechos humanos.

Queremos, en definitiva, contribuir al relato de Europa, para que no se pierda en debates estériles que mezclan peligrosamente el populismo, el nacionalismo, el racismo y la xenofobia, debates que sólo conducen al fracaso de las ideas y al triunfo de la lucha contra lo diferente.

 

Europa prospera en la diversidad

Francina Armengol-Presidenta del Govern de les Illes Balears

La capacidad demostrada durante décadas por Europa para cohesionarse en la diversidad explica en gran medida el éxito del proyecto europeo. Y la misma pulsión integradora será clave en la etapa que ahora comienza, en la que la Unión Europea debe afrontar retos que marcarán el futuro de todos. Hablamos de desafíos tan importantes como el cambio climático, la gestión de los flujos migratorios, el desarrollo del pilar social europeo o el fortalecimiento de la Unión Económica y Monetaria, que exigirán nuevamente que todos nos involucremos en la búsqueda de soluciones capaces de integrar necesidades y realidades muy diversas en torno a objetivos comunes y estrategias compartidas.

No se podrá avanzar eficazmente en ninguna de las cuestiones mencionadas si no se consigue implementar, entre instituciones estatales y ciudadanía, la idea de corresponsabilidad en la respuesta a los problemas. En este sentido, solo el desarrollo y la consolidación de la identidad europea aseguran que todos los miembros de la sociedad europea se reconozcan entre ellos como conciudadanos con los mismos derechos, más allá de las fronteras estatales.
Así, desde la premisa de igualdad de derechos y oportunidades se podrá abordar y justificar el desarrollo de líneas políticas específicas para responder a las múltiples diversidades. Diversidades que son, en algunos casos, condicionantes tan severos como la insularidad que afecta a las Islas Baleares y a otros archipiélagos del territorio europeo.

Como islas, nuestro desarrollo económico está condicionado por la fragilidad ambiental de nuestro entorno, por las dificultades logísticas y por las evidentes limitaciones físicas y demográficas derivadas de la naturaleza insular. Estos factores, de importantes efectos sociales y competitivos, reclaman respuestas que han de ser igualmente diversas. Lo fueron para atender las necesidades específicas de los archipiélagos y territorios ultraperiféricos, y han de volver a serlo para abordar ahora las circunstancias compartidas por una insularidad mediterránea específicamente marcada por una mayor presión poblacional y turística.

Es esencial por ello un replanteamiento de las políticas concretas destinadas a los territorios insulares mediterráneos. Los gobiernos afectados trabajamos desde hace años en propuestas normativas que facilitan la movilidad, en medidas fiscales capaces de contrarrestar la merma competitiva ligada a la insularidad y en políticas de desarrollo social y ambientalmente sostenible. Ahora, las islas mediterráneas necesitamos que nuestro propio esfuerzo cuente con la complicidad de las instituciones comunitarias.

Es preciso para ello que la Unión Europea impulse desde todos sus niveles líneas estratégicas especiales para los archipiélagos mediterráneos. Regiones como las Illes Balears, pionera en la adopción de leyes de lucha contra el cambio climático o gestión y reducción de residuos, se convertirán así en las mejores aliadas para que la UE siga a la vanguardia en la lucha contra la emergencia climática y la contaminación o en el desarrollo de modelos de crecimiento que partan siempre de la sostenibilidad social y ambiental. La diversidad que ha cohesionado Europa en las últimas décadas, nuestra capacidad para asegurar la igualdad de los ciudadanos mediante la adopción de medidas siempre adaptadas a las desigualdades territoriales, ha de seguir siendo el vector que guíe nuestras estrategias para hacer frente a los desafíos globales.

Europa es nuestro presente y nuestro futuro

Isabel Díaz Ayuso-Presidenta de la Comunidad de Madrid

“Europa es nuestro futuro, Europa es nuestro destino”. Esta cita del ex canciller Helmut Kohl expresa de un modo contundente y claro el espíritu en que todos los ciudadanos europeos tenemos unido nuestro futuro de un modo tal que no es posible separar la evolución, el desarrollo de unos del de los demás.
Como presidenta de la Comunidad de Madrid no podría imaginar un futuro mejor para los madrileños y para los españoles que en el corazón de Europa, apoyando e impulsando un proyecto de construcción europea que ha llegado más lejos de lo que sus padres fundadores, allá por los años 50, pudieron imaginar.

Europa nos ha dado un espacio sin fronteras en el que podemos movernos libremente. Esta integración ha supuesto, a través del programa Erasmus, que millones de estudiantes europeos hayan podido vivir una experiencia académica en otro estado miembro; ha ofrecido a nuestras empresas y trabajadores un mercado único del que participamos (aún con la Europa de 28) más de 500 millones de personas; ha facilitado mecanismos de solidaridad que han ayudado a mejorar nuestras carreteras e infraestructuras; ha mejorado nuestra estabilidad económica y ha impulsado la innovación como motor del crecimiento. Todo ello en una sociedad que se apoya en una historia y unos valores comunes, que se plasman en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea y que todos compartimos: “El respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías”.

La Unión Europa. Nuestra Unión, afronta retos mayúsculos: algunos son económicos como la negociación de un nuevo presupuesto europeo, o con mayor alcance, la consolidación de un verdadero mercado único, que minimice las trabas aún existentes y que complete la Unión Económica y Monetario. Pero otros tienen un alcance más global: necesitamos un enfoque europeo para abordar el reto medioambiental, desarrollar juntos una respuesta a las distintas crisis internacionales alas que Europa no puede dar la espalda, incluyendo una política migratoria común, o de modo más inmediato, el cierre ordenado del Bréxit. Solo a través de la cooperación y del compromiso con el proyecto europeo podremos, juntos, todos los europeos definir el futuro de la Unión que, como decía antes, es nuestro futuro.

En estos momentos de incertidumbre internacional, Europa sigue siendo la mejor respuesta. En un mundo global como el nuestro sólo si nos mantenemos unidos y hablamos con una voz única en el mundo podremos los europeos ser un actor relevante y transformador del mundo.

En definitiva, junto, los europeos lograremos alcanzar mejores niveles de bienestar y de desarrollo para nuestras sociedades. Paradójicamente, quien tenía esto muy claro desde hace ya más de setenta años era un británico, Winston Churchill, que en 1946 decía que “Si Europa se uniera, compartiendo su herencia común, la felicidad, prosperidad y la gloria que disfrutarían sus tres o cuatrocientos millones de habitantes no tendría límites”. Ese es el camino que espero que sigamos recorriendo juntos los ciudadanos europeos.

En este proyecto común de todos los europeos, cada uno de nosotros tenemos un papel que desempeñar y, desde luego, Madrid quiere ser actor relevante y proactivo en él, junto con el resto de España.

El principio de subsidiaridad impone a las regiones europeas una voz singular por su cercanía a los ciudadanos. Por ello, la Unión Europea prevé una participación de las regiones en este proceso orientado directamente al servicio de sus ciudadanos. Y la Comunidad de Madrid va a responder a esta responsabilidad con una participación activa en los foros previstos por la Unión Europea.

En ese sentido trabaja ya el gobierno que presido y ésta será una de nuestras prioridades, ayudas a que sigamos caminando “unidos en la diversidad” como madrileños, españoles y europeos que vivimos en libertad e igualdad.

La necesidad de la Unión

Ximo Puig-President de la Generalitat Valenciana

Europa comienza a escribir una nueva página en su larga historia. Las recientes elecciones han dado como resultado un Parlamento Europeo fragmentado y plural que es un buen reflejo de la realidad de un continente diverso que quiere seguir avanzando hacia la unidad y la cohesión sin renunciar a carácter heterogéneo que forma parte de su identidad. Y desde esa multiplicidad de posiciones políticas, de ideologías o de intereses regionales muy distintos emerge, de manera muy clara, la idea de seguir adelante en el camino emprendido hacia una Europa fuerte, diversa, democrática y solidaria.
Europa es una necesidad para todas las sociedades del continente. No hay alternativa ni Plan B, fuera de Europa solo hay aislamiento, irrelevancia o marginalidad. Y, generalmente, autoritarismo y falta de democracia. Todos lo sabemos, y por eso ha sido posible llegar a un gran acuerdo entre las principales fuerzas políticas europeas para constituir una mayoría que garantice la continuidad de la construcción política del continente.

Las críticas sin fundamento real, las falsedades anti europeístas o los discursos populistas que apelan a los sentimientos más primarios suelen conseguir a corto plazo apoyos o multiplicar los discursos del odio y el resentimiento. Pero todos sabemos que no resisten un mínimo análisis ni que tampoco pueden sustentar sus mentiras durante mucho tiempo sin llevarnos al desastre. Los ciudadanos europeos deben darles la espalda radicalmente.

Los defensores del Brexit apelaron a esos discursos y obtuvieron con ellos una victoria pírrica, que fue en sí misma un fracaso de consecuencias aún hoy impredecibles. Seguir por esa vía de la división supondría un retroceso de décadas para los europeos que no se limitaría a las grandes cifras macroeconómicas o a las instituciones públicas: todos nos veríamos afectados gravemente en nuestro día a día, porque a todos nos concierne el día a día de Europa.

Por esa razón los resultados de las pasadas elecciones europeas suponen una gran inyección de esperanza para la Europa que queremos, para ese continente libre, próspero y solidario que ha superado viejos rencores y ha ofrecido a centenares de millones de personas una gran casa común, un espacio abierto y acogedor en el que luchar por su futuro y contribuir al bienestar de todos. Seguimos teniendo un gran futuro por delante, juntos. Encontraremos nuevos retos y obstáculos, pero sin duda seremos capaces de superarlos. La Unión de Europa es una necesidad. La única manera de ser fuertes y ganar el futuro.

Salvar la UE

Adrián Barbón-Presidente del Principado de Asturias

La construcción europea es el único sueño político del siglo XX que continúa vivo. En un mundo que parece haber desistido de los grandes proyectos, la UE es una rareza.

La pregunta que debemos hacernos quienes creemos en la UE es si estamos dispuestos a hacer todo lo necesario para salvarla. Recurro a las mismas palabras que empleó Mario Draghi en 2012 para garantizar la supervivencia de la moneda única (“whatever it takes”) y que entonces tuvieron, con su sola pronunciación, un efecto balsámico.

Soy de quienes piensan que, en efecto, hemos de hacer todo lo necesario y hemos de hacerlo ya. Porque el riesgo de Bréxit duro aumenta, porque las políticas de Johnson, Trump o Bolsonaro —por no añadir más nombres— acrecientan la incertidumbre, porque la presión competidora de China es cada vez más atosigante. Hay una presión global disgregadora.

Existen cuestiones que sólo Europa puede liderar. La política migratoria, por ejemplo, o la lucha contra el calentamiento global. He citado dos de los principales desafíos mundiales. Pues bien, ni Estados Unidos, ni Rusia, ni China, ni otras potencias emergentes se encuentran en situación de darles las respuestas adecuadas, bien porque se juegan su desarrollo a corto plazo o bien porque sus líderes no comparten la sensatez ni siquiera la mínima necesaria (aludo, claro, a Trump o Bolsonaro).

Ambos retos inciden directamente sobre España. En el caso de la transición ecológica, con una repercusión especial sobre Asturias, donde se concentran algunas de las industrias con mayor consumo energético (electro intensivas). Defiendo que la UE se sitúe en primera línea en el cumplimiento del Acuerdo de París, pero reclamo que lo haga de tal forma que no ponga en peligro su base industrial: es necesario un ajuste en frontera, un arancel ambiental que impida que la industria comunitaria se vea penalizada ante la competencia de terceros países. Si la industria europea está sometida a unas exigencias ambientales que incrementan sus costes, no la dejemos desguarnecida frente a las importaciones procedentes de Estados no comprometidos en la lucha contra el calentamiento.

La construcción de la UE es, más que una necesidad, una urgencia. Pero ha de hacerse preservando los principios básicos de ese gran proyecto que nació sobre la comunidad del carbón y del acero. Europa significa libertad, democracia, derechos civiles y, no lo olvidemos, derechos sociales. El Estado de bienestar es una creación europea que debemos fortalecer, no debilitar. En ese objetivo, la protección del tejido industrial es imprescindible. Como lo es también poner en marcha ya una ambiciosa política fiscal ante el riesgo de otra recesión. No sometamos a Europa a una nueva crisis.

La Europa de las oportunidades

Fernando López Miras-Presidente de la Región de Murcia

La actual composición del Parlamento Europeo, tras las elecciones celebradas el pasado mes de mayo, refleja una nueva realidad política que ha de ser tenida muy en cuenta para definir qué Europa queremos construir en un futuro. A la creciente fragmentación ideológica se suman nuevas voces que ponen en cuestión el proyecto común europeo, tras el gran impacto que ha supuesto a todos los niveles el Brexit y sus posibles consecuencias.

En la Unión Europea tenemos una gran oportunidad para seguir avanzado juntos, aplicando la herramienta que mejores frutos ha dado desde la firma en 1957 del Tratado de Roma, como es la búsqueda de acuerdos y de consenso en las grandes decisiones que afectan al conjunto de los ciudadanos europeos.
En la Región de Murcia conocemos bien el valor del consenso, no en vano, acabamos de acordar entre las principales fuerza políticas regionales la reforma de nuestro Estatuto de Autonomía, del mismo modo que impulsamos también acuerdos sectoriales tan importantes como el Pacto contra la Violencia de Género, que, sin embargo, no contó con el respaldo de los partidos de izquierdas, o el Pacto Regional del Agua.

Precisamente, la del agua es una cuestión fundamental para el presente y futuro de nuestra Región que requiere de un pacto de estado para su definitiva solución, pero en el que la Unión Europea está llamada a desempeñar un papel decisivogarantizando la continuidad de una infraestructura tan vital para el Sureste español como es el trasvase Tajo-Segura, por lo que supone como instrumento de solidaridad interterritorial además de por su contribución a la lucha contra la desertificación y el cambio climático.

Pero, sin duda, el mayor de los retos futuros para la Región de Murcia en lo que a Europa se refiere es la mejora de la Política Agraria Común (PAC), como un elemento esencial para el presente y futuro de nuestras poblaciones rurales y de nuestras explotaciones agrarias,pues de la PAC dependen el 80 por ciento de los fondos que reciben nuestros agricultores.

Aunque sean casi 2.000 kilómetros los que separan Murcia del corazón de Europa, nuestra comunidad autónoma fue una de las primerasen contar conuna sede permanente en Bruselas;una sede que este año ha celebrado sus treinta años de actividad con nuevas instalaciones de más capacidad, conscientes de que en el seno de la Unión Europea se deciden políticas importantes y partidas presupuestarias fundamentales para nuestra Región.

Entre ellas, los fondos que han permitido atender a miles demujeres víctimas de violencia de género, el 60 por ciento de las cuales encontró un empleo gracias a nuestro programa de inserción laboral, que fue galardonado con el Premio RegioStars que concede la Unión Europea.

Y también los 1.350 millones de fondos comunitarios para el periodo 2014-2020, con los que se han construido autovías, se han llevado a cabo actuaciones en el medio rural y la modernización de regadíos, se han activado planes para un sector tan estratégico para nuestra Región como el turístico, se han concedido ayudas a las pymes y promovido acciones de impulso a la internacionalización.

Como queda demostrado, es mucho lo que Europa ha contribuido, con el esfuerzo de todos, a forjar esta Región de Murcia trabajadora y con vocación de futuro que lucha paraseguir sumando nuevos logros, y que tiene en la Unión Europea el mayor y mejor espacio de oportunidades para conseguirlo.

Política exterior única

Augusto Hidalgo-Alcalde de Las Palmas de Gran Canaria

Es evidente que la Unión Europea comienza una nueva Legislatura con un elemento distorsionador de la realidad europea, que es el Brexit, por tanto el primer elemento que va a tener que dilucidar es cómo afrontamos la posibilidad incluso de un Brexit duro y que esto no afecte a la economía de la Unión, ni al comercio internacional. De hecho, una de las apuestas determinantes por parte de la Unión Europea debe ser volver a ocupar el espacio en el comercio internacional que íbamos teniendo en los últimos casi cien años. Creo que han tenido un movimiento inteligente, que es el acuerdo con Mercosur, con Latinoamérica, que ha ampliado las fronteras de la Unión Europea desde el punto de vista comercial. Bajo mi punto de vista, ese debe ser el camino que, por otra parte, es el contrario al que se está llevando a cabo con el Brexit, aunque no sea por culpa de la Unión Europea, sino del Gobierno británico.
Por otro lado, la Unión Europea se enfrenta a una realidad que debe despejar ya y es cómo afrontar las situaciones de crisis económicas. El Banco Central Europeo, de la mano de Draghi, que por cierto deja esa responsabilidad en la que le sustituye Lagarde, ha hecho una apuesta decidida por mantener la compra de bonos e intentar mantener los tipos bajos mientras salíamos de una situación económica dura. Hoy estamos en una situación mucho mejor después de la crisis, pero empieza a haber síntomas de cansancio económico y las medidas que ha tomando Draghi del Banco Central Europeo tienen que estar acompañadas de una política expansiva por parte de los países de la Unión, fundamentalmente de Alemania. Esto sin embargo no se hace, por tanto no se acompañan las políticas de los Estados, no hay unanimidad en este sentido, no hay una confluencia de posiciones con respecto a lo que sí está haciendo el Banco Central Europeo.

Y por último, el elemento determinante, sobrevenido, pero que es real y que no podemos obviar, la inmigración. La Unión Europea necesita inmigrantes. Es un continente que está envejeciendo, necesita traer mano de obra trabajadora, pero al mismo tiempo, siempre ha sido un adalid del acogimiento y que aquellas personas que estaban pasándolo mal en sus países o estaban perseguidos en sus países de procedencia fueran acogidos. Hoy desgraciadamente hay dos posiciones antagónica que están provocando un bloqueo y una situación lamentable en el Mediterráneo como consecuencia de las situaciones generadas por la Primavera Árabe. Esto también tiene que solventarse. Debemos tener una política exterior única. Eso no se ha conseguido en los últimos años y estamos dando un espectáculo lamentable a nivel internacional. Eso son los mayores retos que tiene la Unión Europea.

Desarrollo urbano sostenible

Pablo Hermoso de Mendoza-Alcalde de Logroño

Tras las elecciones europeas del 26 de mayo podemos afirmar que Europa sigue siendo memoria, como diría Steiner, aunque quizá diluida y con algunas amnesias preocupantes. El siglo XX va quedando cada vez más lejos y surgen atisbos de nuevos nacionalismos y algunos fenómenos disgregadores. Pese a todo, la socialdemocracia, la democracia cristiana, conservadores y liberales con el añadido de una conciencia clara de la necesidad de luchar contra el cambio climático y la obligación de seguir por la senda de la igualdad (40% de europarlamentarias) son elementos centrales en esta configuración y diálogo complejo para un sueño de paz y libertad que continua avanzando y creciendo.

En este marco deseo que Europa se siga acordando de sus ciudades, también de las ciudades medias como Logroño, nodos de creación, espacios de libertad y convivencia y núcleos de una buena vida. Es preciso que apoye sus esfuerzos por un desarrollo urbano sostenible que ponga en primer lugar al peatón y sus necesidades y nos ayude a ejecutar una transición ecológica que haga de nuestras ciudades espacios de convivencia cada vez más limpios, menos contaminados, menos ruidosos, más verdes y más sanos.

La sociedad española ha avanzado de forma rápida en estos 40 años de democracia, alcanzando altos niveles de bienestar y progreso. Buena parte de ello es debido a nuestro deseo y nuestro sentir europeo. En las ciudades europeas se vertebran los nuevos desafíos vinculados a la nanotecnología, la biotecnología, la inteligencia artificial, las ciencias de la conducta, los nuevos descubrimientos y avances. Nuestras universidades y centros tecnológicos son espacios de creación y de crecimiento. Conectémoslos.

Actuación conjunta

Enrique Maya-Alcalde de Pamplona

Leo en la página web de la Unión Europea que entre sus valores están la defensa de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el estado de derecho y los derechos humanos. Y que entre sus objetivos figuran promover el bienestar de sus ciudadanos; ofrecer seguridad sin fronteras interiores, favorecer una economía de mercado competitiva con pleno empleo, proteger el medio ambiente y combatir la exclusión social y la discriminación.
¿Qué espero de esta nueva etapa de la Unión Europea? Que cumpla sus objetivos y defienda sus valores. Nada más y nada menos.

Porque en el horizonte se avecinan retos que van a poner a prueba el futuro y la solidez de la Unión Europea. El Bréxit, en primer lugar, todavía reversible y de incalculables consecuencias económicas para los países miembros y, aún más, para el Reino Unido. Necesitamos un euro fuerte para crear riqueza y empleo y ser competitivos.

Y también otros no menos importantes, y que tienen mucho que ver con esos valores citados al comienzo de este artículo. Por ejemplo, la crisis de los refugiados que en mayor o menor medida nos afecta a todos los países de la UE. Es necesaria una actuación conjunta, y no que cada país actúe en función de intereses políticos o populismos, como viene ocurriendo recientemente.
O el medio ambiente. Es imprescindible tomar medidas ambiciosas para reducir los gases del efecto invernadero y reducir los efectos del cambio climático. Y, de nuevo, es necesaria la unión de todos para que las medidas que se adopten sean efectivas.

Y muchos otros, entre los que destaco la alta velocidad ferroviaria o el reto digital, en el que Europa se está quedando atrás en comparación con otras potencias mundiales como estados Unidos, China o Japón.

En definitiva, lo que espero de la UE es unidad de acción en los asuntos que nos afectan a todos –que son la inmensa mayoría– y que recupere el liderazgo mundial que ha perdido en los últimos años.

Conformar una alternativa al capitalismo

Miguel Anxo Fernández Lores-Alcalde de Pontevedra

Construir la Europa de los Pueblos, de la cohesión real, de la igualdad y de la justicia social, es el gran reto que Europa debería asumir para dar cabida y respuesta a la realidad plurinacional de los estados que la conforman. El Europarlamento resultante de las pasadas elecciones del 26-M es el reflejo de las debilidades de un enfoque político demasiado supeditado a los intereses del capitalismo financiero y de las multinacionales.

La gran pregunta es, por tanto, si la UE puede dar solución a estos retos que los pueblos que conforman Europa plantean.

Como representante público plenamente comprometido con la defensa de los derechos universales y la mejora de la calidad de vida de las personas, fundamentalmente de las denominadas clases populares, considero necesario conformar una alternativa internacional al capitalismo y a la globalización, de los que la UE es una pata fundamental, y que en la fase actual se traduce en un imperialismo que pone en peligro a millones de personas y la propia supervivencia del planeta.

No debemos olvidar que, tras la crisis financiera iniciada hace diez años, la UE fue la principal impulsora de la aplicación de recortes en sus estados miembros, con el consiguiente deterioro de derechos y conquistas para las mayorías sociales, rescatando economías quebradas por la burbuja financiera y manteniendo los privilegios para el capital. La UE se manifestó claramente como el instrumento de las grandes potencias y del gran capital europeo, subordinado el bienestar social al mercado. En este contexto, asistimos en 2016 al referéndum sobre el Brexit, que reabre el debate sobre el funcionamiento de la Europa comunitaria. A esta situación ha de añadirse la política de defensa, a través de la OTAN, ligada a la política belicista de los EUA en los principales conflictos militares de las últimas décadas, causa de los actuales movimientos de refugiados sin precedentes, y para los que la UE renuncia a tener soluciones solventes.

En mi contexto más próximo, el contexto nacional gallego, las políticas de la UE nos están abocando a ser, cada vez más, una nación periférica y dependiente. Tratados como Maastricht, el Tratado Constitucional, la directiva Bolkestein, el CETA, el TTIP, han afectado muy negativamente a nuestros sectores productivos: agrario, pesquero y naval.

En este sentido, la posición ante la UE debe pasar por demandar políticas más respetuosas con las economías nacionales auto centradas, con políticas fiscales que permitan corregir desequilibrios internos y externos, orientadas a fomentar la producción, la inversión, el empleo y el crecimiento. En definitiva, políticas orientadas a paliar las desigualdades entre estados y dentro de cada estado, que permitan un modelo social avanzado, que garantice el control público de nuestros recursos y sectores estratégicos, que respete los derechos laborales, y que impulse un desarrollo socio-económico no dependiente, sostenible y justo. Pero, ¿realmente la UE puede dar respuesta a estas necesidades tal y como está concebida?

Una Europa unida

Emma Buj Alcaldesa de Teruel

La revista ‘El Siglo’ cumple ya 28 años y desde aquí me gustaría felicitar a quienes la hacen posible animándoles a seguir trabajando en la misma línea, así como a los lectores cuya complicidad resulta imprescindible para cualquier publicación.

En cuanto al tema que nos ocupa, en esta nueva etapa que ahora comienza en la Unión Europea, quiero manifestar en primer lugar mi total apuesta por una Europa unida y mi convencimiento personal de que todos los europeos estamos mejor amparados por ese ente que surgió con fines comerciales y que ha ido evolucionando con el tiempo en muchas otras cuestiones igual de importantes.
Nos encontramos ante un escenario desconocido. Es la primera vez que un miembro de la Unión Europea manifiesta su intención de salirse, y por tanto no podremos valorar las consecuencias reales de esta decisión hasta que no se produzca la salida efectiva del Reino Unido. Más allá de este escenario de incertidumbre, es cierto que la Unión Europea tiene una importancia para todos los países miembros seguramente muy superior a la que los propios ciudadanos perciben.

Es muy habitual que cuando una norma no es del agrado de los europeos, el país que la tiene que aplicar se encargue de hacerles saber que se trata de una directiva europea, sin embargo, cuando se realizan mejoras gracias a fondos europeos, los ciudadanos tienden a pensar que se trata de logros de alguna administración local.

En el caso de Teruel, desde principios de este siglo los ciudadanos nos venimos beneficiando de fondos europeos, primero con el plan URBAN que mejoró notablemente el urbanismo en el casco antiguo de la ciudad, modernizando la capital, después con el programa LIFE+ de recuperación de un área natural arcillosa que se ha convertido en un gran parque periurbano que disfrutan cientos de vecinos a diario, y en estos momentos estamos trabajando en una Estrategia de Desarrollo Urbano Sostenible e Integrado (EDUSI) financiada con fondos FEDER al 50% con la que se van a llevar a cabo diversas actuaciones muy demandadas por los ciudadanos y que nos sitúan en la senda del cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la agenda 2030 de la ONU.

En definitiva, creo sinceramente que la Unión Europea es muy positiva para los estados miembros y que, frente a los euroescépticos, es labor de todos contribuir en la difusión de los efectos beneficiosos de mantenernos unidos, colaborando y yendo de la mano para que todos y cada uno de los países prosperen en el marco de un ente unido que sepa hacer frente a los retos que ya están aquí y a los que nos marcará el futuro.

 

El municipalismo ante los retos de Europa

Joan Ribó-Alcalde de Valencia

La Unión Europea avanza en la incertidumbre. La esperanza europea que antaño atrajo a gobiernos y ciudadanía en pos de derechos sociales, estabilidad económica y calidad democrática, ahora está cuestionada por su capacidad de dar respuesta a los nuevos retos, unos sobrevenidos y otros latentes que resurgen de viejas heridas sin curar. La fractura social y política actual da cuenta de que Europa no es una barra libre y que está pasando por un examen decisivo para asentar definitivamente sus cimientos.

El Brexit parece ser últimamente el principal problema, y ciertamente es un gran dolor de cabeza también para Valencia, que tiene en el Reino Unido uno de sus mercados preferentes. Ahora bien, el Brexit no deja de ser un coste más de las “crisis” que atraviesa la Unión Europea. Aunque ya no se hable tanto, el resto de problemas que afectan a los europeos se mantienen, e incluso se agravan: desde el auge de la extremaderecha, hasta la corrupción, el desmantelamiento de los servicios sociales, la pobreza infantil, los desahucios, el paro, el agotamiento del modelo energético actual, el drama humanitario de los refugiados, etc. Es en la medida en que las instituciones comunitarias articulen una respuesta a esta crisis social, democrática y medioambiental, cuando podremos calibrar la fuerza y la consolidación del proyecto europeo.

La agenda política que debe preocupar y ocupara los países miembros es la que asegure el futuro a nuestros hijos e hijas, basada en la solidaridad, la sostenibilidad y la justicia social. Una agenda innovadora y valiente centrada en las personas y en el planeta que son los desafíos globales a los que se enfrenta la humanidad y a los que la Unión Europea no puede ser ajena. Es el momento de impulsar políticas que mejoren los servicios sociales públicos, la sanidad, la educación. Es hora de activar la transición ecológica de la economía, implantando un sistema circular, fomentando la transferencia de conocimientos y creando empleo de calidad. Se deben poner en marcha actuaciones firmes para preservar nuestros recursos naturales y atender la emergencia climática. Promover ciudades sostenibles, amables y accesibles. Es una responsabilidad compartida construir una Europa abierta, acogedora; una Europa de oportunidades para los jóvenes, de equiparación de derechos y de igualdad. Lograr un modelo social justo para toda la Unión, atendiendo el reconocimiento de la plena capacidad de decisión política de los territorios que la componen.
Son urgencias que deben atender de manera prioritaria las instituciones comunitarias. Y para su divulgación es importante contar con publicaciones como El Siglo de Europa que cumple 28 años informando sobre los principales acontecimientos de la actualidad. Felicidades por este aniversario.

La Unión Europea y las ciudades

 Óscar Puente-Alcalde de Valladolid

Es sabido que son múltiples, y de muy variada naturaleza, los retos a los que se enfrenta la Unión Europea. Esos desafíos, hay que reconocerlo, son de enjundia; entre ellos, y por citar tan solo algunos de los que están en candelero, figuran las consecuencias que acarreara la salida, sea esta más o menos abrupta, de Gran Bretaña de la UE; los efectos que pueden tener las propuestas de grupos eurófobos, euroescépticos y populistas; la gestión de los flujos migratorios que llegan a los países europeos; y las respuestas a los crecientes problemas medioambientales. No se trata de asuntos baladíes. Y de cómo se resuelvan dependerá, en buena medida, que la Unión Europea se vea fortalecida o, por contrario, se suma, aún más, en la crisis en la que actualmente se encuentra.

A la hora de responder a la cuestión de qué espero en esta nueva etapa de la Unión Europea quiero incidir, como alcalde que soy, en el papel que las ciudades han de jugar en el ámbito de la Unión. No hemos de olvidar que en torno al 70% de los ciudadanos de la UE viven en zonas urbanas, en las que se genera más del 85% del PIB de la misma.

Y, este sentido, quiero sumar mi voz a los líderes regionales y municipales que, en marzo de este año, suscribieron la Declaración de Bucarest, en la que se reclama a la Unión Europea un nuevo reparto en la toma de decisiones, en la cual los gobiernos locales tengan más voz. Y eso debe ser así, por cuanto, como se expresa en la mencionada Declaración, “las ciudades y regiones de la UE y sus representantes ofrecen proximidad, confianza y estabilidad a la Unión en un momento en el que las divergencias y los antagonismos van en aumento. Esta estabilidad es esencial a la hora de seguir construyendo un futuro europeo común para la próxima generación”. En la creencia de que una mayor descentralización resulta positiva, considero que los gobiernos locales deben participar, activamente, en la gobernanza europea a distintos niveles, lo que resulta esencial para que la UE pueda alcanzar los objetivos que conduzcan a mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

Valga como paradigma, en esa necesaria implicación de los gobiernos locales en las políticas de la UE, lo que debe constituir un propósito esencial de la Unión, cual es la implementación de las medidas necesarias encaminadas a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), en la que, ineludiblemente, las ciudades han de desempeñar un papel fundamental para avanzar en ese camino que ha de conducir hacia una Europa sostenible. No en vano, como recoge la FEMP en su documento Compromiso 2030, “todos los ODS tienen metas directa o indirectamente relacionados con el trabajo diario de los gobiernos locales”. En consecuencia, y valga como muestra el ejemplo antedicho, resulta imprescindible la colaboración de la UE con los distintos niveles del gobierno, también con el local.

Esa mutua colaboración entre la UE y las ciudades solo puede redundar en beneficios para la ciudadanía europea.

Más Europa, más progreso

Jorge Azcón-Alcalde de Zaragoza

No cabe duda alguna que la Unión Europea afronta una legislatura especialmente tensa y problemática. El desafío del Brexit y las incertidumbres que genera, ya no sólo por las consecuencias de su realidad, sino también por la misma gestión política y administrativa que exige, suponen un reto extraordinario que pone a prueba como nunca antes los cimientos de la construcción europea. No obstante, a pesar de los riesgos y las graves complicaciones que acarrea, personalmente soy optimista y confío en la capacidad de las instituciones comunitarias para encontrar las fórmulas adecuadas que protejan los derechos de los ciudadanos europeos en este difícil trance.

Porque a pesar de las dificultades, lo cierto es que la Unión Europea sigue siendo un baluarte insustituible a la hora de garantizar el avance de sus estados miembros. Desde España sabemos por experiencia que más Europa es más progreso. Aunque el panorama sociopolítico global sea ahora más complejo que hace una década, y que al calor de la crisis económica hayan crecido los populismos antieuropeístas, es gracias a las instituciones de la Unión Europea que seguimos dando pasos adelante en la mejora de numerosos aspectos que nos afectan en nuestro día a día.

Basta con recordar el papel que ha jugado en la pasada legislatura el Parlamento Europeo en materias como los tratados comerciales, la lucha contra el cambio climático, el progreso en la igualdad entre hombres y mujeres, la mejora de las comunicaciones al poner fin al ‘roaming’, la eliminación del llamado bloqueo geográfico al comercio on line o las nuevas normas para proteger la propiedad intelectual de los generadores de contenidos.
Para esta legislatura que acaba de comenzar sigue habiendo retos importantes. El primero, por supuesto, manejar con el mayor acierto posible el Brexit. Y la verdad es que la política inglesa no está ayudando precisamente. Pero hay otras cuestiones que conviene no perder de vista, como conseguir un acuerdo financiero que permita mantener las partidas adecuadas para la PAC, el reforzamiento de la seguridad común, los fondos de apoyo regionales, o la potenciación de programas clave como el Erasmus o los que dan soporte a la investigación.

Pero para todo ello, y especialmente para cuestiones como las políticas de asilo o la transformación del mecanismo europeo de estabilidad (MEDE) en un fondo monetario europeo con mayores responsabilidades y competencias, es imprescindible que los europeístas hagamos un especial esfuerzo en mantener la unidad en la construcción de la Unión Europea en estos momentos de crisis y amenazas.

Instituciones más fuertes y eficaces

Rafael Sánchez Acera-Alcalde de Alcobendas

Este 2019 hemos vivido unas elecciones tan trascendentales como las europeas, en las que la ciudadanía ha pedido consenso, entendimiento y diálogo. Comienza una etapa en la Unión Europea marcada por las nuevas formas de gobernabilidad. En los próximos cinco años, la UE debe enfrentarse a grandes retos sociales y abordar decisiones en materia económica, migratoria o de sostenibilidad. Decisiones que también tienen calado en el ámbito municipal. Las leyes que son aprobadas por el Grupo de los 28 tienen mucha influencia en los municipios y, por lo tanto, en el futuro de ciudades como Alcobendas. Por eso, la UE debe adaptarse a los nuevos tiempos y a las demandas de la ciudadanía, para asegurar el progreso y hacernos prosperar.

Para este nuevo mandato será imprescindible abordar temas sumamente importantes para cualquier municipio, como el desarrollo urbano sostenible, la eficiencia energética en la administración pública o los cambios y mejoras relacionados con la innovación tecnológica. Por ello, pido una Europa que avance entre todos y que articule políticas que nos permitan caminar por la senda del crecimiento y del bienestar.

Hay otras cuestiones a las que la UE tendrá que mirar de frente y posicionarse como un ejemplo de deber moral. Hablo de articular políticas migratorias y de asilo, que pongan fin a la crisis de los refugiados. Europa es más necesaria que nunca, pero debe impulsar la defensa de los derechos sociales y adecuar la política de defensa para hacer frente a la amenaza terrorista. Europa tiene que ser más democrática y más social, dar una respuesta a la falta de trabajo, impulsar un seguro de desempleo o armonizar los salarios. Otro papel importante que jugará será el impulso de la natalidad. Hacen falta políticas en las que la juventud se sienta partícipe y reine la igualdad de oportunidades.
Estos próximos cinco años espero que el progreso nos haga avanzar. Europa no puede seguir funcionando como hasta ahora y para ello necesita instituciones más fuertes, democráticas y eficaces, además de reforzar el sentimiento de unidad. Los europeos debemos remar en la misma dirección, para seguir construyendo una Europa cohesionada, que siga defendiendo nuestros intereses en el mundo. En este sentido, la UE tiene el gran reto de eliminar las desigualdades producidas por la crisis económica entre los países que la integramos y asegurar la convergencia entre las economías.

La UE es garante de paz y libertad y la ciudadanía debe también protegerla. Un país de forma individual no puede defender los intereses de las personas, ni influir en decisiones globales, de ahí la importancia de cuidar la unidad para que seamos una potencia global, para que seamos una UE abierta, libre y solidaria.

 

El papel de las ciudades  

Ana González-Alcaldesa de Gijón

Tras las pasadas elecciones al Parlamento Europeo del 26 de Mayo, Europa debe hacer frente a un momento histórico con grandes retos globales en su agenda que demandan una respuesta por parte de la ciudadanía europea. En este sentido, cada vez son más los europeos y europeas que reclaman medidas para hacer frente a la crisis climática que cada día está más presente; al proceso de digitalización imparable en el que nos encontramos inmersos; a la gestión de un Bréxit, de consecuencias imprevisibles no sólo para Gran Bretaña, sino también para la propia Unión Europea; a la constante llegada a nuestras costas de refugiados y emigrantes;…. Por tanto, el nuevo marco institucional europeo que se constituya este otoño tiene por delante unos desafíos apasionantes con un claro impacto en la ciudadanía, además de consolidar el propio proyecto europeo amenazado por un euroescepticismo rampante.

La resolución de estos problemas de forma satisfactoria pasa por una mayor implicación europea, pero no sólo de la Europa de los Estados, es necesaria una mayor presencia de la Europa de las ciudades en los procesos de toma de decisiones. A lo largo de la historia hemos visto que los grandes éxitos europeos se han producido cuando ha existido una mayor implicación de la ciudadanía europea. Como Alcaldesa deseo que las ciudades europeas, y no sólo las grandes ciudades, sino también las de tamaño medio, tengan una mayor implicación en la gestión de esos retos globales. Sin las ciudades la construcción europea será imperfecta.

Como hemos adelantado, el momento es crucial, este otoño no sólo se diseñará el nuevo marco institucional, sino también se aprobará el presupuesto europeo para el período 2021-2027. Las ciudades tenemos depositadas nuestras esperanzas en que el nuevo marco presupuestario con sus recursos nos permita contribuir al desarrollo y fortalecimiento de Europa y a la gestión de sus retos, haciendo que nuestras ciudades se conviertan en hubs de innovación, sean más diversas, más igualitarias luchando contra las desigualdades sociales, más sostenibles ofreciéndonos posibilidades para mitigar el cambio climático… en suma, que podamos llevar a cabo políticas que faciliten la vida de nuestros ciudadanos. De esta forma, Europa habrá cumplido uno de sus principales objetivos, lograr la cohesión económica, social y territorial y así una sociedad más justa y solidaria.

Europa como forma de construir un futuro común

Ramón Jurado-Alcalde de Parla

Sólo desde Europa podremos seguir haciendo frente a los retos del futuro como la globalización, el cambio climático, la lucha contra el terrorismo o el desafío tecnológico. Alguien podría considerar exagerada esta afirmación procediendo de un humilde alcalde, como soy yo… Pero la realidad es que el futuro de mi ciudad depende en buena medida de las políticas comunes que el Europarlamento sea capaz de impulsar, en materia presupuestaria, de empleo, de políticas sociales, Cultura…

En el contexto actual, frente al auge de la extrema derecha y de partidos xenófobos, populistas y claramente euroescépticos que abogan por volver a los nacionalismos, necesitamos más que nunca a una Europa solidaria donde no se permita una competencia fiscal desleal entre los Estados miembros. Una Europa fuerte, unida y con mayor peso e influencia internacional.

Soy consciente de que en esa línea trabaja mi partido, porque está en nuestro ADN trabajar para que la sociedad española avance hacia un futuro mejor. Y tengo claro que los eurodiputados socialistas se vuelcan para que cuestiones como la lucha contra el cambio climático o la digitalización se conviertan en oportunidades para promover el desarrollo tecnológico y el empleo en todo nuestro continente; que afrontan el reto de la inmigración desde un prisma solidario; que trasladan a Bruselas las necesidades y problemáticas que más afectan a cada territorio para poder abordarlas desde una perspectiva global… Así es y así debe seguir siendo.

Avanzar hacia una Europa más social, bajo cuyo paraguas nos situemos todos y todas, requiere no dejarse intoxicar por aquellas voces que solo buscan la división y la insolidaridad para satisfacer espurios intereses. Ni un paso atrás frente a quienes simulan luchar por el bien común cuando su fin es más bien imponer su pensamiento autoritario y reducir la UE a poco más que un órgano supervisor de fronteras.

Para ello es preciso volcar todos los esfuerzos en renovar la confianza de la ciudadanía en la Unión Europea como proyecto común que puede protegernos mejor y crear más oportunidades de progreso justo y duradero. Eso espero y en eso trabajo junto con todos mis compañeros y compañeras: en que mis vecinos y vecinas sientan la Unión Europea como suya, como pilar de unión y progreso, como la única forma posible de construir, de verdad, un futuro común”.

 

Los derechos humanos como eje vertebrador

Abel Caballero-Alcalde de Vigo

La construcción de la Unión Europea es un proceso permanente, dinámico, que ha afrontado y superado continuos desafíos desde el momento de su gestación. Es un proyecto de éxito común que, sin embargo, hoy, y pese a los innegables frutos que nos ha proporcionado, se enfrenta a tiempos convulsos, a amenazas disfrazadas de las más extravagantes y contradictoras vestimentas.

A quienes sienten la tentación de siquiera prestar los oídos -no digamos seguirá las voces destructoras de un proyecto de éxito compartido, habría que recordarles que la UE es hoy un formidable territorio en donde florece el derecho y las libertades públicas, un espacio de dinamismo económico, de solidaridad, de fraternidad y colaboración entre naciones, un inagotable motor cultural… Un territorio de justicia y paz. De dignidad. Y de oportunidades.

Por eso frente a quienes proclaman menos Europa y más Estado, nosotros, desde Vigo, les contestamos: queremos más y mejor Europa. Porque Europa es la casa de todos, el hogar que da cobijo a una infinita diversidad de lenguas, religiones, costumbres o tradiciones.

La única manera de que España decida qué ocurre más allá de sus fronteras es a través de la UE. Tener voz en Europa significa tener voz en el mundo y no podemos permitir que España, ahora que ha recuperado el prestigio internacional, se quede por debajo de sus capacidades. Las mujeres y hombres de izquierdas, desde una socialdemocracia integradora, moderada y moderna, podemos dar un nuevo impulso a la Unión Europea. Y vamos a hacerlo.

Me preguntan qué le pido a Europa para que la sociedad española avance hacia un futuro mejor. En primer lugar, que el proyecto europeo garantice que los derechos humanos sean el eje vertebrador de su acción. Para ello, debemos asegurar la reducción de las desigualdades, la precariedad y la pobreza, que se han agravado durante los últimos diez años. Junto a Europa vamos a reclamar el establecimiento de un Salario Mínimo Interprofesional Europeo, un Seguro Europeo de Desempleo y la consolidación efectiva del Pilar Social de la UE.

Ligado a esta búsqueda de igualdad, considero esencial que la UE desarrolle una Estrategia de Igualdad de Género con carácter vinculante, para combatir la brecha de género y la mayor tasa de desempleo y precariedad que aún sufre la mujer.

Otro gran desafío es el deterioro climático, un proceso que los responsables públicos y el conjunto de ciudadanos tenemos que combatir. La lucha contra este problema, que suelen negar esos mismos líderes políticos que juegan a enarbolar banderas y a dividir pueblos y naciones, es una prioridad. Pero estamos convencidos de que con el liderazgo de la UE podremos conseguir resultados más ambiciosos. En esta dirección, una de las principales acciones previstas es la creación de un Green New Deal en la UE, dotado de los recursos presupuestarios y técnicos, con capacidad para incrementar el empleo de calidad asociado a la transición ecológica.

Aunque el catálogo de asuntos es imposible de abarcar en un espacio limitado, no puedo dejar de referirme a la política migratoria, que es una asignatura pendiente de la UE, una verdadera tragedia que sigue cobrándose miles de vidas de personas que solo buscan un futuro mejor. Debemos promover ya una política europea de inmigración justa, legal, segura y solidaria, que respete los derechos fundamentales y garantice las libertades y principios de la UE.

Por último, me gustaría confesar la firme convicción de que nuestro gobierno trabajará para que la salida del Reino Unido de la UE no suponga un menoscabo de los derechos sociales de los españoles en el Reino Unido y, por supuesto, también de los británicos en España.

En estos tiempos de turbulencias y resucitados fantasmas antieuropeístas, nosotros seguiremos construyendo una Unión Europea más fuerte, unida y justa. Más generosa y solidaria. Una Europa de todos.

La Unión, más necesaria que nunca

Luis Partida-Alcalde de Villanueva de la Cañada

Recuerdo la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea en 1986 como un momento muy especial. Entonces yo ya era alcalde de mi pueblo, Villanueva de la Cañada, y sentí que estaba siendo testigo, como miles de españoles, de un hecho histórico. Nos ayudó a consolidar nuestra Democracia, nos hizo más demócratas y sobre todo nos hizo mejorar en ámbitos como el de las comunicaciones o las infraestructuras. En definitiva, nos ayudó a modernizarnos. Entonces, como ahora, pertenecer a la que después pasaría a ser la Unión Europea fue clave para el desarrollo de nuestro país, del mismo modo que supuso un antes y un después para todos y cada uno de los estados miembros. Y es que ya lo decía Jean Monnet, considerado el arquitecto de la Europa comunitaria y, por cierto, todo un visionario: “Los países de Europa son demasiado pequeños para asegurar a sus pueblos la prosperidad y los avances sociales indispensables”.

La Unión Europea ha trasmitido, durante décadas, un mensaje de unidad que nos ha hecho más fuertes en la escena internacional y ha sido en gran medida por el liderazgo de quienes estaban al frente de sus instituciones. Las dificultades a las que se enfrenta hoy la UE tienen que ver precisamente con la falta de líderes que crean, como creyeron los padres de Europa y como todavía creemos muchos, que este proyecto común es lo mejor que nos ha pasado en siglos. Debemos inculcárselo a los más jóvenes y hacerles partícipes. No podemos ni debemos desaprovechar su talento pues de ellos dependerá el futuro.

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