Emergencia climática y la falta de respuestas

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La Economía desde mi Observatorio / Carlos Berzosa.

El cambio climático que se está produciendo en el planeta es el resultado de la acción humana. A lo largo de la historia de la Tierra, según señalan los científicos, han tenido lugar cambios climáticos importantes, pero la diferencia con el pasado es que ahora se produce por la acción del hombre, hecho que se encuentra suficientemente probado. Las consecuencias de este cambio están dando lugar a efectos catastróficos que aumentarán sin duda en el futuro si no se ponen remedios para ello.

Los hechos empiezan a ser tan evidentes que cuestionan las posiciones de los negacionistas, aunque por desgracia éstos siguen existiendo aún y, lo que es más grave, ocupando puestos de alta responsabilidad como es el caso del presidente de los Estados Unidos. Otra parte de la sociedad, aun sin caer en el negacionismo, permanece impasible y, en bastantes casos, no soóo no se compromete en la lucha para evitar las consecuencias negativas que de ello se deriva, sino que se opone a las medidas tímidas que se toman para paliar los efectos más nocivos para la salud y supervivencia.

A pesar de las resistencias del negacionismo, la toma de conciencia sobre el cambio climático va en aumento, y lo que resulta más destacable es la implicación de los jóvenes espoleados por la activista sueca Greta Thunberg

A pesar de estas resistencias la toma de conciencia sobre esta problemática va en aumento y lo que resulta más destacable es la implicación de los jóvenes espoleados por la activista sueca Greta Thunberg. Es admirable lo que esta joven está haciendo y movilizando. En las multitudinarias manifestaciones que se han llevado a cabo a lo largo y ancho del planeta recientemente se observa esta creciente toma de conciencia a la vez que en muchas pancartas se responsabiliza a los líderes políticos de hacer muy poco ante la gravedad de la situación y por ello el lema: “Es la hora de actuar y no de discursos”.

El cambio climático y la degradación del medio ambiente no es un tema nuevo, sino que desde los años setenta del pasado siglo, fundamentalmente,aunque hay precedentes anteriores, se está advirtiendo de los peligros que se estaban originando. Lo que sucede es que hasta fechas bien recientes estas advertencias eran dadas por minoritarios académicos y activistas. También las Naciones Unidas en esta década comenzaron a preocuparse por estos temas con la celebración de la Cumbre sobre el Medio Ambiente Humano en Estocolmo en 1972. Desde entonces se han celebrado varias cumbres sobre el clima con resultados poco satisfactorios.

¿Por qué si hay dirigentes políticos conscientes del problema no se actúa? Y, ¿cómo es que se ha llegado hasta aquí? Las respuestas pueden ser diversas, pero a mi modo de ver todo ello se debe a que hace falta realizar un análisis del sistema económico en el que se desarrolla la actividad productiva y de consumo. Resulta erróneo culpar a las generaciones anteriores a la de los jóvenes actuales, siendo este el punto más débil en el discurso de Thunberg, de la catástrofe que se nos avecina. No cabe duda de que determinados comportamientos individuales empeoran las cosas, pero éstas no han sido la causante principal.

La acción del hombre a la que nos hemos referido con anterioridad no se hace en solitario, sino dentro de un conjunto de relaciones sociales que se caracterizan por el afán del lucro y ello significa que una de las esencias de su funcionamiento se sustenta en la necesidad de crecer y acumular, lo que supone estimular el consumo para dar salida a las muchas mercancías que se producen. El consumismo exagerado de las sociedades desarrolladas contrasta a su vez con la existencia del hambre y de la pobreza, de modo que millones de personas no pueden satisfacer las necesidades básicas.

En suma, los hombres y mujeres que habitamos este planeta somos piezas de unas estructuras económicas y frente a las cuales poco se puede hacer con acciones individuales. La única posibilidad de cambio es con acciones colectivas que rompan el fetichismo del crecimiento y que introduzcan reformas progresivas para modificar los comportamientos productivos y del consumo.


Catedrático Emérito de la Universidad Complutense  y presidente de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado(CEAR). Ha sido Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense(1984-1998) y Rector de esta Universidad(2003-2011). A lo largo de su carrera docente ha impartido enseñanzas de Estructura Económica Mundial y Desarrollo Económico. Tiene numerosas publicaciones entre las que destacan los libros Los desafíos de la economía mundial en el siglo XXI (Nivola,2002) y los escritos conjuntamente con José Luis Sampedro Conciencia del subdesarrollo veinticinco años después (Taurus, 1996) y La Inflación (Al alcance de los ministros) (Debate, 2012).

1 COMENTARIO

  1. Es realmente difícil imaginar posibles soluciones al desastre climático y medioambiental que padece nuestro planeta porque se nos antojan de una envergadura indescriptible. Como señala el profesor Berzosa, no parece existir otra alternativa posible que la adopción de formas diferentes de comportamiento en nuestros modelos de consumo. La pregunta que creo nos hacemos muchos es cómo alcanzar esos cambios de tal profundidad y si son posibles en el marco del sistema económico actual que no es otro que el capitalismo. No parece que la humanidad haya inventado algún otro diferente, además del socialismo, cuyo fracaso ha sido, al menos, tan evidente como el actual. Creo que los economistas, los políticos y todos los que queremos grandes transformaciones económicas, de consumo y de producción, tenemos una ardua y urgentisima tarea

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